Susana Córdoba: “Las vendas mentales nos ponen más barreras que la ceguera real”

De gran sencillez y con un corazón tan grande como el mar, Susana Córdoba (Córdoba, 1974) ha representado el personaje Sofía, una persona que se queda sin visión a raíz de una enfermedad, en la serie andaluza ‘Arrayán’, que tanto éxito de audiencia ha sumado en Canal Sur TV. Voluntaria de la ONCE, es licenciada en Arte Dramático en la especialidad de interpretación por la Escuela Superior de Córdoba. Su sueño, hacer cine algún día.

¿Era de las que de pequeña cantaba como Concha Velaso eso de ‘Mamá, de mayor quiero ser artista’?

Desde que tengo 10 años, que me subí al escenario, siempre fue algo que me apasionó. Tras esa experiencia cuando estaba en el colegio me prometí a mí misma que estudiaría Arte Dramático. Y es una profesión que siempre ha venido a mí, aunque yo a lo mejor haya seguido otro camino. Con lo cual estoy convencia de que es vocacional y que es mi camino.

¿Qué es lo más duro de su profesión?

Que te tienes que separar de tu familia, de tus hijos, porque para rodar tienes que desplazarte al lugar donde se convoca el rodaje y no puedes llevarte siempre contigo a todo el mundo que quieres. Para mí eso es lo más costoso.

Ha participado en la representación de ‘Bodas de Sangre’ de Lorca y ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla, ¿hay una gran diferencia en la concepción del amor entre ambos autores?

Creo que el tratamiento del amor en Lorca es para mí mucho más identificativo por cercanía, me identifico más con esa búsqueda interior a la hora de hablar del amor. No tienen nada que ver porque son momentos diferentes, aunque el sentimiento del amor siempre sea universal.

Cuéntenos, ¿cómo dio el salto a la pequeña pantalla?

De manera muy espontánea. Fue algo que me buscó, una oportunidad gracias al trabajo que realicé para la serie ‘Plaza Alta’. Luego estuve siete años sin ejercer mi profesión mientras estuve criando a mis hijos. El trabajo más intenso fue durante los últimos dos años y medio donde sí que protagonicé a Sofía y eso me ha dado continuidad, experiencia y quizá esta posibilidad de ser un poco más conocida entre el público andaluz.

Aunque también ha participado en la serie andaluza ‘Plaza Alta’, ¿qué ha supuesto para usted participar en una serie tan consolidada como ‘Arrayán’?

Para mí ‘Arrayán’ era y es como volver a casa, el equipo es muy especial. Es una familia donde se trabaja con muchísima rapidez, pero no por eso no se intenta que se haga un trabajo de calidad. Para mí ha sido estar aprendiendo muchísimo como profesional y como persona pero en un ámbito de muchísimo cariño y muchísimo respeto. Casi todos los actores que pasamos por esta serie decimos que después del entrenamiento que supone somos capaces de afrontar cualquier cosa ya.

¿La considera una escuela de actores?

Sí, totalmente. El trabajo en TV es un trabajo que se hace con muchísima rapidez, te prepara para descubrir en ti la capacidad de respuesta a la hora de resolver cualquier obstáculo y te entrena muchísimo para soltarte ante la cámara.

“En la ONCE encontré un grupo humano muy luchador”

En ‘Arrayán’, interpretó el papel de una persona ciega, ¿cómo se preparó para interpretar ese personaje?

Cuando me informaron de la dirección de la serie este cambio para mi personaje yo sentí muchísimo respeto al principio porque quería hacer algo muy veraz, muy respetuoso también para todas las personas ciegas. El productor me sugirió el aprendizaje y yo lo tuve muy claro, me dirigí a la ONCE para observar y aprender a hacer el trabajo de una persona ciega que además llega a la ceguera por una enfermedad, más impactante y traumático que si naces con ella. Para mí, el llegar a la ONCE fue como encontrarme también en una segunda casa donde recibí muchísimo cariño y para mi sorpresa encontré un grupo humano muy luchador, muy positivo que había aprendido a adaptarse a una nueva situación, no sin sufrimiento y sin dificultades, pero sí ya con entereza, con valentía y con muchísimo sentido del humor.

¿Cree que llegó a entender y vivir en primera persona las sensaciones que se experimentan cuando no se tiene visión?

Sí, totalmente. Una de las cosas que más me gustan de mi trabajo es que te da la posibilidad de empatizar, de ponerte en el lugar del personaje que interpretas. A veces comprendiéndolo, otras veces viéndolo desde la distancia, pero a mí interpretar la ceguera de Sofía me hizo reflexionar mucho. Era una ceguera un tanto simbólica porque, en definitiva, todo el ser humano en algún momento de su vida tiene muchas vendas, vendas mentales que son mucho más difíciles de cambiar. Las vendas mentales nos ponen más barreras todavía que la ceguera real.

¿Cómo se ve el mundo desde la ceguera?

Te hablo como Susana, no como personaje, quizá pensé que se podía ver con mucho más temor, con mucha más dificultad, más tristeza, más soledad. Pero descubrí gracias al contacto con el grupo humano de la ONCE que no por ser una persona ciega tiene uno más dificultad para superar obstáculos que una persona vidente. En la ficción lo que me supuso la ceguera de Sofía fue sentir su vulnerabilidad ante las personas manipuladoras que tenía a su alrededor. Pero en la vida real, el contacto que yo he tenido ha sido que gracias a el compromiso y a la convivencia de todas las personas que quieren apoyar a una persona ciega se puede salir adelante y se puede conseguir cualquier objetivo.

¿Cree que la sociedad debería colocarse el antifaz como forma de sensibilización?

Sí, creo que es un ejercicio muy interesante. Yo cuando me coloqué el antifaz observé cómo mi sentido de la audición crecía de una manera considerable, el sentido del tacto también se hacía mucho mayor, necesitaba relentizar mucho más mis movimientos… y para aprender a caminar de otra forma distinta, a confiar en otro ser humano muchísimo más de lo que a lo mejor podría confiar.

“El voluntariado es un intercambio de amor, de respeto y de compañía”

Fue a raíz de ahí cuando empezó a colaborar con la ONCE como voluntaria, ¿cómo arrancó la iniciativa?

Después de ese acercamiento para aprender a interpretar la ceguera quedé bastante contenta y encantada con el trato recibido, me sentí muy querida y quise hablar del trabajo que se realizaba. Sobre todo de la convivencia entre las personas que optan por formar parte de la ONCE, tanto personas ciegas como sus familiares y acompañantes. Fue en el momento de parada profesional cuando me hice voluntaria, y estoy contentísima de serlo, de lo que me aporta.

¿Qué tipo de voluntariado realiza?

Actualmente acompaño a una señora de 88 años. Para mí es una experiencia maravillosa porque creo que nos aportamos muchísimo mutuamente, y no sólo es ayudarla para acompañarla en su ceguera, si no para acompañarla en su vida. Ella me aporta a mí casi más de lo que yo le puedo aportar a ella, porque creo que las necesidades que tiene a nivel emocional y a nivel humano es el mismo que puedo tener yo a pesar de que nos diferencien tantos años.

¿Con qué se queda de la experiencia?

Me quedo con el bienestar de sentir que realmente las cosas no son tan difíciles como creemos, que basta con que queramos compartir con personas parte de nuestro tiempo, escucharlas de manera activa y simplemente sentir a esa persona de la misma manera que nos sentimos a nosotros. Me quedo con el intercambio de amor, de respeto y de compañía que supone el realizar este tipo de voluntariado. Es un intercambio de cariño tan grande que merece muchísimo la pena.

“Me gusta la intimidad de la cámara”

Después de trabajar tanto en teatro como en televisión, ¿qué destaca de cada uno?

Yo me he formado en el teatro, creo que todos los actores, o la mayoría, decimos que el teatro es el lugar donde tenemos el contacto directo con el público y es como un espacio muy íntimo donde construimos el personaje a lo largo de un proceso mucho más largo y con más tiempo que la TV. En la TV se trabaja muy deprisa. Ahora mismo lo más reciente que tengo es trabajar en televisión, me gusta la intimidad de la cámara, el contacto con la cámara, he aprendido a trabajar con la cámara, la cercanía, la naturalidad, el susurro de la cámara.

¿Es el mismo reconocimiento el que se recibe trabajando en televisión que en teatro?

Es diferente, porque la televisión te da popularidad y quizá mitifica demasiado el trabajo del actor porque la audiencia al verte en la televisión te coloca en una posición como más elevada. El trabajao en el teatro es más anónimo.

¿Y cuál es la mejor sensación que ha experimentado durante una grabación?

El silencio y el respeto por mi trabajo que he recibido siempre por parte del equipo técnico cuando he tenido que concentrarme para trabajar una secuencia difícil.

¿Con qué personaje se queda de los que ha interpretado durante toda su trayectoria?

Sin duda con Sofía, porque es el personaje más largo en el tiempo, que me ha hecho llegar a tantos espectadores, que me ha hecho conmover a mucha gente y le tengo muchísimo cariño.

Sueña trabajar con…

Con cualquier persona que se implique en algún proyecto comprometido, bonito. Ahora me apetece muchísimo hacer cine.

Díganos, ¿cómo es Susana Córdoba en su día a día?

Una persona muy sencilla, que busca siempre el equilibrio, tranquila. Me considero una persona muy cercana, muy espontánea, me gusta estar con mis hijos, adoro a mi perro (risas), y me gusta estar con mis amigos.

Todos las personas que se dedican a la interpretación tienen un lugar especial para inspirarse, ¿cuál es el suyo?

Yo me inspiro siempre desde la conexión con mi interior. Mi sensibilidad me hace observar, ser curiosa, empatizar con la realidad y me da capacidad para poder expresar a través de mí lo que queremos contar con el personaje.

Las obras le van dejando como actriz y como persona algo que le permite ir reflexionando no sólo sobre ellas, sino también sobre la vida…

Siempre me gustan los personajes, quizá porque es lo que hasta el momento he tenido que trabajar, que conmueven, que transgreden, que dicen, que se implican, que son luchadores, que emocionan y tienen que aportar donde la sociedad pueda verse reflejada. Yo trato de aprender qué es lo que le ocurre al personaje en cada momento para trasladarlo también a lo que sucede en la realidad.

¿Cree que hay suficiente apoyo a los jóvenes con talento o puede hablarse de una ‘fuga de cerebros’ en el panorama artístico de nuestro país?

Es complicado vivir del arte en nuestro país, es muy complicado mantenerse. Tengo amigos que marchan fuera para poder desarrollar su creatividad y otros se quedan por motivos de índole personal, por cuestiones familiares. También es una profesión en la que hay muchísima competencia y eso hace que la gente se queme y marche a otros lugares.

Mª Ángeles Cuenca