La Universidad, motor de cambio

La Universidad se encuentra en una posición de privilegio para contribuir a la superación de la desfavorable coyuntura económica por la que atraviesa el país. Disponemos del material humano, científico y tecnológico para ser el motor que transforme el actual modelo productivo, que se ha revelado ineficiente. Es un hecho que sin educación no hay progreso, sin investigación no hay desarrollo y sin innovación, no hay competitividad, y todos estos activos los ha aportado, históricamente, la Universidad.

La sociedad del conocimiento precisa de ciudadanos con un nivel formativo elevado y con un punto de vista crítico sobre lo que le rodea, algo que se adquiere –no exclusiva pero sí principalmente– gracias a la educación universitaria. Además, tenemos que acometer tareas de investigación y de transferencia de conocimiento que incidan en el progreso de la sociedad.

Las universidades procuramos incrementar la calidad de la formación, la investigación y la innovación para conseguir la excelencia y satisfacer esas necesidades. Por eso, una vez que se ha logrado que todo aquel que lo desee pueda cursar estudios superiores, se abre ante nosotros un nuevo reto: convencer a los actores políticos y económicos de que somos necesarios y de que, si hay que aunar esfuerzos, nuestro concurso es imprescindible.

De acuerdo con estos principios, la Universidad se está redefiniendo. El intercambio de ideas y experiencias con el entorno aspira a ser constante, pero sobre todo bidireccional, porque es importante trasladar a la sociedad el conocimiento que se genera en las aulas y en los laboratorios, pero también lo es conocer las exigencias de dicha sociedad y trabajar con la vista puesta en satisfacerlas.

Ya no tiene sentido estudiar e investigar sin atender al contexto en el que el saber va a desenvolverse: es necesario prestar oídos a las demandas sociales y económicas.

Los ciudadanos necesitan una universidad abierta, receptiva e implicada en los problemas colectivos. En una época en la que tantos parámetros están mutando (en economía, en política, en ciencia, en tecnología), es bueno que la Universidad se vuelque para ofrecer una reflexión ponderada sobre la realidad actual, proponiendo alternativas viables que contribuyan a la mejora de las condiciones de vida de todos, en el orden intelectual y en el material, y erigiéndose en motor de cambio.

Pero no puede hacerlo sola. Nuestra perspectiva para afrontar la crisis económica pasa necesariamente por caminar de la mano las universidades, las administraciones e instituciones públicas y las empresas, convertidas en un triángulo productivo, en un círculo de eficiencia que genere riqueza, cree empleo y produzca bienestar para la comunidad. Así, será más fácil acometer con éxito los retos a los que nos enfrentamos.

Primer plano de Adelaida de la Calle

Adelaida de la Calle
Rectora de la Universidad de Málaga
Presidenta de la CRUE