La Selectividad, una prueba de acceso a… la integración y la igualdad

  • El proceso de adaptación de las Pruebas de Acceso a la Universidad para alumnos con discapacidad nació en Sevilla para extenderse por España
El catedrático de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla, José Ramón Gómez, artífice de la Selectividad accesible, frente al CRE de Sevilla

El catedrático de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla, José Ramón Gómez, artífice de la Selectividad accesible

La Selectividad es un trámite que todo aquel que quiera entrar en la Universidad ha de completar con éxito. El sistema universitario andaluz recibe una media de 40.000 alumnos cada año, de los cuales un importante número posee alguna discapacidad. En concreto, Sevilla acoge este 2015 las pruebas de siete chavales ciegos gracias a un proceso hoy totalmente normalizado, pero que en su día limitaba las condiciones de igualdad necesarias.

Nacho Martín | Apenas dos días antes de que den comienzo las pruebas de Selectividad convocadas por la Universidad de Sevilla, Laura vive inmersa en un mar de fotocopias y libros desordenados que evidencian el tremendo nerviosismo con el que afronta la cuenta atrás para el primer examen. Quiere estudiar Derecho porque su hermana mayor también lo hizo siete años atrás. Ella la reivindica como su principal apoyo, más aún cuando lleva su voz grabada en un pequeño dispositivo con los principales temas de Geografía, Inglés y Filosofía, que son las asignaturas que le resultan más complejas. La inspiración no fue cosa de un día. Ambas jugaban de pequeñas con pesados manuales a simular que eran ratas de biblioteca, pero la diversión se truncó cuando a Laura se le diagnosticó diabetes con siete años. A partir de entonces, su visión comenzó a resentirse como consecuencia de una retinosis derivada de la enfermedad y a día de hoy, con 19 años, apenas cuenta con un resto visual del 5%.

Más allá de las complicaciones evidentes, la capacidad de adaptación de Laura a la pérdida progresiva de visión asombró a todo su entorno, incluido el escolar. De hecho, se valoró la viabilidad de que continuara siendo alumna del instituto sevillano al que hoy acude porque nunca antes habían lidiado con un adolescente ciego, no obstante, su temprana vinculación con la ONCE abrió un mar de respuestas a los que se hundían entonces en debates internos. Rápidamente, Laura comenzó a recibir formación paralela para aprender a leer braille mientras el Centro de Recursos Educativos de la Organización en Sevilla adaptaba su material para que pudiera reincorporarse lo antes posible a sus clases y recuperar la normalidad. Tampoco tardaron en llegar los agradecimientos ni el asesoramiento complementario a los docentes del centro en materia de integración. Hoy, gracias al esfuerzo previo y conjunto, Laura solo tiene que preocuparse por alcanzar nota suficiente para entrar en la Facultad de Derecho cuando concluya sus exámenes de acceso a la universidad.

Llegados a este punto aparece la laboriosa necesidad de coordinar a más de 41.000 jóvenes aspirantes a un futuro universitario en Andalucía para garantizar que todo ocurra según lo previsto por las comisiones organizadoras. Laura consta como un número más en las listas que la llaman a presentarse el martes 16 al primer examen de Lengua Castellana y Literatura cuando hace apenas quince años la falta de recursos de adaptación la hubiera obligado a examinarse siguiendo un procedimiento del todo incompatible con el habitual.

El profesor Gómez Martín estuvo más de 20 años al frente del Secretariado de Acceso de la Universidad de Sevilla

El profesor Gómez Martín estuvo más de 20 años al frente del Secretariado de Acceso de la Universidad de Sevilla

La puesta en marcha del proyecto

Con la creación del Distrito Único Andaluz en 1992, cuyos objetivos primordiales eran la planificación del sistema universitario andaluz y la mejora de la calidad y excelencia docente, se buscó también la adaptación de la oferta de enseñanzas a las demandas y necesidades de la sociedad. No obstante, los desmedidos esfuerzos de un pequeño grupo de profesionales universitarios por cubrir las grietas de la normativa ponían de manifiesto que una parte primordial del proceso no se estaba cumpliendo. Incluso durante los primeros años de vida de la Ley 1/1992 de 21 de mayo, siempre que un estudiante ciego decidía presentarse a Selectividad, recibía el mismo trato que el resto. En aras de favorecer la igualdad y garantizar la inclusión, el chico recibía un examen en tinta idéntico al del resto con la diferencia de que en el momento de apertura de examenes el niño ciego no podía aún hacer nada porque en ese instante empezaba el tiempo que tenía el profesional de ONCE para hacer a toda prisa la transcripción braille, a mano, con máquina Perkins, en un sitio aislado para no hacer demasiado ruido. Es más, el profesional tenía que saber matemáticas superiores, física, química, idiomas, latín, griego y, por tanto, las dimensiones de esta medida eran del todo inabarcables.

Ante tal inoperancia, el Secretariado de Acceso de la Universidad de Sevilla percibió acertadamente que la Universidad no tenía medios para poder asumir la producción de la adaptación de las pruebas para alumnos ciegos, por lo que un grupo de expertos invitó a técnicos profesionales de la ONCE a formar parte de un proceso que no había hecho más que empezar. Entre los impulsores de la iniciativa se encontraba el profesor y catedrático de Matemática Aplicada de la Universidad de Sevilla, José Ramón Gómez Martín, al que todo su entorno considera el padre de la Selectividad accesible a nivel nacional.

Antes de la llegada del profesor Gómez al Secretariado de Acceso de la Universidad, los alumnos con discapacidad disfrutaban de una igualdad teórica pero no efectiva. A raíz de su incorporación, la ONCE firmó un acuerdo interuniversitario que hoy permite que los alumnos ciegos y deficientes visuales de toda Andalucía tengan el derecho y la opción de poder realizar la pruebas de Selectividad en un soporte adaptado y accesible para ellos, para poder así demostrar sus conocimientos en la mayor igualdad posible de condiciones con respecto al resto de aspirantes.

El profesor Gómez Martín inició las conversaciones con la ONCE para poner fin a los problemas de accesibilidad en la Selectividad

El profesor Gómez Martín inició las conversaciones con la ONCE para poner fin a los problemas de accesibilidad en la Selectividad

Un trámite evidente 

Cada año, la comisión organizadora de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) en Andalucía está compuesta por profesores de una universidad de la Comunidad Autónoma que se selecciona por sorteo. Varios meses antes de la convocatoria de las pruebas, los institutos y colegios de toda la región envían un documento en el que consta el número de alumnos con deseo y opción de presentarse a los exámenes, incluido el número de estudiantes con necesidades especiales. Una vez concluye el proceso de elaboración de los exámenes de todas las materias, los miembros de la comisión organizadora envían las pruebas a la ONCE para que un equipo de profesionales adapte su contenido en función de las necesidades del alumno con discapacidad destinando un experto para el examen de cada asignatura. Al cabo de los días, los exámenes se devuelven perfectamente transcritos –en el caso del modelo de lectoescritura braille– y adaptados –si se trata de una versión informatizada accesible para sintesis de voz Jaws, soporte digital o ampliaciones impresas–. Al concluir la transcripción, se elabora un informe en el que se explican las transformaciones en contenido y/o enunciados y la razón por la que se han realizado. Ya el día de las pruebas, es la comisión interuniversitaria designada la encargada de atender a todos los alumnos con necesidades en un centro adaptado para cualquier clase de apoyo.

“Algo que debería haberse hecho así siempre no fue posible hasta que unos cuantos nos pusimos a trabajar de verdad”, explica el profesor Gómez. Ciertamente, fue la Universidad de Sevilla la primera en tomar las riendas de la situación en las pruebas de Selectividad que daban paso al curso universitario 98/99. “Nuestro objetivo fue generar confianza entre la ONCE y las universidades andaluzas” –admite- “aunque fue tremendamente difícil lidiar con las inseguridades que generaba el proceso”. “Al fin y al cabo, nuestra intención era que cualquier chico pudiera responder en igualdad de condiciones”, recuerda, emocionado, el profesor.

El modelo de gestión de la adaptación de las pruebas se extendió por Andalucía y Extremadura al año siguiente de su implantación y, hoy en día, es el protocolo de actuación para toda España

El modelo de gestión de la adaptación de las pruebas se extendió por Andalucía y Extremadura al año siguiente de su implantación y, hoy en día, es el protocolo de actuación para toda España

Los detractores de una realidad necesaria

Es cierto que, antes de que el modelo se extendiera por todo el territorio nacional, existía un riesgo de posibles filtraciones que provocó recelos entre los más reaccionarios. Dado el volumen de documentación que se maneja en cada convocatoria de exámenes, resulta muy difícil garantizar la buena fe de todos los que intervienen en el proceso, sin embargo, hace ya años que toman las medidas cautelares suficientes como para impedir un cambio de rumbo repentino de los acontecimientos. Muy a pesar del profesor Gómez Martín, “la ambición de unos pocos pesa, en ocasiones, más que el prestigio de las comisiones organizadoras y de la universidad que las respalda”, confiesa apesadumbrado. Pero eso no es óbice para que el modelo siga extendiéndose, sobre todo cuando ha sido contrastada la efectividad del método gracias a las decenas de alumnos con discapacidad que pueden demostrar cada año sus conocimientos con las mismas posibilidades que el resto.

Ha habido exámenes orales, pruebas simultáneas con alumnos sin discapacidad, adaptaciones literales de exámenes sin posibilidad de cambios y otras muchas trabas a la normalización. Pero gracias a la labor de personas como José Ramón, que ha dedicado 21 años de su vida a compaginar la labor docente e investigadora con su puesto al frente de la recepción de nuevos alumnos en la Universidad de Sevilla, hay hoy más derechos que asuntos pendientes en inclusión.

La pasada semana, Laura y otros seis alumnos pudieron realizar la prueba en braille gracias, también, al responsable de Riesgos Laborales y Alumnos con Necesidades Especiales de la Hispalense, Jaime Marañón. Marañón fue en su juventud trabajador en el entonces Colegio de la ONCE en Sevilla antes de vincularse a la universidad, de modo que muchos también lo sitúan como pionero y artífice de la iniciativa de colaboración junto al profesor José Ramón.

Ahora, al cabo de quince años de los inicios de esta colaboración, los profesionales de ONCE ya son parte normalizada del proceso. Han aceptado el compromiso de rigurosa confidencialidad normal en estos casos, y pueden decir orgullosos que la Universidad ha asumido como propia la responsabilidad de adaptar las pruebas para todos los alumnos con necesidades especiales, contribuyendo de este modo a garantizar la inclusión y extender la conciencia de que, al fin y al cabo, todos somos personas que trabajamos para personas.