PRIMERA PERSONA: Fernando Escalante, prolífico ajedrecista y dibujante aficionado

Fernando Escalante durante un torneo de ajedrez organizado por la Federación de Deportes para Ciegos de la ONCE

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

“Ajedrez”, Jorge Luis Borges

Nacho Martín | Fernando Escalante Ortega (Málaga, 1987) combina con pericia dos formas de entender creatividad y técnica. Sus especialidades le hacen verse como un ajedrecista ante el papel y como un dibujante ante el tablero, indistintamente, porque ambas disciplinas, dibujo y ajedrez, le proporcionan todo aquello que necesita. Movió su primera pieza con cuatro años, mientras que defendió su valía ante el papel ya en el insituto ante el asombro de los que le conocían. Hoy comparte su pasión por el ajedrez con sus alumnos como monitor afiliado a la ONCE sin relegar el dibujo a un segundo plano porque gracias a él, asegura, “puedo abstraerme haciendo lo que me gusta”. Asombra el realismo de sus formas y la pericia con la que maneja el grafito, pero más aún que no haya interpuesto fronteras entre el arte y la razón, porque el verdadero mérito, dice, está “en saber separar conceptos”.

«El verdadero mérito está en saber separar conceptos»

Pregunta: ¿A qué edad aprendió a jugar al ajedrez y cómo?

Respuesta: A saber mover las piezas, empecé con unos 4 años viendo jugar a mi padre con sus amigos, pero no fue hasta los 15, cuando me apunté a las clases de ajedrez de la ONCE, donde me enseñaron teoría, táctica, estrategia…

P: ¿Cómo fueron sus inicios en los torneos?

R: No fue hasta los 17 cuando empecé a jugar por la ONCE. Recuerdo que hice un buen papel en mi primer torneo, que fue un por equipos y me llamaron para jugar los juveniles. En mi primer año quedé 4º y en los dos siguientes sub-campeón, por los cuales obtuve entrenador propio.

P: ¿Cuándo obtuvo sus primeros resultados gratificantes y cómo se sintió?

R: Diría que a finales del 2008 cuando ascendí en Málaga a la máxima categoría y meses después un 5º puesto del Open FEDC cuando, en mi participación anterior y primera, solo obtuve un 37º puesto. El tener entrenador dio sus frutos.

P: ¿Ha pensado dedicarse laboralmente al ajedrez en exclusiva o tiene alguna otra opción lejos de los tableros?

R: No. Del ajedrez no se puede vivir a menos que seas de la élite mundial, jugando y ganando premios casi todas las semanas, o arbitrando muchos torneos al año, o de profesor dando clases en multitud de sitios. Yo en su día me saqué los curos de árbitro, y monitor de ajedrez (trabajo que ejerzo hoy día en la ONCE), pero yo los considero como un extra, no como una base.

P: Jugar partidas de ajedrez supone un desgaste físico y mental terrible, ¿se prepara para ello?

R: He tenido partidas de más de 5 horas, y en la mayoría sales cansado mentalmente sobre todo; tener una fuente de azúcar ayuda a no decaer el ritmo. Luego aparte, está el prepararse contra tu adversario: qué apertura juega, qué estilo tiene, qué le puede molestar más que juegue…

P: En esto del ajedrez siempre hay que decantarse por un estilo de juego, ¿cuál es el suyo?

R: Táctico. Me gusta el juego activo, ofensivo. Si bien es cierto, que el otro también elige, y te pondrá en posiciones que te niegan atacar fácilmente o simplificándote la posición. Aunque si hay que jugar una sosería porque es lo más preferible, lo jugaré.

P: ¿Se prepara en casa para mejorar?

R: Desde hace unos pocos meses, la ONCE me puso de nuevo entrenador (no tenía desde 2010), pero esta vez por Internet y damos unas 4 horas semanales. Nunca me he puesto a estudiar ajedrez por mi cuenta, aunque si que me encanta ver partidas y hacer problemas para mantenerme.

P: ¿Cuál considera que ha sido su mejor partida?

R: Tengo dos que les tengo especial cariño. En la primera, fue en una que le gané a un Maestro Fide en 17 ó 18 jugadas en una primera ronda de un Open de Málaga, dando sacrificio de pieza y todo. En la segunda, fue en Albacete el año pasado, en la que obtuve el premio de belleza, a la partida más bonita del torneo. Hasta salió en los problemas del periódico poco después.

«El ajedrez me ha dado demasiado sin pedirle nada»

P: ¿Y su mejor torneo?

R: Depende de la magnitud de cada torneo. Pero me quedaré con el Open FEDC del año pasado que quedé 1º y en todas las partidas me sentí cómodo jugando.

P: Sabemos que tiene otra buena virtud: el dibujo. ¿Qué parte potencia más?

R: Varía según la fecha. Estos últimos 5 años que no tenía entrenador, al ajedrez solo le dedicaba en los torneos, y al dibujo varias horas a la semana; y dibujo ahora en verano me es más incómodo.

P: ¿Qué poder tiene el dibujo para usted?

R: De abstracción, creando algo que me gusta.

Retrato a Rafael Alberti bajando unas escaleras de piedra realizado a lápiz sobre papel granulado. Obra de Fernando Escalante

P: ¿Cómo se siente más cómodo, con un alfil en la mano o con un lápiz de grafito?

R: Con el lápiz solamente por una razón: en ajedrez tienes un tiempo límite y con lápices eres libre de ir a tu ritmo. Hay que saber prepararse y defenderse en los dos campos.

P: ¿Qué referentes tiene en la disciplina del dibujo?

R: Ninguno en realidad. En ese aspecto soy bastante autodidacta.

P: De todas sus obras, ¿de cuál se siente más orgulloso?

R: El paisaje de un faro en un peñasco, probablemente. Tardé como medio año en terminarlo, pero lo hacía con las mismas ganas que cuando lo empecé.

P: Si tuviera que dejar de apostar por alguna de sus dos aficiones por cualquier motivo, ¿cuál descartaría?

R: Es la pregunta más difícil de responder de todas, pero te la responderé de dos formas. A efectos prácticos, el ajedrez es el que conlleva más tiempo (viajes, torneos…) en cuanto al dibujo, siempre lo puedes tener por casa. Pero también te puedo decir que el ajedrez me ha dado demasiado sin pedirle nada…

P: El mayor beneficio que obtiene de la ONCE es…

R: Poder jugar al ajedrez por su federación.

P: ¿Algún proyecto de futuro?

R: Si no me sale ninguna oportunidad de trabajo, intentaré probar con un módulo de ilustración, o algo de esa rama.

Fernando Escalante durante una exposición de sus obras