Juan Miguel Ramos, ‘El Plazoleta': “Más de uno no me llama por ser ciego”

Juan Miguel Ramos Acevedo, 'El plazoleta'. Guitarrista flamenco, afiliado de la ONCE, sobre un escenario, tocando su guitarra

Guitarrista flamenco de casta. Hombre cercano, de su tierra, Juan Miguel Ramos “El Plazoleta” (Jerez de la Frontera, 1978) no tiene pelos en la lengua. Ciego de nacimiento y vendedor de cupones de la ONCE desde hace más de veinte años, se enfrenta diariamente a las “barreras” del mundo del flamenco con los acordes de su guitarra. El III Festival de Flamenco ONCE Andalucía premiará en noviembre su trayectoria.

Su nombre completo es Juan Miguel Ramos Acevedo, y sin embargo todos le llaman “el Plazoleta”, ¿quién le bautizó con el nombre artístico?
Yo mismo. Porque al lado de dónde vivía de niño había una plazoleta dónde yo jugaba. Cuando empecé a andar solo con el bastón mi parada era la plazoleta. Mis padres preguntaban: “¿dónde está el niño?”. Y yo estaba siempre en la plazoleta. Total, que cuando empecé en el mundo artístico me bauticé a mi mismo como “Juan Plazoleta”. Y así se ha quedado.

Se bautizó solo, pero ¿ha tenido usted padrinos?
¿En el mundo artístico? No, en absoluto. Para que nos vamos a engañar… (Risas)

Nació en Jerez de la Frontera, cuna de muchos de los grandes en el flamenco, ¿se puede decir que la calle fue su escuela?
Si, en cierto modo sí. Como artista tengo mi vena jerezana y también sanluqueña, porque es donde yo me he criado. Pero llevo de vendedor desde que tenía 19 años y eso también enseña.

Según me cuentan sus primeros pasos fueron al cante, ¿cuándo decidió que lo suyo era la guitarra?
Pues verás, a los 9 años ya empecé a aprender a tocar la guitarra. Pero no ejercía como acompañante de cantaores ni daba conciertos ni nada. Me dedicaba más a cantar y al mundo de las sevillanas. Pero en 2002 decido que lo mío es la guitarra y lo compagino con la venta del cupón. Porque de la guitarra desgraciadamente no se vive. Hablo con artistas amigos míos que viven de esto y me lo han dicho, “Quillo, tú te puedes llamar dichoso”. Y digo, pues es verdad.

“Con el flamenco no hay que precipitarse”

¿Se considera entonces afortunado?
Hombre, yo creo que si.

¿Se lleva al flamenco con usted cuando reparte la suerte?
A veces, si. Pero lo que sí que me llevo es alegría. El mes pasado, el 13 de septiembre, por ejemplo, dí el premio. Diez cupones.

Y además de dar premios también los ha recibido ¿qué significan para usted esos premios?
Figúrate…Yo diría que son muy apropiados para mi carrera. He ganado el trofeo Diego Gómez, en Sanlúcar. Gané el concurso Noches de Bajo de Guía, un premio al mejor acompañamiento de guitarra. He ganado, también, el segundo Premio de Jóvenes Valores Flamencos de la Fundación Domínguez Lobato, en Sanlúcar… Y, bueno, el mes que viene, el día 19 de noviembre recojo el segundo premio de la Bienal de Arte Flamenco de Granada que lo da la ONCE. Pero yo no quiero correr con estas cosas, lo que tenga que venir vendrá. Y poquito a poco. La verdad es que me siento reconocido y respaldado por el público. Yo tengo mi público. Pero podría sentirme más respaldado.

¿Cree que en el mundo del flamenco se le discrimina por ser ciego?
En parte si. Yo tenía antes una serie de cantaores flamencos que me llamaban y de buenas a primeras me han dejado de llamar. A lo mejor me estoy equivocando. Y ojala me esté equivocando. Pero yo creo que más de uno me ha dejado de llamar por la impresión de que yo estoy ciego y que yo necesito más ayuda que otros.

¿Pero ser ciego es realmente el problema?
No. Yo creo que es más un problema social. Sobre el tema de las barreras, el otro día en una conferencia en Sevilla dije que queda aún mucho por hacer en este sentido. Porque cuando escucho eso de “un mundo sin barreras”, pues yo puedo decir, señoras y señores, que a día de hoy me estoy encontrando cada día más barreras.

¿Y las cosas, tal y como están, tienen solución?
Si todo el mundo ponemos de nuestra parte, si. Aquí todo el mundo tenemos que colaborar. Hay que seguir trabajando.

Precisamente en su trabajo, cara al público, se enfrenta tanto a los aplausos como a la crítica, ¿Cuál ha sido la mejor crítica constructiva, si es que las hay, que ha recibido usted?
Como artista ha habido muchas críticas. Criticas destructivas no he tenido, pero constructivas, como dices, si. De parte de flamencólogos amigos míos de Cádiz o de Jerez, como Domingo Rosado, o Pepe Rosas. O por Internet, también he ido escuchando comentarios sobre mí y me quedo con la impresión de que la gente ve que voy evolucionando. Yo hago lo que puedo, pero me gusta que lo diga el público, yo eso no lo puedo decir.

“La guitarra es una cosa que hay que estudiar todos los días, nunca se acaba de aprender”

¿A quién tiene que agradecerle más en su trayectoria profesional?
Hay cantaores que me apoyan y ayudan mucho. Como es el caso de Prospin, el Nono, Manolo Clarita… Yo es que le he tocao a muchos cantaores. Y también de fuera como puede ser Manuel Vera Quincalla, o Antonio Ortega, por ejemplo… Y no me quiero olvidar tampoco de una compañera, genial cantaora y genial persona, que es mi comadre, Rocío Márquez Limón, de Huelva, que hace dos años ganó la Lámpara Minera en la Unión. Y la verdad es que somos muy amigos, yo la quiero mucho, y es como si fuéramos hermanos. Y ahora que he dicho lo del concurso de guitarra de la Minas de la Unión tengo que decir que he quedado tercero este año allí.

Dicen Juan, no sé si es cierto, que los guitarristas apenas ensayan, que al final el duende sale solo, ¿cuántas horas dedica a la guitarra? ¿La inspiración le pilla trabajando?
(Risas) Yo con la guitarra hago lo que puedo, porque como también tengo mi trabajo como vendedor, pues la cojo cuando puedo. Normalmente una hora al día, pero depende de las ganas que tenga ese día. Pero vamos, la guitarra es una cosa que hay que estudiar todos los días, nunca se acaba de aprender.

¿Cómo ve el panorama del mundo del flamenco hoy día?
El flamenco está ganando mucho terreno. El flamenco estaba muerto, pero hoy día está habiendo una nueva sabia, que los viejos ya lo están diciendo, la nueva sabia va pidiendo paso. Y sobre todo en la guitarra que ha habido una evolución gigantesca. Hay muy buenos tocaores hoy día.

Desde su experiencia, ¿Qué le diría a los jóvenes guitarristas que están empezando?
Adelante, solo adelante. Porque nos queda un largo camino por recorrer y me incluyo yo también porque yo también soy joven. (Risas)

Ya para terminar Juan, ¿Proyectos a la vista? A parte del premio de la ONCE que va a recoger en Granada el próximo mes…
Pues de momento no. Seguir trabajando y lo que vaya saliendo. Sigo con algunas letritas que escribo para algunos cantaores y lo que vaya saliendo. Lo que venga. Porque con el flamenco no hay que precipitarse, que torres muy altas se han venido abajo.

Esther Romero