Manuel Domínguez: "Yo perdono el pasado"

Primer plano de Manuel Domínguez durante su entrevista

Tiene 96 años y una mente lúcida y brillante. Fundador de Juventudes Socialistas en Huelva en 1929, las tropas fascistas intentaron matarle en el 36. Pero no guarda rencor. Su legado es una lección de tolerancia, honradez, dignidad y respeto. Catedrático de Contabilidad Aplicada por la Universidad de Huelva y de Empresariales por la Universidad de Sevilla, se muestra muy pesimista con la situación política y económica del país. El 4 de junio recibe la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en la categoría de Enseñanza de manos del vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves.

Perdone que se lo recuerde. A usted la llamada Escuadra Negra de las tropas falangistas le intentó fusilar un 11 de noviembre de 1936. Cuando iban a proceder a su ejecución, Leopoldo Mora, un mando destacado de Falange, ordenó que le borraran de la fatídica lista.
Este hombre, Leopoldo Mora, que era el jefe de la Falange, estudió conmigo en el colegio San Casiano interno, ingresó el mismo día que yo, tuvimos mucha amistad hasta que ha muerto. Este era su jefe de Falange, fue el que me salvó. Siga usted.

Tenía usted 23 años. ¿Ha podido olvidarlo? ¿O no ha querido olvidarlo?
No lo puedo olvidar, aunque no le guardo rencor a nadie, pero olvidarlo… esas cosas ¿cómo se van a olvidar?

¿Supo realmente por qué quisieron matarle y por qué se libró de la muerte?
Le voy a decir a usted. Mi padre, José Domínguez Bermúdez, era vicepresidente de la Diputación cuando estalló la guerra. A mí la política no me ha gustado nunca porque yo veía que mi padre, entre otras cosas, los mayores enemigos los tenía dentro de su propio partido, que era el Partido Socialista. Eso me hizo que yo aborreciera la política. En aquel momento no estaba afiliado a nada, pero como mi padre estaba en Jabugo y no lo pudieron coger a él, me cogieron a mí. Me iban a fusilar y mi familia llamó a Leopoldo, que llegó en el momento de subirme al camión. Me libré por su amistad.

Su historia es la historia de tantos españoles que fueron víctimas por defender sus ideas, sucumbieron al terror y al horror de la sinrazón.
Claro, claro, claro, murió muchísima gente.

Me dicen sus hijas que esta situación tan dramática nunca condicionó su vida posterior, que ni siquiera ha sido objeto de tertulia en casa. ¿Cómo lo ha hecho? ¿Cómo consigue crecer sin transmitir a sus hijas el menor sentimiento de recelo?
Rencor nunca. Eso es carácter. He sido siempre una persona muy tolerante. Yo estaba en el pueblo y allí había gente de derechas y de izquierdas. Esa ha sido mi actitud siempre, querer llevarme bien con todo el mundo y no destacarme por nada.

“Remover las sepulturas es contraproducente”

¿Qué siente cuando ve que el sindicato ultraderechista Manos Limpias, con el apoyo de Falange Española, ha conseguido llevar ahora al juez Baltasar Garzón al banquillo de los acusados?
Mire yo en eso no me quiero meter mucho. Porque veo que Garzón tiene cosas buenas y cosas malas ¿sabe? Ni me preocupo mucho de eso, porque ya le digo que no me gusta la política.

Lo mejor de la Transición fue precisamente la reconciliación, un ejemplo de cómo reparar heridas y construir desde la unidad. Recuperar ahora la memoria histórica, ¿cree que es un paso atrás?
Yo creo que sí. Empezando por mí. Tenga en cuenta lo que ha pasado a mi padre, lo que he pasado yo. Yo no quiero hablar del pasado, lo perdono. Y no moverlo porque removerlo es peor. Mi actitud en este momento es que eso no se de debe tocar nada. Es lo que yo pienso.

Cree entonces que el Gobierno debería pasar página.
La cuestión de la guerra olvidarla, entre otras cosas porque hubo un acuerdo y una amnistía. No sé porque quieren remover eso ahora. Remover las sepulturas ahora es contraproducente. Pero yo no me quiero meter en eso.

Pocos meses antes de aquel triste episodio había obtenido usted el primer puesto de la oposición de Magisterio que quedó sin efectos por culpa de la guerra civil. Después volvió a opositar en 1942 y logró el número dos. Es usted un luchador nato.
Tengo once títulos académicos. Ahí está mi currículo. Lo primero que estudié fue Magisterio. El Plan de 1914 que hizo Romanones era muy bueno y muy pedagógico. Terminé los estudios en el 32, recién estrenada la República. Era un alumno destacado. En Magisterio saqué matrículas de honor en todas las asignaturas. Pero nunca pensé en quedarme en maestro. Y me salí con la mía. Yo jamás dí clase en una escuela de primera enseñanza, lo que hice fue dirigir el grupo escolar, pero darle clase a los niños no dí ni una.

No se conformó con ser maestro.
Los que éramos maestros podíamos pasar a Escuela Normal Superior de Maestros donde se formaban los maestros para ser catedráticos de las provincias. Mi idea era estudiar allí. Pero como terminé en el 32 y la República vino en el 31 quitó la Escuela Normal Superior y creó la Facultad de Filosofía y Letras, sección de Pedagogía, ahí empecé a estudiar y ahí me cogió la guerra.

“No se deben subir los impuestos”

Usted es economista y ha sido interventor judicial en expedientes de suspensiones de pago. Catedrático de Empresariales por la Universidad de Sevilla y de Contabilidad Aplicada por la Universidad de Huelva. El recorte masivo del gasto público, la bajada del sueldo de los funcionarios, congelar las pensiones ¿son la mejor salida a la crisis?
No en absoluto y le voy a decir por qué. Primero no se deben subir los impuestos. El IVA se sube en un 2% pero tenga en cuenta que el IVA va contra todos los productos, incluso contra los de más absoluta necesidad. Yo calculé que esa subida repercutiría en los gastos en un 6% o un 7% y ahora resulta que van a subir en torno a un 12%. Fíjese lo que se va a incrementar. Qué más da que se suba a los más ricos. Pero yo mañana cuando vaya a comprar el pan me va a costar un 12% más. Cuando suprimieran las subvenciones que les dan a los sindicatos y a los patronos y redujeran los asesores de los Ministerios y la propaganda no tendrían que tocar los bolsillos de los ciudadanos.

Y con la Iglesia ¿qué hacemos?
Bueno, eso es aparte. A la Iglesia le damos una subvención que viene de la renta. El ciudadano que quiera que ponga la cruz en la casilla de la declaración de la renta y el que no quiera que no la ponga. Eso es una cosa completamente voluntaria.

Sé que está al tanto de la actualidad al minuto. ¿Tenemos razones los españoles para el optimismo?
Yo de las noticias estoy al día completamente. No sé cómo habrá quedado la votación (la entrevista se realizó a la misma hora en la que el Congreso de los Diputados aprobaba por un solo voto el plan de ajuste de Rodríguez Zapatero). El optimismo, de momento, no puede ser tan negro. Ahora mismo tenemos la situación más terrible que ha pasado España.

¿Ahora mismo es la más terrible?
En este momento la situación no puede ser más negra, estamos a la cola de Europa.

Pero usted ha vivido una guerra civil, el enfrentamiento entre españoles…
Bueno, una cosa es el enfrentamiento que existe y otra cosa es que se han dado unas circunstancias tan desfavorables para España y tan mal llevadas que ahora mismo tenemos el doble de parados que la media de Europa, el doble de déficit que la media de Europa. La situación de España, por mucho que la quieran bordar, yo desde el punto de vista de economista, es muy negra.

“La honradez es rentable”

Se ha sentido desaprovechado por esta sociedad.
Sí, mucho. No me han llamado para nada y ya ha visto el currículo que tengo y cómo le estoy hablando. ¿Qué persona se acuerda de todas esas cosas? No me han llamado los socialistas a ofrecerme un cargo, ni las derechas ni las izquierdas. Y yo muy contento, pero no me lo han ofrecido.

Pero reconocimientos sí que ha tenido. Ha recibido la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Huelva y de la Diputación de Huelva. El Consejo de Ministros le ha concedido la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en la categoría de Enseñanza que le entrega el vicepresidente tercero Manuel Chaves. Puede sentirse orgulloso.
Es verdad, de todas las condecoraciones que tengo esta es la más importante porque la da el Consejo de Ministros. Y me la impone Manuel Chaves.

El PSOE dice de usted que es un ejemplo de compromiso político y una referencia constante del humanismo socialista. ¿Se ve reflejado en ese perfil?
Sí. Porque -verá una cosa-, yo sigo siendo socialista y sigo pensando lo mismo que en aquel entonces. Lo que han variado son las circunstancias pero no yo.

Tiene dos hijas, cuatro nietos y seis biznietos. La familia ¿ha sido el pilar esencial de su vida?
Sí, mucho, y además le digo una cosa, enemigo solemne del aborto. Para mí el aborto es un crimen. Y por lo tanto no lo admito. Cuando yo me casé en el año 40, mi mujer se quedó embarazada inmediatamente y abortó. Mi mujer tenia ya preparado hasta los zapatitos y cuando veía aquello se me caían las lágrimas. El aborto de mi mujer fue mi doloroso. Después volvió a abortar una segunda vez y luego tuve dos niñas.

¿Cuál ha sido el principal valor que ha transmitido a sus hijas?
La moral, el ser recto con todas las cosas y la honradez porque soy de los que creen que la honradez es rentable. Siendo honrado he ganado mucho dinero.

O debió ser fácil ser un feminista convencido en la España de Franco.
Yo no he cambiado nunca, feminista desde la primera hora. Protegiendo a mis hijas y educándolas con arreglo a lo que yo creía conveniente y tratando a los alumnos con todas las consideraciones y la vigencia del respeto a la mujer en aquellos momentos. Y no me preocupaba que no encontrara comprensión entonces.

Los próximos que cumpla serán 97. ¿Ya ha decidido qué quiere ser de mayor?
Pues, lo que soy, un catedrático y un tratadista de todas estas cosas que están sucediendo. Desde niño quería estudiar una carrera, yo de pequeño decía que quería ser maestro porque me gustaba estudiar.

Cree que le dará tiempo de escribir la historia de Primo de Rivera y de la Primera República en Huelva, que sé que es un anhelo que aún guarda.
Bueno, sueños tengo muchos. Eso depende del de arriba.

La pérdida de la visión en los últimos cuatro años ¿ha supuesto una barrera más en su vida o la ha sorteado con la misma dignidad que le ha acompañado siempre?
Con la misma aceptación y la misma tranquilidad. Tenga en cuenta que yo tengo una chica que viene de la Universidad y le dicto. Ahora mismo tengo muchísimas cosas que hacer. Primero tengo un libro ya escrito sobre la agricultura en la provincia.

¿Qué hace para no perder nunca el sentido de buen humor que mantiene?
Pues eso, tenerlo. Ahora tengo una ucraniana en casa y siempre me dice “don Manuel no se muera usted que me quedo sin empleo, siga usted ahí” –se ríe-.

¿Le tiene respeto a la muerte?
Nada. Lo que quiero es que me deje escribir de otras cosas que tengo. No tengo miedo ninguno. Porque tampoco lo tenía cuando tenía 20 años, cuando no había ni antibióticos y entré en un sanatorio de antituberculosos del que se salía muerto y yo salí vivo.

Cuándo le recuerden, ¿qué quiere que digan de usted? ¿Quién fue Manuel Domínguez Martínez?

Que fui honrado y trabajador.
Manuel Domínguez en otro momento de la entrevista sentado en su butacaL.G.