PRIMERA PERSONA: Manolo Martín, pescador subacuático y agente vendedor

Manuel Martín con en primer plano sosteniendo una de sus capturas

Nacho Martín | Manuel Martín España (Málaga, 1978) lleva toda una vida dedicada al mar. Se podría decir, incluso, que su primer juguete fueron las olas y su parque de recreo las playas de Málaga. Empezó a muy temprana edad ayundando en la pescadería familiar siempre de la mano de su padre, que le inclucó la pasión por la pesca y sus productos. Casi de forma paralela, comenzó a cultivar un profundo interés por todo lo que habita bajo la aparente calma del Mediterráneo, lo cual le llevó a meterse en el agua por primera vez con 5 años y a manejar un arpón con 7. Su padre, melillense de nacimiento, practicaba pesca submarina y le contagió también las ganas de explorar el fondo del mar en el incomparable marco de la Manga del Mar Menor, en Murcia. Hoy, con tres hijos en el mundo, vive en Fuengirola y conserva intacta su pasión sin importarle la pérdida de visión que le llevó a afiliarse a la ONCE. De hecho la comparte con la venta de cupones en su kiosco habitual. Manolo, como le conocen todos, hace amigos dentro y fuera del agua porque también vende en el puerto a armadores, marineros y pescadores para que el olor a mar nunca deje de llenar sus pulmones.

«Nunca se llega a ser un completo experto de algo»

Pregunta: ¿Qué le llevó a sumergirse por primera vez?

Respuesta: Hay que decir que no empecé directamente practicando pesca submarina, aunque mi primer contacto con el mar si fue de muy pequeño. Con cinco años me metí por primera vez en el agua y con siete años ya manejé mi primer arpón para cazar salmonetes y peces pequeños

P: ¿Quién fue el responsable de inculcarle la pasión por el mar y la pesca?

R: En ese sentido, mi padre tuvo toda la culpa. Él es melillense de nacimiento y siempre estuvo dedicado al mar como pescadero y pescador.  De hecho es pescadero, fue uno de los primeros en practicar pesca submarina allí en Melilla, y le acompañé durante 17 años en el negocio cuando se trasladó a Málaga.

P: Pero habría un primer contacto con el noble arte de la pesca.

R: Claro que sí. Fue con siete años en la Manga del Mar Menor, en Murcia. Yo tendría unos siete u ocho años. Salí con mi padre en piragua desde la costa y cuando ya estábamos a una distancia prudente de la orilla me sumergí sin arpón. Lo primero que vi fue una manta raya que me hizo frente y en seguida levantó una nube de arena del fondo y se perdió. No estuvo mal para ser el primer contacto. Por aquel entonces era más la ilusión que me hacía tener una estrella de mar en la mano que cazar cualquier pieza. Ya con 10 años empecé a pescar pulpos pequeños con tridente.

P: ¿Cuál ha sido su mejor captura?

R: Mi pieza más grande ha sido una corvina de 32 kg.

P: ¿Y su inmersión más profunda?

R: De 32 metros.

P: Si empezó desde tan pequeño, se le presupone una gran experiencia.

R: Nunca se llega a ser experto por completo de algo tan cambiante como la pesca submarina. Ten en cuenta que cada inmersión es distinta porque cambia mucho dependiendo del sitio en el que la hagas. Llevo mucho tiempo yendo a Tarifa, a pleno Estrecho de Gibraltar, a buscar bancos de peces y puedo asegurar que las condiciones de ese sitio son totalmente distintas a las de cualquier otro punto. Cada inmersión es un mundo y más cuando estás expuesto a vientos en la superficie y fortísimas corrientes en el fondo.

«Cada inmersión es diferente, pero exige el mismo grado de concentración»

P: ¿Cómo lo hace para enfrentarse a una jornada de pesca siendo una persona con discapacidad visual?

R: Yo sufro retinosis pigmentaria y tengo visión en túnel por la reducción del campo de visión, pero no llega a límites que me impidan practicar la pesca. Eso sí, de las tres modalidades que se conocen de pesca submarina yo hago la que se conoce como pesca de espera. Esto es que cuando te sumerges y llegas al fondo, te pegas a cualquier relieve con el máximo sigilo a esperar una pieza. Todo esto sin bombona, porque en España es ilegal. Este tipo de pesca es buena para capturar especies como dentón y la urta.

P: ¿Se ha tenido que enfrentar alguna vez a alguna situación peligrosa?

R: Todavía no, pero cuando llegué a los 32 metros de profundidad la vuelta a la superficie se me hizo muy larga porque aguanté demasiado la presión en el fondo. En ese momento estaba pescando con péndulo a 27 metros de profundidad y descendí hasta los 32 en poco tiempo. Otros compañeros sin embargo sí han sufrido pérdidas momentáneas de conocimiento como uno muy joven que nos acompañó un día sin apenas experiencia y quiso sumergirse de golpe. La presión le pudo y hubo que socorrerle de emergencia. Ya lo dije antes, cada inmersión es un mundo.

P: ¿Y cómo solventa los problemas que le puedan surgir bajo el agua?

R: Pocas veces nos metemos solos en el agua. Nosotros marcamos con bollas lo que llamamos “piedras calientes”, que es donde están las mejores capturas y mantenemos el barco en superficie con el motor al ralentí todo el tiempo que estamos bajo agua por si hay que hacer alguna señal acústica. Entre nosotros nos comunicamos por gestos básicos que indican, por ejemplo, “subo”, “me falta aire”, “he encontrado pieza”.

P: ¿Algún referente personal y profesional?

R: El que me toca más de cerca es mi padre, por supuesto. Luego también está mi amigo Celso Castillo, que gana cualquier campeonato que se convoca de pesca submarina. Es un auténtico experto y un humilde pescador que vive de la lonja como todos. Él es campeón de España de pesca subacuática y también campeón de Andalucía después del campeonato celebrado en Fuengirola, donde vivo.

P: Ha sido padre de nuevo no hace mucho, ¿le ha apartado esto de la pesca?

R: Sí, hace dos años tuve a mi tercer hijo y eso quita mucho tiempo. También porque no solo se le puede dedicar tiempo a lo que te gusta. Mi trabajo es de vendedor de la ONCE en Fuengirola y la verdad es que no me va mal, pero es necesario tomárselo en serio porque en mi casa somos cinco y hay que hacer bien las cosas. Digamos que no pierdo la relación del todo con el mar porque por las tardes me toca hacer la ruta del puerto pesquero y allí tengo buenos amigos pescadores que me tienen al tanto de si el mundillo se mantiene a flote o no.