Dolores Rivero, voluntaria: "He conocido un mundo fantástico gracias a la ONCE"

Primer plano de Dolores Rivero junto a una escultura ubicada en la Plaza Nueva de Sevilla
Dolores Rivero (Sevilla, 1970), lleva cuatro años de voluntaria en la ONCE. Esa labor altruista le ha cambiado la vida. Acompañando a personas ciegas de lunes a viernes, recibe más de lo que da –sostiene-, y se siente feliz. El Ayuntamiento de Sevilla le ha reconocido como una de las diez mejores voluntarias del año por su trabajo social en la capital de Andalucía.
Es usted lo que se dice ¿la bondad personificada?

-Se ríe-. No, la bondad no, yo creo que me está sirviendo más a mí que a ellos.

¿Qué lleva a un voluntario a querer ayudar a los demás a cambio de nada?
Yo lo estoy haciendo desde que me dieron la baja absoluta. Me he visto con un sueldo y sin nada que hacer. Me encerraba en casa y quería hacer algo sin nada a cambio. Busqué en Internet y me encontré con el voluntariado de la ONCE. Empecé a conocerlo, me gustó y desde el el primer momento me abrieron mucho las puertas. Me llenó mucho y me ha servido más de ayuda que la que yo les doy a ellos. He conocido un mundo fantástico gracias a la ONCE.
En su caso entonces, el voluntariado ha sido más un salvavidas que una vía de escape.
Más un salvavidas, un salvavidas. A muchos les estoy ayudando pero es más lo que ellos me aportan a mí.
El carácter altruista del voluntario ¿pasa factura en algún momento?
Algunas veces sí.
¿En qué sentido?
Pasa factura cuando tú te entregas a una familia altruistamente, más de lo que te aconsejan, más de lo que te dice tu coordinador, entregándote día y noche. Y al final si cometes algún fallo, ya que los voluntarios somos personas, pues te dan la espalda. Pero me imagino que la culpa sería mía por meterme donde no debía. Pero he de reconocer que de todos los años que llevo de voluntaria, solo me ha pasado una vez. Siempre he estado muy contenta con todos los afiliados. Y siempre he recibido demasiada gratitud, quizá más de la que merecía.

“El voluntariado es una necesidad”

Lo suyo ¿es una forma de pasar el tiempo o una forma de vida?
No es una forma de pasar el tiempo. Si fuese así, una se hartaría al cabo del tiempo. Para mí es una necesidad. Me llena la vida ayudar a los ciegos, pero no porque sean ciegos, sino porque son personas que se entregan tanto a la misma vez que tú les ayudas, es tan grataficante que ahora mismo no he encontrado nada que me llene tanto.
¿Y por qué eligió la ONCE para ejecer su labor de voluntariado?
Antes que la ONCE busqué otras organizaciones y no me apoyaron mucho. En la ONCE me escucharon. Yo siempre dije que tenía unos problemas siquiátricos y que necesitaba una serie de ayudas. Ellos se han adaptado mucho a mí, aunque yo hay actividades, como los senderismos o las playas, que no hago.
¿En qué consiste su labor exactamente?
Yo sobre todo hago paseos y acompañamiento. Sobre todo acompañamiento.
¿Siempre con las mismas personas o cambia?
Hay alguno que tengo fijo pero cambio muchísimo. Conozco a muchísimos afiliados de Sevilla.
¿Cuantos días a la semana?
Suelo dedicarle los cinco días a la semana por las mañanas pero si salen cosas por las tardes también voy por las tardes.
Dicen que el secreto de la felicidad es querer ayudar a los demás y conseguirlo. Usted lo hace a diario, se siente usted feliz.
Sí, en este aspecto sí.
Con voluntarios como usted, ¿otro mundo es posible?
¿Quién sabe? Eso no lo sé yo.
“Todo el mundo podría tener tiempo para ayudar”
¿Tiene alma de Robin Hood?
No, bueno, a lo mejor sí, podría ser, pero sin robar –se ríe-. Es verdad que yo tengo mucho tiempo para ayudar, pero creo que todo el mundo podría tener un poquito de tiempo para ayudar. Reconozco que a partir de esa dedicación, todo el mundo puede tener una hora a la semana o al mes, se puede sacar tiempo para ayudar un poquito.
Su correo electrónico empieza por “esperanzada 38” ¿tendrá alguna explicación?
La verdad es que sí. Hace dos años tuve una experiencia muy mala en la vida con un hombre. Ahora he conocido a otro hombre y tengo la esperanza de empezar una nueva vida.
Su referente humanista se acerca más ¿a Teresa de Calcuta o a Vicente Ferrer?
A Vicente Ferrer, de católica no tengo nada –se ríe-.
Cuál es el perfil ideal de un voluntario. ¿Existe un patrón tipo?
El común denominador es ayudar. Unos lo hacen por aspectos religiosos otros por aspectos éticos y sociales. Un voluntario se puede mover por muchos aspectos, pero el común denominador es ayudar a las personas. Me da igual que sea por unas razones o por otras.
Dígame la verdad, ¿cree que vivimos en una sociedad mayoritariamente hipócrita o realmente solidaria?
Es hipócrita pero poquito a poco se está haciendo un poquito más solidaria.
¿Qué falla? porque, aparentemente, nadie somos racistas, ni xenófobos, ni discriminamos.
Eso es teóricamente, pero creo que es debido al mundo que estamos viviendo. Si no hubiese tanto paro y tanta hambre… Porque si yo me pongo en la piel de un padre de familia que no tiene donde comer y si un sudamericano le está quitando el trabajo, a lo mejor ese hombre sin querer ser xenófobo lo tiene que ser a la fuerza. Yo no soy xenófoba pero también me pongo en el punto de vista de ese padre español. Hay que entenderlo.
El secuestro de voluntarios en una acción humanitaria tiene un impacto globalizador. ¿Cree que contribuye a agitar conciencias?
Sirve para agitar las conciencias y para hacer pensar a las personas que existen los voluntarios y que hace falta más ayuda. Porque hace falta más ayuda y aunque pasen están cosas la figura del voluntario seguirá existiendo siempre.
Si estuviera en sus manos gestionar el 0,7% de los presupuestos de Andalucía, ¿hacia donde dirigiría sus prioridades?
A tantos sitios. A África, a España. Es que hace falta ayuda en tantos sitios. Es que España lo está pasando tan mal. Hay que ayudar a muchos sitios, es que el 0,7% se queda tan corto…
Y si le tocara el Cuponazo ¿montaría una ONG o abandonaba el voluntariado por una vida mejor?
Parte del premio sí que lo daría a ayuda humanitaria. El 0,7% no, más del 7%. Pero hay que reconocer que todos somos egoístas. Yo no soy una santa, solamente soy una persona que hago de voluntaria. Me considero una persona normal y corriente.
El Ayuntamiento de Sevilla le ha reconocido como una de las diez mejores voluntarias del año, ¿cómo valora este premio?
Me quedé sorprendida, no me lo esperaba, pero me hace muchísima ilusión. La verdad es que sí, estoy muy orgullosa.
L.G.