Julio Cuder, músico: “Para cantar bien el blues hay que haber sufrido antes”

Julio Cuder en el escenario durante uno de sus conciertos con su actual grupo 'Babel Experience'

Julio Cuder (Sevilla, 1953) respira acordes y transpira blues. Canta en inglés en Sevilla acompañado de su guitarra y de su grupo ‘Babel Experience’. Cuenta con una trayectoria impresionante sobre los escenarios. Ciego desde los 14 años fue trabajador incansable de la ONCE, desde vendedor del cupón hasta jefe de Servicios Sociales o director de diferentes Agencias. No le teme a nada más que al propio miedo. Elimina las barreras que se va encontrando a golpe de palabra. Desde hace un mes cuenta con un programa de radio en el que habla del cuarto arte y también de discapacidad. Curioso por naturaleza, vitalista y con una verborrea envidiable vive su vida con la música como telón de fondo.

¿Cuál fue la primera canción que marcó su vida?
Realmente no hubo ninguna primera canción. Lo que se oía en la calle y en mi casa era folclore, flamenco, y eso me aburría un poco. Cuando llegué al colegio de la ONCE, a los 5 años, escuché por primera vez a la rondalla. Tocaban desde la azotea. Me asombró como sonaban en directo. A partir de ahí empecé a aficionarme.

Descubrió el sonido de los instrumentos de cuerda y ¿se enamoró? Lo que me gustó fue el timbre. Después, recuerdo, que en una feria, montado en los cacharritos, que se dice por aquí, estaban poniendo música de los Beatles y eso me llegó. Y ahí ya si que la música empezó a engancharme.

Luego vino el conservatorio, ¿Qué aprendió en esos años?
Solfeo y violín. Y luego en Madrid seguí con el violín y también con percusión

¿Se graduó?
No. La carrera de violín tenía 8 años. Yo llegué hasta sexto y lo dejé. Siempre me gustó la guitarra eléctrica, y en ese momento la tocaba como un loco. Ya a los 11 años escuchaba a Jimmy Hendrix y a guitarristas que hacían cosas increíbles. El violín, me gustaba, evidentemente, pero quería ir más rápido. Me pareció que en el conservatorio no me iban a enseñar a improvisar sino a memorizar y a leer partituras.

Y ¿qué hace un sevillano como usted cantando en inglés?
Porque la sonoridad de la voz está muy relacionada, en el plano musical, con el idioma. Cada idioma tiene una musicalidad. Y si cantas blues, como yo lo hago, creo que debes hacerlo en inglés.
Y se siente cómodo cantando blues…
Hay quien dice que quien canta bien el blues es porque ha sufrido. También dicen eso del flamenco.
¿Y cuál fue ese punto de inflexión para usted? ¿Qué le hizo cantar blues?
Siempre he cantado, pero lo primero para mí era tocar la guitarra. De pronto empecé con el blues y la gente me dijo: “Es mejor que cantes, que toques la guitarra”’ (risas). La gente decía que tenía voz de negro. Y traté de hacerlo bien. Porque cada cosa que he hecho he tratado de hacerla bien, buscar la perfección.
¿Qué es Babel Experience?
Es el grupo en el que estoy tocando ahora. Y se llama Babel porque somos gente de distintas procedencias y con distintas experiencias, de ahí el nombre.
“Me gusta el reconocimiento callado”
¿Qué se siente encima de un escenario?
Yo me siento cómodo. Cuando empiezo a hacer la música siento un poco de tensión, luego ya me siento como en mi propia casa, pero mejor, porque en realidad estás compartiendo con un montón de gente. Me encanta la interacción esa. Me gusta hacer la música del momento. Coger la guitarra y tratar de mostrar y transmitir lo que tú sientes en ese momento. Eso es muy difícil.

¿La inspiración le pilla trabajando o dónde la encuentra?
Había alguien que decía: “Para improvisar este discurso necesito tres meses de preparación”. Y es totalmente cierto, siempre para improvisar se necesita una base de preparación.

¿Alimentan los aplausos?
Claro que alimentan. Pero a mi más que el aplauso en sí, me gusta la interacción, la vibración de la gente, el reconocimiento callado, la predisposición.
¿Y en el escenario ser ciego suma o resta?
Sobre el escenario ser ciego es un hándicap. No vamos a decir que ser ciego te facilita las cosas. Ser ciego en un escenario te puede limitar muchísimo, pero se buscan los medios para solucionarlo.
Durante años compaginó la música con su trabajo en la ONCE y creo que sus mejores años en esta Casa fueron al frente de los Servicios Sociales…
Yo he estado siempre trabajando en la ONCE y siempre me he sentido muy a gusto. ¿Por qué? Porque creo que he estado en los momentos, desde mi punto de vista, claves. Momentos de dificultad. Y eso fue para mí un reto. Me encantó. Cuando llegué a Cupón, por ejemplo, llegaron las aplicaciones informáticas. Y siempre me ha gustado innovar. La gente se niega a la innovación, se niega al cambio. Y es realmente por miedo a lo que le puede venir. Por falta de confianza en si mismo.
“Soy un guerrero, un luchador”
Precisamente, hay quien le define sin miedo a nada. Es su turno, ¿cómo se define usted?
Pienso que miedo, tengo. Pero el miedo es superable e incluso puede ser placentero. Pero si he de etiquetarme, yo soy un guerrero, un luchador. El miedo me lo como.
¿Hay algo que le venga grande Julio?
Me viene grande todo lo que no conozco hasta que logro comprenderlo por fin.
¿Y Sevilla se le queda chica?
No, de verdad. De todo te puedes cansar y en cualquier sitio puedes sentirte cómodo. Sevilla es una ciudad en la que hay mucho por hacer. Sobre todo con la gente. En Andalucía la educación brilla por su ausencia. Y la educación es la base para todo.
Tiene, desde hace un mes, un programa en Radiópolis en el que habla de música pero también de discapacidad, ¿pone voz a los que no ven? Y no me refiero a los ciegos.
Es difícil mentalizar a la gente. Porque si viajas fuera de Sevilla te das cuenta que cada país tiene su historia y su punto. Pero en nuestro país hay un lastre contra el que hay que luchar. Aquí tenemos la percepción de que si nos colamos en un sitio, o no pagamos la entrada, somos listos, somos chulos. Si sacamos el título sin haber estudiado o llevamos una chuleta en el examen es fabuloso. Hay que acabar con esa historia. Falta concienciación.
¿Y con respecto a la ceguera también hace falta concienciación?
Pues si. Lo primero de todo, nosotros, los ciegos, debemos dejar de pensar que somos el ombligo del mundo. Y eliminar el orgullo. Existe el caso de muchas personas ciegas a las que las quieren ayudar y les molesta esa ayuda. Eso hay que eliminarlo.
Sé que devora libros, ¿cuál sería su top five literario?
Puff, yo qué sé. Depende de la época me he interesado por cosas diferentes. Me han interesado los libros de aventuras, cuando era pequeño leía a Don Camilo, me han interesado también los libros de psicología… Ahora estoy leyendo un libro que tiene un título un tanto extraño ‘Escrito en las rocas. Grandes catástrofes y antiguas civilizaciones’ de Robert M. Schoch. Y es muy interesante porque el tío se ha documentado muy bien. Habla de la tectónica de placas. Pero siempre quiero más, porque hay muchas limitaciones y a mi me gusta saber. Resolver eso de de dónde vengo y a dónde voy.
Un curioso por naturaleza.
Si. Yo rompía los juguetes para saber que tenían por dentro.
¿Los buenos amigos se cuentan con los dedos de una mano?
Cuando eres pequeño piensas que tienes muchos amigos. Ahora puedo decir que tengo muchos conocidos. Gente que te quiera hay poca. Y que te admita y que te soporte, poca.
Siempre va a acompañado por su perro guía, ¿el perro es el mejor amigo del hombre?
(Risas) Los perros son increíbles. Son animales muy nobles, aunque te portes mal con ellos no te guardan rencor.
Tengo una enorme curiosidad Julio, ¿es casualidad que un perro que se llama Tuno acabe siendo el perro de un músico que se inició en la rondalla?
(Risas) Es curioso, si. Pero lo de Tuno le viene por Tunante, eh.
¿Le acompañará su guitarra hasta el final?
Si. Me acompañaran mi guitarra y la música. Y espero poder impresionarme, hasta el final, con cualquier cosa.
Ya para terminar, ¿hay Julio Cuder para rato?
(Risas) Eso espero, a mi me encantaría seguir, simplemente, viviendo.

Cartel promocional del grupo de Julio Cuder, 'Babel Experience'

Esther Romero