Ventura Pazos: "Me ilusiono con todo lo que hago"

Ventura Pazos, nuevo presidente del Consejo Territorial
Ventura Pazos (Sevilla, 1959) afronta esta nueva etapa como presidente del Consejo Territorial de Andalucía con la misma ilusión con la que ha ido asumiendo cada una de sus responsabilidades en su ya dilatada trayectoria en el seno de la Organización. Ciego desde los cinco años, precursor de la educación integrada en la ONCE, licenciado en Historia, escritor a deshoras, melómano vehemente, coleccionista de miniaturas en su escaso tiempo libre, quiere ahora un Consejo cercano a los afiliados, útil, y con un papel importante en el sector de la discapacidad.

Nacer en Cádiz, ¿imprime carácter?

Yo creo que sí. A la gente en los sitios donde nace le imprime carácter, no si desde el nacimiento o cuando toma conciencia de dónde es. En mi caso el amor a Cádiz ha ido creciendo conmigo. Cuando era pequeño no tenía esa conciencia de gaditano, ni de los signos más significativos de la ciudad como pueden ser el carnaval o el fútbol. Eso lo fui adquiriendo a medida que fui creciendo. Puede decirse que a medida que pasa el tiempo soy más de Cádiz que cuando era más joven.

¿En qué momento se decantó por estudiar Historia?

En realidad quería hacer Periodismo en la Complutense pero por problemas de plazos, Gonzalo, un compañero que empezó conmigo en el Instituto, y yo, tuvimos que optar por otra carrera y elegimos Historia en la Universidad de Cádiz pensando que iba a ser para un año, para cambiar después a Periodismo. Luego las cosas se empezaron a liar en el ámbito personal, de manera al año siguiente ya no fue factible que me fuera a Madrid por cuestiones familiares, así que seguí haciendo Historia y la terminé.

Usted es ciego desde los cinco años. ¿La ceguera en alguna medida le ha conducido en algún sentido o en otro en su trayectoria profesional?

¿En qué sentido me ha cambiado la vida? Pues es muy difícil de saber, porque la vida de un niño vidente en el Cádiz de los años 60, principios de los 70, con relación a la de un niño ciego, que estudió en un colegio de la ONCE en Sevilla, interno, cambia mucho. Yo soy bastante incapaz de decir si eso ha influido de una manera más o menos positiva o negativa, porque son dos trayectorias totalmente distintas. Sí que pienso que siendo la ceguera algo no deseable, ni muchísimo menos, quizás yo sí tuve otras posibilidades de educación porque los colegios de la ONCE en aquel momento tenían una educación de bastante más calidad que la que podía tener un centro público de la época. En ese sentido, quizás sí tuve esa ventaja.

Como profesor, usted fue un precursor de la integración educativa con aquellos concursos que organizaba para implicar a distintos colegios de la ciudad en el cole de la ONCE. Después fue director de Programas Educativos Concertados. ¿Ese es un sueño cumplido?

Sí, a nosotros nos tocó una época muy convulsa porque los colegios eran sitios muy cerrados, de una calidad educativa bastante alta pero también con un personal muy centrado en su propio centro y por lo tanto bastante reacios a cualquier otro modelo educativo. También promoví algo que era incluso más revolucionario todavía; que durante una semana una clase de nuestro centro se intercambiase con otra de otro centro, es decir, que niños nuestros durante una semana estuvieran en una clase ordinaria y niños de esa clase ordinaria estuviera en una clase nuestra. Y peleamos porque ese cambio de mentalidad no fuera una ruptura con el pasado sino un paso coherente con el futuro. Hubo momentos en que se intentó que la Educación Integrada fuera algo hecho casi por Decreto, lo cual era bastante insólito en aquel momento porque la escuela pública no tenía medios como para acoger ese modelo que los gestores de la ONCE intentaron. Y hubo mucha gente que intentábamos que ese paso no fuera una ruptura y sobre todo que no se nos quedasen niños por el camino, que era realmente el peligro.

¿Y ahora tiene la sensación del sueño cumplido?

Yo creo que sigue quedando mucho por avanzar en la Educación Integrada, pero desde luego la situación ha mejorado al lado de lo que había en aquel momento.

“Gestionar con Beethoven humaniza”

Le vida le ha inmerso en la gestión pura y dura. ¿Se deja alguna vez de ser profesor o ese alma perdura siempre?

La gente me dice que soy muy didáctico. No sé, creo que una de mis virtudes es que me ilusiono con todo lo que hago. Yo no tenía una vocación fuerte de profesor, ni de entrar en el campo educativo y me ilusioné con el tema. Yo estuve trabajando en él prácticamente 17 años, entre el Colegio y el Consejo General donde también estuve centrado fundamentalmente en Educación. Pero estoy absolutamente convencido de que si hubiera estado en cualquier otro ámbito, también me hubiera ilusionado. De hecho, la prueba está en los otros ocho años siguientes, con la gestión de una Delegación como Sevilla, que tiene mucha parte de gestión pura de ventas, que a mí es un tema que también me ha ilusionado y en el que me he entregado por completo.

Es usted un apasionado lector y un entusiasta melómano, ¿cuándo y cómo comenzó a cultivar su gusto por la lectura y la música?

Por la lectura desde muy pequeño, además lo recuerdo como una anécdota. El primer libro que leí fue ‘Noches de Sing-Sing’ de Stephen Keeler. Es un escritor casi de serie B, de novelas policíacas de los años 40 o 50 que curiosamente publicaba en una editorial española. Ese libro cayó en mis manos por casualidad, tendría 9 o 10 años, y empecé a ojearlo y a leerlo y a partir de ahí creo que no he parado de leer hasta ahora. He leído muchísimo, con muy poca medida, quiero decir, con 12 años ya me había leído todos los clásicos, seguramente sin enterarme de nada porque no estaba preparado para eso. He leído de una manera un poco cataclísmica, pero bueno en definitiva sí es cierto que he leído muchísimo.

La pasión por la música me llegó muchísimo más tarde. De he hecho, siempre he dicho que no me gustaba la música. No era una persona que tuviera grandes mitos en la música, no era un seguidor de Los Beatles. Quizás en los años del instituto, lo que más me llegaba era la canción más social de gente como Víctor Jara o Silvio Rodríguez. Pero no era la música una de mis prioridades, sin embargo de repente hace unos años mientras escribía me puse una vez por casualidad Radio Nacional de España-Radio Clásica y empecé a escuchar. No soy ni mucho menos un gran entendido en música, pero ahora sí que trabajo normalmente con la música puesta, tengo bastante discografía, entiendo no tanto de lo que es la estructura musical pero sí un poquito de los distintos movimientos y la verdad es que sí que me gusta.

Dígame un compositor que le conmueva especialmente.

Hay varios, hay muchos. Pero el más completo de todos me parece Beethoven, sin embargo cuando quiero escuchar algo relajado y que realmente me llegue suelo escuchar Mendelssohn o Tchaikovsky. Curiosamente, Mozart no me gusta, no es de mis favoritos.

Gestionar con Beethoven o Haydn de fondo ¿humaniza?

Yo creo que sí, sobretodo cuando uno gestiona, tiene un entorno y tiene vibraciones positivas a su alrededor. Eso no sé si se llama humanizar, lo podemos llamar como sea pero es cierto que uno lo hace con bastante más relajación y bastante mejor predisposición que si lo hace escuchando un martillo neumático, eso seguro.

“Mi ficción tiene como base la realidad”

Ha escrito 8 libros pero solo ha publicado dos, ¿se lleva mal con las editoriales o es que escribe por amor al arte?

No me llevo mal con las editoriales, he publicado dos porque en aquel momento hubo una editorial, ‘Alfar’, que se interesó y lo publicamos. Luego sí es cierto que yo sopesé -no sé si fue una decisión correcta o no-, lo que era mi trabajo en aquel momento en el Centro de Recursos Educativos. Era el director del Colegio y me llevaba bastante tiempo. El mundo literario era complicado, había que dedicarle mucho tiempo y además era bastante desagradecido. Y decidí que realmente lo que me gustaba era escribir, es decir, levantarme por las mañanas un par de horas antes, dedicarle una hora y media o dos horas a la escritura todos los días. Lo que no me compensaba era tener que abrirme camino en ese mundillo en el que me decían “Hombre es que tendrías que estar en tal tertulia, es que tendrías que ir a no se dónde”. No entendí que eso compensara. Me compensaba escribir y bueno, si luego alguien se interesaba por lo que escribiese pues que lo publicase o que no lo publicase. En definitiva, esa es la historia, no me llevado mal con las editoriales.

¿Y sigue escribiendo dos horas al día?

No, porque estos ocho años han sido bastante duros de trabajo y no era capaz de sacar esas dos horas diarias. Los fines de semana sí intento sacar tiempo para escribir, prácticamente todos los fines de semana algo escribo. Tengo una colección de cuentos bastante grandes, no me he vuelto a meter en el tema de novela porque exige un poco más de dedicación diaria, y como hoy por hoy no lo puedo hacer, he preferido no embarcarme.

¿Nunca ha utilizado la ceguera o la discapacidad como eje temático o como argumento?

No, no me he sentido atraído por eso. No he sentido la necesidad de que la ceguera o la discapacidad estuviese siendo el tema o el centro.

Otros sí que sienten la necesidad de meterse en la piel de un ciego para ver su oscuridad.

Sí, pero debe ser que como yo ya estoy metido (risas). Me lo ha preguntado mucha gente, “¿No has escrito tu experiencia como persona ciega?”, no siento esa necesidad. Igual que cuando pasé el tema de Guillem Barre alguien me preguntó, “Bueno ahora tienes un filón extraordinario para poder escribir y poder contar tu experiencia”. Y tampoco he sentido esa necesidad ni seguramente sabría cómo hacerlo.

Hay algún denominador común en todas sus obras.

Esas cosas las dejo para los críticos literarios.

En ‘Cuentos de Carnaval’ narró usted la epopeya de un pueblo que lucha por su libertad, mientras que en ‘El evangelio apócrifo de Salabarria’, optó por una novela histórico mitológica. La investigación como método y la historia como fondo y pretexto son sus principales recursos literarios.

En todo lo que se escribe tiene que haber detrás un trabajo importante de investigación. Para mí el hecho de que lo que uno cuente tenga cierto sustento lógico o al menos tenga esa pátina de cierta realidad, pues también es bueno. Uno no se puede salir del contexto de lo que escribe, porque entonces la obra pierde sentido.

¿Se desenvuelve mejor entre la realidad que en la ficción?

No lo sé, porque al fin y al cabo ‘El evangelio’ y ‘Cuento de Carnaval’ es ficción, otra cosa es que evidentemente yo quiera ponerle cierto ropaje creíble. Lo que sí tengo claro es que no soy un autor de literatura fantástica, a pesar de que ‘El evangelio apócrifo de Salabarria’ podría ser literatura fantástica porque es un país imaginario, una situación imaginaria y un personaje central imaginario tipo mítico, divino, pero no lo es desde el punto de vista de que mi ficción sí tiene como base la realidad.

¿Y cuál su principal fuente de inspiración?

No tengo una fuente de inspiración que yo entienda que es la principal. Hay veces que yo sé como surgen mis novelas, mis cuentos, pero por qué surgen así… ‘Cuentos de Carnaval’ surgió una noche de carnaval, escuché una conversación, me inspiró el aire de Cádiz… No lo sé. El Evangelio fue otra cosa, me inspiró la necesidad de vomitar toda la teología, el basamento religioso que yo tenía encima, en la cabeza. Yo he sido una persona nada pegada a la religión en toda mi vida. No he sido una persona creyente desde nunca. No es algo que yo haya ido llegando a la conclusión a lo largo del tiempo, desde pequeño he sido una persona bastante descreída en ese sentido, pero sí es cierto que he sido educado de una manera muy rígida en el tema de religión. Eso me fue calando y posiblemente me hizo refractario a la propia religión.

No fue ningún reproche, en algún sentido, a su ceguera.

No, en absoluto. Yo empecé a ser refractario a la misa diaria, a las confesiones obligatorias, a los ejercicios espirituales para chavales de ocho o nueve años absolutamente insoportables con vía crucis, rosarios, sermones y no se qué cosas más… y eso año tras año. Y sin embargo, a pesar de eso, sí he sido una persona que me ha interesado muchísimo la historia de las religiones. Yo sí me he acercado en mis lecturas y en mis, llamémosle investigaciones, hacia las distintas religiones, tanto monoteístas como politeístas.

¿Para llegar a una conclusión, para reforzar todavía más su criterio? Es decir, ¿conforme más ha sabido más se ha alejado?

No, estaba bastante alejado ya desde el principio, pero sí que es cierto que me ha interesado y de repente llega un momento en que siento la necesidad de soltar todo ese mejunje religioso que me habían hecho tragar por una parte, y que me había tragado yo por otra y escribo sobre un personaje muy paradójico. Casi el anti-dios de todo lo que yo podía haber tragado en ese sentido.

“Nunca deseé morir”

En 2007 superó un ataque del síndrome de Guillem Barre que le dejó totalmente inmóvil durante tres meses. ¿Deseó morir en algún momento?

Me dejó inmóvil durante más tiempo, totalmente inmóvil durante tres meses, luego recuperé cierta movilidad, pero hasta que me pude sentirme un poquito autónomo, prácticamente ocho meses. Pero no, nunca deseé morir. Sinceramente los cuatro o cinco primeros días estaba muy desorientado, era una situación que no entendía. No entendía cómo de repente me había quedado así, no sabía ni por qué, ni qué consecuencias tendría, estaba muy confuso. Pero cuando fui capaz de superar esa confusión, fui tomando conciencia de lo que tenía y decidí que tenía que salir de ahí. De hecho muy pocos días después de estar en el hospital hice una llamada y pedí que me siguieran dejando llevar lo que estaba llevando del trabajo porque necesitaba tener esa actividad mental. Y eso fue lo que hice. Estuve trabajando desde el hospital, con el teléfono…

¿Cómo pudo superar ese trance? ¿Qué aprendió, que todo es posible a fuerza de voluntad?

Yo no sé si todo es posible con fuerza de voluntad, seguramente hay cosas que no son posibles ni aún con fuerza de voluntad. Lo que sí aprendí es que sin fuerza de voluntad no se consigue nada. Yo desde el principio decidí que tenía que salir de ahí y de hecho tenía sesiones de fisioterapia mañana y tarde, entendí que el único que podía salir de ahí era yo, naturalmente con ayuda, pero que yo tenía que poner de mi parte y puse todo lo que tenía que poner. La fuerza de voluntad es muy importante, pero sin fuerza de voluntad no se llega a ninguna parte.

¿Vuelve uno a ser lo que fue después de una experiencia vital de esa magnitud?

Probablemente no, porque una de las cosas más impactantes que yo recuerdo del Guillem Barre es cómo la vida de una persona puede cambiar de un momento a otro. Y no soy neófito en ese tipo de cosas, porque yo perdí la vista de una vez, volvía del parque con mi hermana y con mi madre y al entrar en mi casa perdí la vista de golpe. Pero esa experiencia probablemente la había olvidado mi cerebro, pero el que un 17 de agosto te acuestes razonablemente bien, porque me dolía la espalda pero supongo que nos hemos acostado con dolor de espalda muchas noches, y que el día 18 prácticamente no te puedas levantar, y que en cuestión de tres o cuatro horas te quedes absolutamente inmovilizado en una cama, eso sí me impactó. Y sigue estando en mis sueños y en mis temores, porque sí que te das cuenta que todo puede cambiar en un segundo, que no te puedes sentir seguro. Esa seguridad que uno tiene de que soy una persona fuerte, a la que no le va a pasar nada, las cosas malas le pasan a los demás, las cosas raras le pasan a los demás, a mí cómo me va a pasar… eso sí se rompió, y eso sí lo tengo yo interiorizado.

Aprovechar más el tiempo, la vida…

Eso siempre lo he tenido muy claro, lo que pasa es que no todo el mundo está de acuerdo con mi manera de aprovechar el tiempo. Siempre he tenido claro que el tiempo hay que aprovecharlo lo que pasa es que yo seguramente soy una persona aburrida. Es que yo disfruto mucho en mi casa estando con mi música clásica puesta, leyendo un libro o escribiendo. Yo no necesito estar en grandes fiestas, ni necesito hacer grandes viajes.

También le encanta coleccionar objetos, esa afición por las miniaturas ¿que denota?

Denota ganas de conocer lo que realmente no puedes conocer. A través de las miniaturas estoy matando esa curiosidad de que yo el Taj Mahal por mucho que me lo expliquen, si no lo toco no voy a saber cómo es y como no lo puedo tocar tal como es, porque el tacto eso no lo abarca, pues una reproducción sí me da una idea de cómo son las cosas. Y eso es lo que persigo, me gusta. Es un poquito irracional también, pero eso es de las cosas menos irracionales que yo tengo. Hay otras cosas que son absolutamente irracionales, que no las sabes explicar.

Por ejemplo su gusto por la colección de sables y cuchillos, ¿tiene alguna explicación racional?

(Risas) Esa sí es irracional, no sabría decir por qué. Por que además soy una persona en absoluto violenta, y no lo digo como una virtud, que a lo mejor lo es, lo digo como un atributo personal de siempre. Yo no recuerdo haber tenido nunca ninguna pelea, ni siquiera de niño, en plan partirse la cara con nadie. No soy para nada una persona violenta. Tampoco soy una persona morbosa, y sin embargo, el tener un machete entre las manos es una sensación que me agrada. No pienso en cortarle el cuello a nadie, simplemente me gusta.

Lo que no ha cambiado es su obsesión por el picante. ¿Le influye en el carácter una comida con o sin picante?

No, eso es herencia. Mi padre era gallego, además era muy buen cocinero y le gustaba muchísimo el picante.

“El afiliado debe sentirse protagonista”

Puedo pedirle que elija el momento más gratificante de estos ocho años como subdelegado territorial en Andalucía.

Es muy difícil, porque en la gestión, por lo menos como yo la concibo, lo fundamental es el trabajo del día a día. Momentos gratificantes hay cuando después de haber trabajado mucho, y de haber peleado mucho con la gente, un sorteo extraordinario o un cierto ciclo de sorteos lo cerramos bien o por lo menos mejor que la media. Pero soy una persona bastante fría, con lo cual eso de los momentos especialmente importantes o especialmente gratificantes, conmigo no va mucho, soy más de persona del día a día, de la pelea del día a día y sé que hay cosas que se han conseguido que son importantes y seguramente gratificantes, pero yo me quedo más con el conjunto que con una cosa en concreto.

Y con qué ánimo asume ahora la presidencia del Consejo Territorial. ¿Qué espera de esta nueva etapa que se abre y a qué aspira con esta nueva responsabilidad?

Pues con todo el ánimo, porque como te decía al principio soy una persona que me ilusiono con las cosas. Y ya me he ilusionado con la presidencia del Consejo, igual que me ilusioné en su momento con la educación o con el trabajo del Consejo General, o con el trabajo aquí en la Delegación Territorial. Lo asumo con mucha ilusión, de hecho ya estoy pensando y escribiendo cosas que hay que hacer, planes que hay que poner en marcha. En fin, espero que, personalmente cuando menos, me vaya igual de bien que en mis otras etapas. Y personalmente me ha ido muy bien, me he sentido muy a gusto y muy bien con la gente que ha trabajado conmigo. Y eso es lo que espero del Consejo.

¿A qué aspira? ¿Qué espera de esta nueva etapa? ¿Cuál va a ser el estilo de Ventura Pazos como presidente del Consejo?

Yo aspiro en primer lugar a que el Consejo sea reconocido como un órgano cercano a los afiliados, útil, que se tenga conciencia de que el Consejo Territorial trabaja todos los días porque las cosas para los afiliados vaya mejor o que por lo menos seamos capaces de que el afiliado tenga un canal por el que pueda expresarse o pueda llegar a proponer y, en muchos casos si es posible, a ver cómo se consiguen ciertos avances que no tienen por qué ser muy significativos pero pueden suponer un avance. Que estemos muy cerca de los afiliados y también espero que el Consejo siga teniendo una presencia importante en el sector de la discapacidad. Ése es un ámbito muy importante en el que la ONCE ha hecho muchísimo durante estos años, pero en el que no podemos dejar y tenemos que ir un poco con esa humildad que hay que ir cuando vamos a los sitios, saber que el hecho de que podamos estar con el resto del sector de la discapacidad como uno más es lo que nos va a hacer fuertes. Ahí tenemos que jugar ese papel importante.

Cree que el afiliado ¿debe sentirse más protagonista de la ONCE?

El afiliado debe sentirse protagonista, no más, sino protagonista. Y el órgano que permite que el afiliado pueda ser protagonista en la ONCE es el Consejo Territorial. Por eso algunos de los proyectos que tenemos van precisamente en esa línea, en ser capaces de crear los canales de comunicación y de expresión suficientes como para que el afiliado se sienta cómodo pudiendo decir lo que quiere decir y que nosotros también nos sintamos cómodos estando con el afiliado y diciéndole muchas veces lo que sí se puede, lo que no se puede y peleando con él para que, a lo mejor, pequeñas cosas vayan mejorando y que dentro de cuatro años dejemos una situación en Andalucía, en la ONCE en general, mejor de la que tenemos ahora.

Por último, y sin acritud, ¿cree que le va a dar tiempo al F.C. Cádiz a llegar a primera división en estos cuatro años de mandato?

Pues, eso va a ser complicado (risas). Yo no soy del Cádiz porque estuviera en Primera en su momento. Cuando empecé a sentir que realmente era del Cádiz fue cuando bajamos a Tercera y a partir de ahí, hemos tenido una historia bastante irregular. Lo que pido es que el Cádiz no pierda esa idiosincrasia que tiene de ser un equipo que es capaz de lo más grande y de lo más miserable, que siga manteniendo la afición y ese carácter. A partir de ahí, pues uno es consciente de que una ciudad como Cádiz puede que en algún año esté en Primera, pero lo normal no es eso, no vamos a llegar a la Champions, ni a la Europa League. Pero ahí estamos. Uno se ilusiona con que pueda entrar en la liguilla de ascenso y si no es verdad pues durante tres días estaré un poquillo más triste, pero bueno, ya será para el año que viene.

Ventura Pazos
Luis Gresa