Flamenco y discapacidad, duende de los sentidos

La directora de la Bienal de Flamenco de Sevilla, Rosalía Gómez, el director general para Personas con Discapacidad de la Junta de Andalucía, Gonzalo Rivas, y el director del taller 'Flamenco y discapacidad', José Galán durante la celebración de la Mesa Redonda de la VI edición del Festival Escena Mobile
No es el flamenco un arte que entienda de barreras. No lo ha hecho nunca a lo largo de su historia. Ni cuando El ciego de la playa se ganaba la vida deleitando con sus coplas por las barberías y los cafés de Almería, ni cuando La Sordita cautivaba con ese baile estremecedor. El arte les nacía tan adentro que conquistaban el mundo cuando lo sacaban fuera. Daba igual que fuera La Niña de los Peines que Enrique el Cojo, unos y otros, demostraron siempre que la discapacidad fue la anécdota y que la esencia era su duende, su talento y su persona.

Así ha sido siempre sobre las tablas y así sigue siendo por más que el flamenco evolucione hacia formas más arriesgadas y más innovadoras si es que cabe la innovación entre lo más puro del flamenco. “La discapacidad en el flamenco a menudo nos sorprende gratamente con resultados inverosímiles”, sostiene el bailaor y coreógrafo sevillano, José Galán, director de su propia Compañía de baile, que ha dirigido un taller sobre ‘Discapacidad y Flamenco’ en el marco del VI Festival Internacional Escena Mobile celebrado en Sevilla del 2 de febrero al 8 de marzo. Galán es un precursor del arte integrado a través del flamenco, un referente en este ámbito como lo demuestra en cada uno de sus espectáculos en los que igual cuenta con ciegos al toque o al cante, que con bailarines con síndrome de down o parálisis cerebral. Él se fija en el arte, sin más. “Es que el escenario potencia sus aptitudes y desarrolla capacidades enmascaradas –afirma-, es cuestión de quitarse el miedo a aceptar la diferencia”.

José Galán durante su intervenciónMiedo no, pero temores y recelos, haberlos haylos. Los programadores los tienen, según reconoció Rosalía Gómez, directora de la Bienal de Flamenco de Sevilla que congregará de nuevo en la capital andaluza el próximo mes de septiembre a lo mejor del flamenco en el mundo. “Es verdad que hay que cambiar la perspectiva y valorar solo el talento a la hora de programar”, admitió. Aún así, sostuvo que el flamenco es “un arte que acepta a la discapacidad con naturalidad”.

Hay más tronco común porque desde sus orígenes el flamenco nace de un desgarro, de un quejío. “La denuncia permanente del colectivo de la discapacidad en la sociedad coincide con el sentir expresado del flamenco”, recordó el director general para Personas con Discapacidad de la Junta de Andalucía, Gonzalo Rivas, para quien “en la belleza más honda del arte nos encontramos todos, discapacitados o no”.

El delegado territorial de la ONCE en Andalucía, Ceuta y Melilla, Patricio Cárceles durante su intervenciónPara el delegado territorial de la ONCE en Andalucía, Patricio Cárceles, el flamenco es también un poderoso instrumento de integración en la sociedad. “En la medida en que favorezcamos la incorporación de nuevos valores seguiremos haciendo grande el flamenco desde su vertiente más social”, dijo. A la sombra de la Bienal de Sevilla, la ONCE organizará en noviembre su propia Bienal, en Granada, como siempre, para dar nuevas oportunidades a esos nuevos valores.

A la reflexión que invitó el taller de José Galán se sumaron otros talleres de cine y discapacidad, de danza, exposiciones y espectáculos, entre otros el estreno absoluto de ‘Una ciudad encendida’ de la compañía Danza Mobile, alma de este certamen. “Para mí los bailarines son gente que puede tener de especial lo que tiene cualquier otro artista”, resume la directora artística del Festival Escena Mobil, Esmeralda Valderrama.

El flamenco es pues arte y sentimiento. Y en cuestión de sentimientos y de artes, el flamenco no entiende de discapacidades.

José Galán, bailaor y coreógrafo sevillano, director del taller 'Flamenco y discapacidad'