EN PRIMERA PERSONA: Juan Duarte, un asiduo de, ‘Navidad en Familia’

Juan Duarte, afiliado de 80 años.

Juan Duarte, afiliado que participa en ‘Navidad en familia’

“Yo miro al frente y soy capitán general”

José Manuel Gamero | Sevilla

Juan Duarte nació hace 80 años en Marchena, aunque se mudó a Sevilla a los 35 años y actualmente vive en Triana. Trabajaba en un taller de carrocería de camiones. Cuando se jubiló, le apareció una degeneración en la vista, algo que no supone un problema en su vida, ya que se aventura, día si y día también, a salir a la calle sólo, ayudándose de la gente de alrededor para cruzar la calle o montarse en el autobús correcto.  Casado con Benita Ojeda y sin hijos, vive solo con su mujer, por lo que la soledad siempre ha sido su compañera. Sin embargo, a pesar de esto, Juan ha vencido todos estos obstáculos y vive el día a día, apuntándose a todo los viajes que organiza la ONCE, como el “viaje en familia de Nanidad”, en el que se reúnen más de una veintena de matrimonios que no tienen familia.

¿Cuándo se afilió a la ONCE?

Soy afiliado desde los años 90, sobre el 93 o 95. Tuve problema de vista cuando me jubile y me afilie a la ONCE.

¿Por qué acudió a la ONCE cuando le aparece este problema en la vista?

Yo fui al oftalmólogo en Barcelona y ya después me vio una doctora en Madrid, en la ONCE. Ahí me hicieron afiliado porque tenía degeneración ocular y no tengo solución. A mi me han hecho de todo, hasta me han puesto un láser en los ojos, pero no tengo solución. Tengo restos grandes de visión.

Ya me contó antes que vivía solo con su mujer y que iba al programa de Navidad que organiza la ONCE. ¿Cómo se enteró usted?

Yo voy mucho por la ONCE y habló y me llevo muy bien con María y José Antonio Ornedo. Además, recibo mensualmente la información de la ONCE  cartas donde vienen la programación de viajes que hay, sus fechas, el día límite de suscripción…También voy mucho a la asociación de ancianos.

Siguiendo con el viaje de Navidad, ¿se pensó mucho el ir?

Yo cuando veo todas las fechas programadas y me apunto. Además, tienen preferencia lo que no tienen familia y yo ya llevo 3 o 4 años seguidos yendo y este año voy otra vez. Sin embargo, en los otros viajes tienen privilegio los que no han ido nunca.

Por lo que veo, usted se apunta a un bombardeo

La verdad es que sí. De hecho, ya me he apuntado al almuerzo que se organiza por Santa Lucía. Así que allí nos veremos. (risas). Yo asisto a todo lo que puedo

Supongo que la jornada que organiza la ONCE en Navidad habrá supuesto un antes y un después para usted

La verdad es que sí. Todas las veces que hemos ido hemos estado muy bien y estamos muy acompañados. Con nosotros hay dos monitores que están pendientes de nosotros y que no hacen que tengamos que preocuparnos de nada. Si hay algún problema de salud, ellos se encargan del viaje de vuelta. Todo es perfecto

¿Sobre cuánta gente va a estas jornadas de navidad y dónde se suele organizar?

Estos últimos años han sido en Benidorm, pero este año se organiza en Almuñécar. Y la gente no la sé exactamente, pero sobre 10 o 12 matrimonios de Sevilla y de allí se juntan más gente que hacen que el hotel se llenen. Este año, según tengo entendido, a Benidorm va a ir la parte norte de España y a Almuñécar vamos a ir los del sur.

Supongo que habrá hecho muchas amistades con estas jornadas de Navidad.

Sí, he hecho muchas amistades y nos llevamos muy bien todos. Si vamos en autobús, va lleno; si vamos en tren, también. Así empezamos a relacionarnos. Durante el año, pues los de Sevilla nos vemos algunas veces, en las reuniones y de tarde en tarde. A pesar de esto las amistades se conservan y no nos podemos ver diariamente porque uno vive en Triana y otro en Pino Montano y siendo deficientes visuales, es complicado

¿Qué otros viajes ha realizado este año?

Este año he ido a un balneario con la ONCE, en Cunti, que también he ido muchas veces. Ya estoy esperando a que salgan los viajes de 2014 y me puedo apuntar a dos.

Dejando aparte el viaje, ¿cómo es su vida diaria con su esposa? 

La soledad es dura, pero uno se adapta a todo. Por la mañana, salimos los dos, andamos un poquito, tomamos un café y suelo visitar a una hermana que tengo mayor. Salimos de compra y por la tarde también salimos, porque mi mujer es diabética y salimos a andar para que queme el azúcar. Así que nos lo pasamos bien.

Además de esto, ¿cuáles son sus aficiones?

He sido muy aficionado a los toros y he tenido muchos años el abono en La Maestranza. Con lo de la vista, pues ya no veía ni al toro ni al torero, así que lo tuve que dejar. También la lectura, con el aparato que me ha facilitado la ONCE  y escucho continuamente la radio, sobre todo por la noche escucho mucho los programas deportivos y el Sábado me gusta escuchar a Pepa Hernández en RNE.

¿Qué importancia tiene la ONCE en su vida?

Para nosotros es un apoyo fundamental. Me gusta mucho ir por allí y cuando he necesitado algo, como comprarme unas gafas, lo he hecho aquí y me ha visto el óptico y todo.

¿Cómo asumiste la noticia de que tenías degeneración ocular, estando ya jubilado?

Hombre me lleve un disgusto muy grande, pero ya lo he superado. Ya llevo muchos años que no puedo leer nada, pero si salgo y entro solo. Ya me aconsejan que me lleve el bastón blanco, pero yo no lo he cogido. Yo lo voy llevando bien. Estoy limitado con muchas cosas, pero estoy conforme porque hay compañeros que están peor que yo y me consuela porque digo que tan mal no estoy. Yo miro al frente y soy capitán general, porque aún puedo ir solo a la ONCE y sin bastón. Además, puedo andar por Sevilla, porque me oriento muy bien, con mucho cuidado con los semáforos y los bordillos, así que doy gracias a esto.

La verdad es que usted tiene una capacidad de superación muy grande y a pesar de que la degeneración ocular la haya tenido como jubilado, has sido capaz de reponerte y de seguir haciendo tu vida diaria.

Yo la verdad es que me quito el sombrero con la gente que está peor que yo. Pero yo tengo el problema de cuando yo voy y vengo a todos los sitios, no conozco a las personas, no soy capaz de reconocerlas, salvo que este muy cerca mía. Como me diga adiós, no se quien es, salvo que me diga su nombre. Ni siquiera mi mujer cuando está a dos metros no sé quien es. Aún así me oriento muy bien, pregunto el número de autobús y cruzo el semáforo cuando veo a la gente que está cruzando, pero no hablo con las personas hasta que me dice soy fulano.