Antonio Mejías: "El cante es mi vida" "El flamenco es una filosofía de vida"

Primer plano de Antonio Mejías con el fondo del cartel oficial de la Bienal de Flamenco
Cordobés de nacimiento, Antonio Mejías (Montilla, 1979) supo desde pequeño que el cante era lo suyo. Creció escuchando a artistas de la talla de Fosforito, Camarón, Caracol o Antonio Mairena. Afilado de la ONCE y con una deficiencia visual, cambió el vender cupones por subirse a un escenario. Ahora, triunfa con el espectáculo “Cierra los ojos y mírame”, obra con tintes biográficos del famoso “Ciego de la playa”, de la mano de la compañía Danza Mobile.

¿De dónde nace su arte?
Según me cuentan mis padres y mis vecinos, yo canto desde que tenía cuatro años. Prácticamente se puede decir que nací cantando.

¿Cómo le llega entonces el gusanillo por el mundo del flamenco? ¿Lo vivía en casa?
Si, porque a la hermana mayor de mi madre se la quiso llevar Rafael Farina cuando tenía 16 años. Pero lo que pasa con lo abuelos antiguos: que mi abuelo no la dejó. Ella cantaba muy bien, pero no se dedicó a ello, porque mi abuelo no la dejó. Cantaba para los amigos y para nosotros. Yo la miraba y a los quince años, parece que se me quitó un poco la vergüenza y empecé a cantar en un coro rociero. Allí duré unos meses. Y a raíz de ahí empecé a dedicarme al flamenco y a cantar en las verbenas de los pueblos. Hasta que me animaron a apuntarme al mundo de los concursos. Y a partir de ahí, de ir ganando premios y concursos, parece que van saliendo más cosas. Y ahí vamos. Poco a poco.

¿El ciego de la playa podría ser su alter ego?
Somos dos personas muy diferentes. Pienso que aquello fue una historia que está para estudiarla, y yo soy yo. A lo mejor me identifico un poco con el papel porque tengo algo de deficiencia visual.

¿Qué le sugiere el título de su espectáculo ‘Cierra los ojos y mírame’?

La verdad es que está muy bonito. Este espectáculo no vale que te lo cuenten. Hay que verlo.

¿La música o la palabra se han convertido para usted en un medio de hacer tangible lo invisible?
Si. Para mí la música y el cante es mi vida. He hecho de ella un medio de vida.

¿Qué hace un cantaor justo antes de salir al escenario?
¡Uy, yo tengo muchas manías, cómo los toreros! Por ejemplo, yo me suele tirar como media hora vistiéndome tranquilo, poniéndome bien alicataó, como yo digo. Y sobre todo tengo la manía de que cada vez que subo al escenario me persigno tres veces y salgo con el pie derecho.

“En el escenario me transformo”

¿Se piensa en algo cuando se está cantando?
Se piensan muchas cosas, pero sobre todo, se piensa en transmitir lo que en ese momento se está cantando para llegar al público. Yo soy de las personas que cambio mucho de un ensayo a cuando me subo al escenario con un público delante. Me transformo.

¿Cuándo supo que prefería el cante al cupón?
Desde que entré a vender cupones. Supongo que las ansias quitan las hambres chiquilla.

¿Le da miedo el paso de los años?
Sí, un poco sí. Voy por los treinta y un años y da un poco de miedo. Pero la verdad, estoy contento de cómo me están viniendo las cosas, y te digo una cosa, no me importaría volver a vender cupones de nuevo, la verdad.

¿El flamenco es una filosofía de vida?
Sí, por supuesto.

¿Tiene alguna pega dedicarse al cante?
No, todo lo contrario. Te aporta muchísimo a tu vida, a tu bienestar… Con el flamenco se trasmite tanto que lo echas todo.

¿A qué saben los aplausos?
En el mismo momento parece que te da corte. Luego cuando lo analizas te das cuenta de que necesitas el aplauso del público. Yo creo que sabe a gloria, a satisfacción. Aunque siempre te quedas con el gusanillo ese de “puedo superarme”.

Si el flamenco no hubiera entrado en su vida, ¿a qué se dedicaría hoy?
Seguiría vendiendo cupones. O sería futbolista… (Risas)

¿Quiénes han sido sus maestros para hacerle el artista que hoy es?
Los maestros, en cuanto a referentes para escuchar, porque maestros yo no he tenido. Yo nunca fui a una escuela, ni fui a un maestro a que me enseñara. Simplemente yo en casa escuchaba los referentes que se me han dado. Como a Manuel Torres, Antonio Mairena, Fosforito, Camarón de la Isla, Manolo Caracol, Tomás Pavón, La Niña de los Peines… Siempre me voy a identificar con algunos más que con otros. Para mi, Fosforito, Camarón, Caracol y Antonio Mairena han sido los cuatro en los que yo más me he fijado.

¿Cantaría para la Niña de los Cupones?
No la conozco, pero sería un placer.

¿Cuál ha sido su mejor momento encima de un escenario?
Esta pregunta es muy difícil, porque ha habido varios momentos en los que me he sentido muy feliz, muy bien tratado… Sería muy difícil elegir un solo momento.

“Vivo el presente y subo escalón a escalón”
¿La sociedad parece que ha olvidado el flamenco, o al revés?
Todo lo contrario. El flamenco está ahora en el mejor momento de su historia.

¿En tiempos de crisis el arte es la salida?
Quizá. Yo creo que hemos llegado al extremo de crear nosotros la crisis. Los artistas han querido cobrar más de lo establecido. El flamenco siempre ha sido hambre. Se ha cobrado poco y se ha trabajado mucho. Si la cosa está mal quizá es porque algunos artistas están cobrando demasiado.

¿El flamenco está en venta?
Depende. El flamenco se vende, pero el flamenco se da.

¿Se puede combinar la comercialidad con la calidad?
Ahí me has pillado. Es difícil. El flamenco tradicional no tiene nada que ver con el flamenco más comercial que hay hoy. Hay que separar una cosa de la otra.

Arcángel cantaba en una de sus letras, “que nadie me dé consejos que yo me equivoco solo”, ¿equivocarse es importante?
Si. Porque los consejos se cogen, depende de quien vengan, pero al final es uno mismo el que tiene que seguir pá lante y tomar su trayectoria, su camino. Y si se equivoca, pues se equivoca uno.

Imagine el futuro. ¿Qué ve?
Soy una persona que suele vivir el presente. El futuro lo miro, porque hay que ir siempre mirando para arriba, pero prefiero vivir el presente e ir subiendo escalón a escalón. Poquito a poco.

Una palabra que le describa.
Corazón.

Si han de ponerle una etiqueta, ¿cuál prefiere: la de nuevo cantaor o de la vieja escuela?
Suelo ser de la vieja escuela… pero me gusta la idea de nuevo cantaor. Porque también tengo algo personal.

Última pregunta, imagine ahora esa escalera, ¿sube o baja?
Prefiero subir. Nunca un paso atrás.

Esther Romero