ANA FÁTIMA GARCÍA LIZANA, PREMIO ESPECIAL TIFLOS DE NOVELA: “ESCRIBIR ME HA SALVADO LA VIDA”

Activa, vitalista y con mucha vida por delante, Ana Fátima García (Alcalá la Real, Jaén, 1953), acaba de publicar su novela ‘Humo’, ganadora del premio Especial Tiflos de la ONCE. Segunda de cinco hermanos, abandonó el colegio por sus problemas visuales. Pero ésto no le impidió hacer lo que más le gusta, aprender. El próximo 4 de enero cumple su sueño, presenta oficialmente ‘Humo’ en Sitges.

¿Cómo nació la vocación de escribir?

Realmente no sé si es vocación. Cuando estuve en Sabadell en el Centro de Rehabilitación el profesor de braille me dijo que escribía bien. De eso hace 20 años, y hace dos años cuando tuve que dejar el trabajo que estaba desempeñando por un accidente, por encontrar algo que hacer pues fue cuando empecé a escribir. Y la verdad es que pienso que escribir me ha salvado la vida.

A los once años dejó el colegio por problemas visuales, ¿le condicionó mucho la vida?

Yo adoraba ir al colegio, era mi vida. No veía la pizarra, ni el diccionario y quizás tenía que haberme ido a un colegio de la ONCE. Tuve que dejar de estudiar hasta que lo retomé todo después de mi vuelta de Sabadell. Para mí el saber lo es todo en la vida. Mis hermanos estudiaban, mis conocidos también y fui un poco el bicho raro dentro de mi círculo. Todos mis hermanos se iban yendo a estudiar a otras ciudades y yo me sentí, en cierto modo, fuera del mundo porque no pertenecía a ningún sitio. Y eso siempre me ha acompañado.

Retomó los estudios con casi 40 años. Se ha licenciado en Derecho y actualmente estudia el grado de Sociología. ¿Quién quiere, puede?

Sí. Cuando uno quiere algo mucho, al final lo consigue. Yo no puedo borrar mi adolescencia sin tener amigos, pero creo que ha sido para mí muy importante encontrarme con la Universidad. Me ha ayudado a valorar más lo que es ese conocimiento.

Al terminar la Licenciatura de Derecho creó un Centro Especial de Empleo donde trabajaban seis personas con discapacidad. ¿Qué le queda de esa experiencia?

Fue muy doloroso para mí tenerlo que quitar tras mi accidente, pero como experiencia ha sido muy enriquecedor. También ha sido muy beneficioso para la sociedad porque de hecho, si pensamos que los centros especiales de empleo lo que intentan es integrar a las personas con discapacidad en el mercado laboral, me puedo dar por satisfecha porque de las seis personas que han estado, la mayoría están trabajando.

¿Se siente un ejemplo en tiempos de crisis?

Si lo vemos desde el punto de vista de que todas las personas podemos hacer algo, yo pienso que sí. Creo que el salir de la crisis es una necesidad que tenemos que aprovechar todos para seguir creando más riqueza. Y para eso tenemos el ejemplo de lo que ha hecho la ONCE siempre, nos ha inculcado a todos los afiliados el trabajar, teniendo en cuenta que somos un colectivo complicado, ya que la ceguera no es una cosa fácil. Creé el centro porque quién iba a darme trabajo con 50 años, siendo mujer y sin experiencia. Entonces si nadie me lo iba a dar, pues yo lo cree y una vez puestos, para más gente claro.

Firma bajo el seudónimo de Ana Catalina, ¿por qué?

Por una hermana que murió cuando sólo tenía 13 días de vida que se llamaba Ana Catalina. Me hubiera gustado tener una hermana mayor.

“Me impresiona la culpa de las mujeres maltratadas”

¿Cuáles son los escritores y obras que siempre le acompañan?

Me gustan los clásicos, ahora mismo estoy leyendo ‘Las confesiones de San Agustín’ y ‘Trenes de Media Noche’. Soy una lectora compulsiva.

¿Tiene alguna superstición a la hora de escribir?

Me gusta escribir por la mañana temprano, en mi casa y sola, me siento más inspirada. Para poder escribir necesitas echarle horas. En la novela hice un trabajo de investigación sobre la ley, un trabajo de campo de contactar con personas para que, aunque la novela no es real, las historias sí se basan en lo que le han ocurrido a mujeres. Siempre me pongo a escribir cinco o seis horas.

¿Necesita compartir lo que escribe con alguien?

Hasta que no lo tengo terminado no me gusta que nadie lo lea. Pero me pasa una cosa muy curiosa y es que una vez que ya lo he escrito, ya es como si no fuera mío. Me convierto en lectora. Mientras lo esté escribiendo forma parte de mí, pero una vez que ya lo he terminado ya no forma parte de mí. Y entonces ya lo doy para que lo lean otras personas.

¿Alguna vez se ha sentido bloqueada?

Sinceramente no, porque cuando yo me siento a escribir ya tengo preconcebido lo que quiero poner. Hay días que puede ser productivos y otros no.

Su novela ‘Humo’ trata sobre el mundo de los malos tratos, ¿qué emociones busca crear en la persona que lee sus relatos?

Ante todo, cuando la he escrito lo que quiero es que lleguen a conocer lo que son las mujeres que sufren violencia de género. Y que empiecen a identificar lo que pueden hacer, la responsabilidad que tenemos toda la sociedad de que eso ocurra. La novela lleva poco tiempo a la venta, pero respecto al libro de relatos me ha llamado mucho la atención los comentarios que me han ido mandando los lectores de cómo se han identificado, según la persona, con un cuento de relato o otro.

Se ha inspirado en las vivencias personales por su trabajo en asociaciones de mujeres maltratadas. ¿Alguna experiencia que le haya marcado?

Estuve hablando con una chica y me impresionó que después de todo lo que llevaba pasado siguiera llorando por un vestido de novia que nunca tuvo. Otra cosa es que ves que las personas han salido adelante, pero te das cuenta de que no es así, de que están marcadas. Esa marca nunca se les quita, siempre hay una sombra detrás de ellas que las persigue. También me impresionó la relación con los hijos, porque cuando son mayores tienen una lucha interna porque se sienten culpables porque no han sabido protegerlas, pero a la vez las madres los sienten a ellos culpables porque al ser mayores tampoco han sabido defenderlas a ellas. Aunque lo que más me ha impresionado es la culpa, siguen victimizándose y culpabilizándose ellas mismas.

“Estamos olvidando lo que es la literatura”

Aunque no es el primer certamen que gana, ¿qué signifca para usted haber ganado la modalidad especial de novela en los premios Tiflos que organiza la ONCE?

Para mí ha sido muy muy importante, porque yo a la ONCE le tengo mucho cariño. Es lo máximo, expresamente por ser un premio de la ONCE. Me dan ganas de no seguir escribiendo, porque no voy a alcanzar nada más grande que esto (risas).

¿Qué se puede conocer de Ana Catalina a través de sus historias?

Todos los escritores dejamos algo nuestro en los libros. Quizás la sensibilidad, el sentido de lucha, la forma de ver la vida, mi deseo de enfentarme a los problemas.

¿Cuál es su aspiración como escritora?

Lo que me gustaría es que dentro de 100 años alguien leyera el libro y lo viera de actualidad. Otra cosa es que me gustaría hacer es escribir poesía.

También ha escrito un libro de relatos, ¿Deja volar siempre su imaginación o se basa en algo real?

Los libros son imaginción, pero siempre tengo el tema claro. En los libros de relatos hablo de una mujer que ha dejado el alcohol; se habla también de la ceguera, por supuesto, eso sí es un poco lo que yo pude sentir cuando estuve en Sabadell; también se habla de una mujer que ha sufrido un accidente de coche. En el libro de relatos sí que he ido buscando los miedos, la locura, llamar la atención sobre hechos que a mí me llaman la atención. Me gusta dar un punto de partida desde el que los lectores pudieran seguir la historia.

¿Ha soñado con recibir algún premio Planeta?

Eso ya es demasiado (risas). No creo que llegue a tanto, primero porque empecé a escribir muy mayor. Aunque, claro que me gustaría.

¿Qué momento cree que está pasando la literatura española?

Estamos olvidando lo que es la literatura. Se venden mucho más los libros de ensayo, por ejemplo, y yo pienso que dentro de la literatura se pueden transcribir mejor los sentimientos. Hay un cambio muy grande con los libros electrónicos, al que los escritores deben adaptarse. Para mí, el libro en papel nunca va a desaparecer. Con las nuevas tecnologías la gente no lee tanto.

Mª Ángeles Cuenca