FIRMA INVITADA: Francisco Herrero, director y fundador de Proyecto Hombre

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Paco Herrera, director general y fundador de Proyecto Hombre Sevilla

La ONCE dedica el sorteo del 6 de noviembre al 25 aniversario de Proyecto Hombre. Su director general en Sevilla, Francisco Herrero, escribe para nuestro Boletín un análisis sobre los problemas que desde la transición han acuciado a la sociedad española y que han influido en la cruda realidad de las drogas. También repasa los distintos movimientos actuales y por venir que desempeñarán una labor en favor de la exclusión social.

“Es en la segunda mitad de los ochenta cuando la sociedad española empieza a saborear lo que significa el estado del bienestar. El tiempde la transición trajo un nuevo orden de derechos y libertades para todos que comienza a asentarse de modo imparable. Parece que los españoles desde diversas instancias han aportado con generosidad lo mejor de sí mismos abriendo uno de los momentos históricos de los que más orgullosos nos hemos podido sentir como ciudadanos. El ruido de sables quedó en los cuarteles tras ser abortado el intento de golpe de estado y comienza una cierta bonanza económica que por primera vez va mas allá de las cifras macroeconómicas para ser privilegio común.

Se saborean libertades recién estrenadas y derechos garantizados por la Constitución. Se universalizan la sanidad y la educación gratuitas y se lucha de modo eficaz por el derecho a un puesto de trabajo parta todos y unas coberturas sociales dignas.

La parte más sombría del nuevo tiempo vendrá de dos frentes distintos. Por una parte el terrorismo ataca con tanta virulencia que en algún momento parece que se puede llegar a tambalear el nuevo sistema que empezamos a disfrutar los españoles. La otra amenaza no va contra la estructura del estado, ataca directamente el núcleo de la familia: han aparecido las drogas.

Durante toda la década, las encuestas ciudadanas corroboran machaconamente que la mayor preocupación de los españoles año tras año son terrorismo y drogas, drogas y terrorismo. Muy por encima de pobreza o paro, de inseguridad, maltrato o violencia, o de cualquier otro mal que siempre ocuparan lugares secundarios en la percepción de riesgo.

El miedo a lo nuevo, a lo desconocido y que además ataca violentamente a la parte más sensible de la sociedad y por tanto de la familia: los jóvenes. Al estado le ha cogido por sorpresa, no lo ha visto venir, no sabe dimensionar la magnitud del fenómeno, no entiende las claves internas y por tanto es incapaz de articular soluciones.

Tendrá que ser una vez más la sociedad civil organizada con el apoyo de la Iglesia la que, como ha ocurrido históricamente con otro tipo de emergencias sociales, al tener sus estructuras caritativas una mayor flexibilidad, le tocará abrir caminos nuevos y congregar acciones. Tal vez no tenga inicialmente una enorme calidad en la intervención, pero sí posee la capacidad de congregar al voluntariado social, hacerlo con prontitud y a la vez optimizar los recursos para actuar a muy bajo coste. Se pueden ofrecer al Estado canales de intervención. Hablamos por tanto de convergencia: cuando la Administración responde la fuerza del voluntariado social, puede aportar su efecto multiplicador a los recursos públicos.

Desde dentro se observan algunas claves. Por una parte la irrupción del estado del bienestar ha modificado las estructuras sociales y ha supuesto un profundo cambio de valores. Si bien la mayor parte de los ciudadanos ha saludado con alegría el nuevo modelo, se ha olvidado la influencia en muchos jóvenes para los que ha cambiado el estilo educativo y la jerarquía de esos valores incidiendo en una profunda inadaptación y malestar. Por otra parte, la bonanza económica que se empieza a vivir, se convierte en un claro reclamo para las mafias internacionales de la droga que hasta ahora no había considerado a España como punto de negocio. El ataque es feroz y rápido, tanto que aún se conoce el modo de introducción de las drogas en los ochenta como “la epidemia de heroína”.

De este modo irán surgiendo en distintos lugares de España un movimiento con base en el voluntariado, de corte humanista y con el apoyo inicial de la Iglesia, que tratará de dar respuesta al fenómeno. El método se importa directamente de Italia que entonces nos llevaba unos años de ventaja. Progetto Uomo y aquí Proyecto Hombre parte probablemente de fracasos anteriores al querer catalogar al usuario de sustancias estupefacientes ilegales de un enfermo, o un delincuente, un marginado, un asocial o un excluido. Proyecto Hombre pretende dejar a un lado el problema de la sustancia y colocar en el centro al ser humano. El drogodependiente será una persona con grave riesgo de exclusión y el abuso de sustancias afecta a la totalidad de su ser. El abordaje por tanto habrá de ser del conjunto, de todas las áreas de su personalidad, contemplando además sus facetas familiar y social.

La segunda gran aportación del método será el trabajo con la familia. El deterioro del individuo se ha fraguado en una familia concreta y en unos cambios sociales determinados. No podremos poner en tratamiento a toda la sociedad pero sí incidir de modo determinante en la denuncia de situaciones de los planes educativos, la influencia de medios como la televisión, el cambio de usos y costumbres o determinados anti-modelos de la nueva clase política emergente. Y desde luego trabajaremos intensamente con el núcleo familiar como la mejor garantía del asentamiento de los cambios que se vayan produciendo en el individuo.

Los diversos grupos de profesionales y voluntarios que en España comienzan a desarrollar el método Proyecto Hombre, actuando con autonomía y con el apoyo de las entidades públicas o privadas, civiles o religiosas de cada comunidad autónoma, crean una red de Fundaciones que tras unos años de intenso trabajo empieza a dar frutos de rehabilitación y reinserción de personas verdaderamente significativos. Por fin en el año ochenta y nueve todas las Fundaciones se vinculan fundando la Asociación Española Proyecto Hombre.

Celebramos 25 años caminando en común, optimizando recursos, compartiendo buenas prácticas y elevando una voz compartida y clara sobre el efecto de las drogas y los cambios necesarios para la recuperación. El movimiento imparable y ciertamente carismático inicial se ha ido convirtiendo en una institución profesional, sólida y eficaz. Nuestro mayor empeño será seguir dando soluciones adecuadas en un mundo permanentemente en cambio y además hacerlo con rigor científico pero sin perder la frescura de lo que verdaderamente importa. Nos gustaría saber que por encima de los resultados contrastados, del método depurado y eficiente, incluso de la comprobación objetiva de resultados, nos sentimos ciudadanos que congregamos voluntades para seguir abriendo puertas a la esperanza”

Francisco Herrera del Pueyo

Director General y Fundador de Proyecto Hombre Sevilla