FIRMA INVITADA: Ángel Aramburu, presidente de la Asociación Legado Expo

Primer plano de Ángel Aramburu, presidente de la asociación Legado Expo

Ángel Aramburu, presidente de la asociación Legado Expo

El año que viene se cumplirán 25 años de la celebración de un proyecto que cambió significativamente el devenir de nuestra comunidad autónoma. La Exposición Universal de Sevilla puede considerarse como el único gran evento de carácter local que ha sido capaz de articular grandes inversiones para una región tan grande como Andalucía. Así lo cree el presidente de la Asociación Legado EXPO, Ángel Aramburu, firma invitada de este mes en NOTICIAS ONCE Andalucía.

Cuando evocamos la famosa Expo 92 a todos se nos viene a la cabeza la cantidad de personas que desfilaron por Sevilla, los pabellones, la gastronomía, el ambiente festivo, los miles de espectáculos culturales que se celebraron,… Sin ir más lejos, uno de los mejores recuerdos que tengo es precisamente del Pabellón de la ONCE, donde conocí de primera mano cómo se desenvuelve una persona ciega en un entorno urbano o las dificultades urbanísticas para alguien que necesita de una silla de ruedas en sus desplazamientos. Y aún guardo con cariño unas cartulinas que me regalaron con alfabeto en braille.

Pero, más allá de todo esto, hubo otra Expo. Porque cuando se apagaron los focos la noche del 12 de octubre, pasamos página a un nuevo estadío: la revisión de la herencia. ¿Qué nos queda? Mucho. Por ejemplo, la de Sevilla fue la primera gran exposición que, en colaboración con la ONCE, suprimió cualquier posibilidad de barreras arquitectónicas. Podíamos atravesar el recinto de la Cartuja de norte a sur sin miedo a no poder acceder a algún espacio. Ese trabajo de concienciación sigue hoy día.

Además, la Expo sirvió para articular Andalucía a un ritmo sin precedentes. Comenzaron las obras de la A-92, se unió Madrid con Sevilla a través del AVE, de lo cual se benefició directamente Córdoba y, años más tarde, las ciudades de Málaga y Antequera. Se lanzó el “Plan Andalucía 5.000”, por el que se dotaban de 5.000 millones de pesetas (unos 30 millones de euros) a cada provincia andaluza para celebrar un evento importante durante el 92.

Y, cómo no, a nivel local la Exposición Universal supuso una total revolución. Casi diez nuevos puentes sobre el río Guadalquivir, la ronda de circunvalación SE-30, la nueva terminal del aeropuerto, la nueva estación de Santa Justa, la recuperación de más de 400 hectáreas de terrenos infrautilizados y el soterramiento de las vías del tren son solo algunos ejemplos.

Si nos centramos en el propio recinto de la Cartuja, también hubo aportaciones técnicas y tecnológicas que fueron pioneras en nuestro país: la instalación de fibra óptica, el cine en formato Omnimax, los accesos mediante huella dactilar o el uso masivo de intranets jamás se habían vivido en España. Por si fuera poco, de este recinto hemos heredado un parque temático como es Isla Mágica y el Parque Científico y Tecnológico Cartuja, uno de los más importantes de Europa.

Pienso que todo lo aquí expuesto es motivo suficiente para que, veinticinco años después, los sevillanos y nuestras provincias hermanas digamos bien alto “¡gracias!”. A todos los que pensaron que la Expo 92 sería una realidad frente al escepticismo común, a los que trabajaron más duro que nunca para llegar a tiempo, a los que la visitaron a diario por compartir esa fiesta continua, a los que contaron por el mundo que Sevilla era su capital en aquel mágico año (por encima incluso de Barcelona), a los que vinieron y se quedaron. A todos ellos debemos agradecer lo que conseguimos y responsabilizar de parte de lo que somos hoy.

Estamos en deuda con miles de personas anónimas. Qué mejor ocasión que la celebración del XXV Aniversario de la Expo 92 para mirar atrás con nostalgia y cariño. Pero también será un gran momento para evaluar dónde estamos y adónde queremos ir. Esto último quizá sea más importante aún. Y esa es la gran propuesta de la Asociación Legado Expo Sevilla: pongamos sobre la mesa qué hicimos, cómo lo conseguimos y qué camino queremos que siga la herencia del 92.

Será importante la participación de todos. Habrá exposiciones conmemorativas, encuentros internacionales de antiguos trabajadores, espectáculos, publicaciones y un sinfín de actividades cuyo fondo será el de recordar que la llama de la Expo debe seguir viva. Estamos pasando un momento duro, igual que antes del 92, pero tenemos que recordar nuestra propia lección de entonces: con trabajo, unión y optimismo llegan los resultados. Nos gustaría que así sea y que todos los que lean este artículo puedan compartirlo con nosotros.

Ángel Aramburu

Presidente de la asociación Legado Expo