Una misma ilusión a 300 kilómetros hora

  • La fiesta comenzó desde bien temprano en el AVE Sevilla-Madrid, en el que varios espontáneos se encargaron de ambientar a los pasajeros desde el primer minuto
Imagen del reloj del AVE

El AVE Sevilla-Madrid salió a las 7:45 de la mañana. / Reportaje gráfico: Mª Ángeles López

Mª Ángeles López | Sevilla

La aventura andaluza comenzó en la estación de trenes de Santa Justa, desde donde partieron en dos trenes AVE lanzadera, procedentes de Cádiz, Huelva, Sevilla, Córdoba, y hasta Málaga con un mismo destino: Madrid. A las 7:45 horas partía el ‘AVE de la ilusión’ con mucha energía y muchas ganas de inundar la capital española de amarillo.

En los primeros kilómetros recorridos por el tren, los organizadores y voluntarios de la ONCE, ataviados con un peto verde, comenzaron a repartir las cientos de camisetas, banderas y sombreros amarillos a todos los presentes, así como una bolsa de picnic con todo lo necesario para el disfrute de un buen desayuno, almuerzo, e incluso merienda posterior. En poco más de media hora, se encontraba todo debidamente organizado y repartido gracias a la labor de los más de 40 voluntarios que iban en el tren. Sólo unas decenas de personas no contaban con su camiseta al bajar del tren, por el reparto de las diferentes tallas, pero pudieron recogerla en los múltiples stands que se pusieron para ello alrededor de la Plaza de Cibeles.

María junto a su acompañante

María junto a su acompañante

Durante el reparto de material, los voluntarios recibieron la llamada de sólo 5 despistados que se quedaron en la estación de Santa Justa, aunque el problema se subsanó rápidamente, permitiéndoles llegar hasta Madrid en el siguiente tren. “Gracias a la colaboración del supervisor, que amablemente nos ha resuelto la incidencia, estos 5 afiliados vendrán en el tren siguiente sin ningún problema”, comentaba Julián, uno de los organizadores.

Durante las dos horas y media de viaje, cada vagón contaba con un ambiente diferente. En unos de los vagones más calmados se encontraba María, una sevillana a la que todos señalaban como la más mayor del tren. “Pero si tengo 18 años”, decía María entre risas. Esta anciana de 91 pasó el viaje escuchando música en sus auriculares y comiendo uno de los bocadillos del picnic, ya que “no perder el apetito es lo que mejor conserva”. “Yo me apunto a todo: a ir a Madrid, a ir a los balnearios, a donde sea. Soy afiliada desde hace muchos años y siempre voy a todas las excursiones que organiza la ONCE”, afirmaba María.

En otro de los vagones, unos afiliados onubenses pasaban el rato jugando a las cartas. “Yo me he hecho hasta un sombrero para la ocasión, con unos cuantos de cupones”, decía uno de ellos. Pasando las nueve y media de la mañana, los afiliados dejaban a un lado el desayuno y se comenzaban a animar. El coche 5 fue el primero y, repleto de sevillanos, se levantaron y bailaron un par de sevillanas para la ocasión.

El vagón 5 bailando una sevillana

El vagón 5 bailando una sevillana

Pero sin duda uno de los vagones más marchosos fue el 7, donde sus pasajeros afirmaban que “el viaje se hizo corto”. “Vamos otra vez para Sevilla para poder seguir cantando”, bromeaban. Hasta él llegaban personas de otros vagones movidos por la curiosidad ante tanto jaleo. “Veníos a mi vagón y lo animáis que están todos dormidos”, decía un pasajero entre risas. Sevillanas, rumba, pop, canciones eurovisivas, de discoteca. Cualquier género musical era válido para ellas (la mayoría eran mujeres), que disfrutaron el viaje desde el primer minuto.

Los andaluces llegando a Atocha

Los andaluces llegando a Atocha

A las diez y cuarto, el tren llegaba a la estación de Atocha de Madrid, y una marea amarilla destacaba entre tanto pasajero. Camino a Cibeles, se podía ver desde lejos a las miles de cabecitas amarillas (por el sombrero) que caminaban juntas en un ambiente festivo. En Cibeles, la música corrió a cargo de DJ Pulpo, acompañado del extraordinario Íñigo Arbiza,  que se encargaron de ambientar a todo el público mientras se colocaba junto al lugar destinado a cada Comunidad Autónoma. En varias esquinas se pudo ver a algún que otro vendedor, cupón en mano, que no dejaba el trabajo ni en su mayor día de fiesta. “Vamos a ayudarnos, que somos todos compañeros”, decía mientras varias ‘camisetas amarillas’ se acercaban a comprarle un cupón.

Ya a las doce comenzó la marcha, con más de 100.000 personas que inundó el Paseo de la Castellana, y estuvo acompañada por dos batucadas como la Colla Geganters, de Sant Vicenç de Montalt de Cataluña, gaiteros de Asturias, la Unión Musical de Albacete o la Asociación de Peñas de Tamborileros de la Semana Santa de Hellín.

Los asistentes bailaron al son de esta música en su camino de Cibeles a Colón que culminó pasadas las 12 y media con actuaciones musicales en un gran escenario que llegó a emocionar a algunos de los presentes durante toda la mañana. El día culminó con la suelta de miles de globos amarillos y la inauguración de la estatua dedicada al vendedor de la ONCE, verdadero protagonista de estos 75 años cargados de ilusión. La sensación fue colectiva: mereció la pena vivir una jornada histórica.

Un vendedor llevó sus cupones para venderlos entre sus compañeros

Un vendedor llevó sus cupones para venderlos entre sus compañeros

Un andaluz entre la multitud

Un andaluz entre la multitud

Los andaluces llegaron a Cibeles sobre las 11 de la mañana

Los andaluces llegaron a Cibeles sobre las 11 de la mañana

Una de las actuaciones de Cibeles a Colón

Una de las actuaciones de Cibeles a Colón