Lola Morón Rebel, pintora, humanista, malagueña: “Un artista lo es por su obra”

Lola Morón junto a una reproducción de Las Meninas de Velázquez
Como una auténtica humanista del Renacimiento, Lola Morón (Málaga, 1954), afiliada a la ONCE desde hace 12 años, dedica su vida a las artes. Pintora, escultora, ha expuesto su obra desde Madrid a Miami. Con un coraje y una fortaleza increible, a esta malagueña no le frena nada. Fundadora del grupo Arte-Integración, aboga por conseguir que un artista destaque por su obra no por su discapacidad.

Malagueña de nacimiento, siempre le gustó pintar… ¿de dónde le viene esa pasión por el arte?
De siempre. En mi casa mi padre tenía mucho contacto con Remigio del Toro, que también era malagueño. A mi padre le gustaba la pintura, la poesía… y en casa siempre ha habido mucho artisteo. Había reuniones y se hablaba de cosas de arte. Lo que nadie hacía en aquellos tiempos. Leíamos muchos libros, recitábamos poesía, escuchábamos flamenco…

¿Quién, entonces, la enseñó a manejarse con el lienzo?
Fui, en ese sentido una autodidacta. Empecé yo sola, como una afición. Luego tuve a una profesora que me enseño técnica. Y luego, un pintor de renombre, malagueño, que ya ha desaparecido, Robles Muñoz, me introdujo sobre todo en el retrato y en el hiperrealismo. Tuve la enorme suerte de que me diera clase. Aprendí con él la gama cromática en óleo, a mezclar los tonos, y a pulir mis dibujos. Porque un pintor que no sepa dibujar, pues como que no puede hacer nada.

Hace 12 años perdió la vista ¿eso le cambió la vida?
En un principio, si. Empecé a hacer meditación y poco a poco empecé a aceptar. Pero fíjate, por esa época murió mi padre y estuve más desesperada por eso que por lo mío. Me di cuenta que había tenido que morir mi padre para que yo empezara a aceptar mi situación y entendí que a pesar de haber perdido la visión tenía que vivir. Sabía que lo tenía que aceptar. Porque si no aceptas tu propia vida, ¿cómo vas a estar en paz contigo misma? Este era, al fin y al cabo, mi destino. Porque yo creo firmemente que cuando nacemos cada uno traemos colgada una mochila con una película que se va a desarrollar quieras tú o no quieras. Entonces más vale que te aprendas bien el papel y lo desarrolles bien, antes de no saber representarlo, es una estupidez.

“Un artista no tiene porque ir diciendo que le falta una mano, que no ve, que va en silla de ruedas… Si eres un artista, eres una artista, y si no lo eres, no lo eres”

Antes de todo eso, durante 24 años fuiste matrona, ¿con qué te quedas de esos años?
Con todo. Porque a día de hoy sigo yendo al materno y me siento como si trabajase allí. Yo no me siento que estuviera jubilada de mi trabajo porque, afortunadamente, he dejado grandes compañeras, de ésas que a lo mejor no veo en años, pero coges el teléfono y parece que hubiera hablado con ellas el día antes.

Es además, madre de cuatro hijos… lo suyo es alumbrar grandes obras…
(Risas) Puede ser. Siempre me gustaron las familias grandes. Yo vengo de una familia de cinco hermanos. Creo que los hijos dan mucho trabajo y traen consigo un componente emocional en un que uno no cae cuando tiene 20 años y piensa que si tienes dinero para educarlos y darles buenos colegios es que estás preparado. Pero nadie habla de la parte emocional, de cuando son grandes, y se enfrentan a cosas que tú no les puedes ayudar, eso se nos escapa cuando somos jóvenes. Yo creo que los hijos dan más alegrías que penas, por lo menos los míos. Yo me siento muy querida por mi familia.

¿Qué le inspira su familia?
Mi familia a mi me inspira todo. El levantarme con alegría por la mañana, el hacer una comida rica que yo sé que les va a gustar… el poner el árbol de navidad. El hacer borrachuelos con mis nietos, como hicimos hace tres días…

¿Pinta recuerdos?
Depende. Si pinto por impresionismo, si, y plasmo como yo veo las figuras, las flores, los árboles… Si la obra es realista, no, no puedo pintar de recuerdo. Lo que más me obsesiona de la pintura son las figuras, sobretodo la mujer desnuda, será por mi profesión de matrona.

¿De sus obras cuál es su favorita?
Pues tengo un cuadro que se llama ‘Lluvia bicolor’, que es monocromático en tonos azules, totalmente impresionista. Y otra obra, que está precisamente en la Dirección Administrativa de la ONCE en Málaga, en el despacho de Cristóbal, que es una alegoría a la vida.

El método es obligado cuando hablamos de pinceles ¿cuál es el suyo?
Primero plantearte qué quieres hacer, luego dibujarlo y luego pintarlo. Yo tengo un taller enorme y allí trabajo con mis lienzos.

Tengo entendido que realiza copias de autores, pero que también trabaja por encargo…
Bueno, por encargo exactamente no. Yo lo que he hecho, por ejemplo, de retratos de Vírgenes, han sido donaciones. Yo me he criado en la calle Pelayo, desde donde sale la Zamarrilla que es la Virgen, junto al Cautivo, más emblemática de aquí de Málaga. Y yo he hecho una donación porque para mí es un honor que la Cofradía de la Zamarrilla, que yo me he criado enfrente, tenga en su museo un cuadro mío. Eso para mí tiene más valor que el dinero.

“Cuando llegan los problemas hay que solucionarlos no tirarse en una cama a llorar”

Pero lo suyo no es solo la pintura sino el arte, ya que también se dedica a la escultura y promueve, además, un grupo: Arte-integración… ¿por qué este proyecto?
Este proyecto surge porque nos llaman del ayuntamiento para hacer una exposición de artistas con discapacidad y eso nos sentó mal porque no se nos trató como artistas. Porque un artista no tiene porque ir diciendo que le falta una mano, que no ve, que va en silla de ruedas… Si eres un artista eres una artista, y si no lo eres, no lo eres. Da igual tu condición física. A partir de entonces nos pusimos en contacto con distintos ayuntamientos de Málaga, y en el Ayuntamiento en el que sentimos que se nos trataba adecuadamente, que fue el de Antequera, dijimos: adelante. Todo fue muy fácil. Nos ayudaron mucho y montamos una exposición. Ahora mismo nosotros buscamos una proyección a nivel europeo, pero poco a poco. Primero hay que empezar por nuestra tierra. Por eso Arte-Integración tiene un sitio en internet, y esperamos que al año que viene comiencen a venir artistas de otros sitios. Este es un proyecto aún muy joven que tiene que ir dándose a conocer.

A título personal has expuesto en Madrid, Miami… más de 300 obras ¿es difícil ser artista? Moverse en ese mundo…
No, para mi no lo ha sido. Yo creo que en arte lo que cuenta no es ser el mejor, sino que tu obra guste. Yo a lo mejor soy la pintora más mala del mundo pero creo que a la gente le gusta mi obra.

Pintar sin ver es casi como pintar sueños, ¿qué sueña usted?
Yo sueño… conseguir que mi obra guste. Me pongo a pintar y me digo: “Este me va a salir perfecto”. Siempre pienso en positivo. Soy una persona muy positiva.

En cuestión de arte ¿hay que tener perspectiva?
En cuestión de arte lo que hay que tener es suerte. Y que guste tu obra. Porque ahí tienes a Van Gogh, que murió hecho un desgraciado.

A parte de la pintura es una apasionada del yoga, de la natación… e incluso de los bailes de salón, ¿no le frena nada?
A mí no, nada. Tengo a mi marido que me acompaña en todo. Es que yo no tengo ningún problema. Bueno, los tengo como todo el mundo, pero cuando llegan los problemas hay que solucionarlos no tirarse en una cama a llorar. Hacerlo es ser una egoísta.

¿Cuál es tu mayor virtud?
La paciencia.

Última pregunta. Se acaba ya el 2010, ¿un deseo para el próximo año?
Mucha paz y amor para todo el universo y para mi familia, porque tenerlos a mi lado lo cura todo.


Esther Romero