Jorge Lobo: "No puede existir el amor sin el desamor"

Jorge Lobo con un libro en sus manos
Tiene alma de niño de grande y aspecto de bonachón, pero cuando escribe derrocha un tono cínico y, en ocasiones, desgarrador. Es un lector empedernido. Impertinente, dice él. A los 13 años empezó a escribir y ya no lo ha dejado. Su último trabajo, ‘Eva y el paraíso’ ha merecido el primer premio del Concurso de Relatos Cortos del Consejo Territorial. Jorge Lobo (Huelva, 1963, aunque sevillano) es, ante todo, un amante de la poesía, de la poesía con mayúsculas, la de Federico García Lorca.
Un sindicalista culto, debe sentirse extraño.

Buena ironía…! No, ¡hay muchos sindicalistas cultos!. Yo no me considero una persona culta, tampoco una persona cultivada, sencillamente me considero un lector impertinente, que no impenitente. No soy una persona especialmente educada, en el sentido que no tengo titulaciones. Y creo que la titulación más grande que tú puedes obtener en esta vida es la de la experiencia. Si se vive aprendiendo y si se hace como hizo mi abuelo que vivió hasta el último minuto aprendiendo porque murió leyendo un libro, yo creo que esa es la mejor forma de vivir. Todo lo demás son papeles colgados en la pared.

Con qué tipo de lectura disfruta más.
Con toda. En mi perfil del Facebook digo que lo mismo leo ‘Las cartas de Plinio’ que las etiquetas del champú. Leo cualquier cosa, todo lo que cae en mis manos. Disfruto mucho con los clásicos. Me gusta mucho esa percepción de los griegos que tenían una visión tan elocuente de la vida que hoy por hoy la puedes seguir plasmando y no te vas a equivocar.
Cuál es el mejor momento del día para leer y su sitio idóneo.
Todo está condicionado a mi disfunción visual. El mejor lugar para leer es mi casa que es donde tengo las mejores adaptaciones. El mejor momento, justo antes de irme a dormir, que es cuando procuro tener 15 o 20 minutos de lectura. Me gustaría tener más pero no me lo permiten mis ojos. Esos minutos previos a irte a la cama son los momentos más deliciosos del día.
El estado de ánimo ¿influye a la hora de abordar un texto?
Sí y no. Tengo que reconocer que lo mío no es la narrativa francamente. La narrativa es un ejercicio casi de superación. Se me da mucho mejor, no por la calidad, sino por la facilidad a la hora de elaborarla, la poesía. Y es curioso que las cosas más alegres salen cuando uno está más triste y las cosas más desgarradoras y más tristes cuando uno se siente más alegre. Posiblemente porque la razón va por un camino y el corazón vaya por otro.
Una sonrisa te abre muchas puertas”
¿Qué le influye más el estado general de crisis que vive el país, la tristeza de un día de lluvia o una sonrisa en el momento adecuado?
Posiblemente lo último. A mi la lluvia me gusta contemplarla y disfrutarla. Soy un bicho raro porque mientras a todo el mundo le gusta el calor, el sol y disfrutar de las mariposas y la primavera, a mí me gusta la lluvia y pasearme debajo de ella. Una sonrisa te abre muchas puertas y cuando la sonrisa es sincera te hace un poquito más grande el corazón porque te facilita expresarte de una mejor manera.
¿Cuál es su principal fuente de inspiración?
Hay dos, la simple contemplación de las cosas y la lectura, relectura y estudio de mis poetas favoritos que son los de la Generación del 27.
El amor y el desamor son una constante en sus textos. ¿Por qué?
Porque una cosa sin la otra no se concibe. El amor es un hilo conductor de la existencia. Por lo menos para mí lo es. El amor fraternal, cuando eres pequeño, cuando necesitas el amor de tus padres, el de tus hermanos. El amor de tus amigos, que es el que te hace engrandecerte y te enseña cosas. El amor de tu pareja, de tus hijos. Todo eso son forman un hilo conductor por el que fluye tu vida. El desamor es parte de esa existencia. El desengaño también te educa. Y por lo tanto entiendo que son dos valores absolutamente complementarios el uno del otro. No puede existir la luz sin la oscuridad y no puede existir el amor sin el desarmor porque si no no tendrías punto de perspectiva para poder valorar una cosa o la otra.
La obra ganadora del Concurso de Relatos Cortos, ‘Eva y el paraíso’ nos invita a reflexionar sobre la vida y las consecuencias de nuestros actos desde una perspectiva más bien dura y una conclusión contundente, que el que la hace la paga. Le ha salido un texto demasiado crudo y pesimista, ¿no cree?
Es como un collage. Es una mezcla de experiencias y sensaciones. La esencia del relato es contar lo justo en el menor espacio posible sin llegar al extremo ni tampoco excederse en relatos que se acaban convirtiendo en novelas cortas. El relato debe ser algo dinámico. Pero en mi caso es complicado hacerlo. Por eso digo que es un collage. No tiene un hilo conductor al uso pero sí tiene como muchas fotografías pegadas encima de un tablero. Son sensaciones, experiencias que conforman este relato a veces confuso, a veces retórico, a veces divertido y a veces dramático que es ‘Eva y el paraíso’. Reconozco que es un lenguaje a veces barroco, a veces gótico, y en otras ocasiones a veces naif. Uniendo todo eso sale ‘Eva y paraíso’.
En esta obra usted se manifiesta en ocasiones desgarrador, y en otras muy cínico. ¿Esos son los rasgos literarios que definen su estilo?
Sí, sí, también en poesía. Me gusta jugar mucho con la sorpresa del final, tal vez reclamar a voz en grito el dolor que uno siente y terminar con dos versos en los que se cuenta algo que puede resultar incluso jocoso y que rompe completamente el tono y el estilo que uno ha estado reclamando. Me gusta utilizar el lenguaje vulgar ordinario de la calle, del día a día, que no pretende ser culto -porque no lo es-, pero que sí quiere jugar con las palabras, fundamentalemente con la musicalidad de las mismas.
Algún poeta de cabecera –interrumpe la pregunta-.
Federico García Lorca, sin duda. Sin duda.
Alguno que haya marcado su estilo, que le haya influido más.
En primer lugar Federico García Lorca. En segundo lugar pondría a Neruda y en tercer lugar muy cerca yo creo que casi empatados a Antonio Machado.
¿Algún poema que le venga a la memoria ahora mismo?
No recuerdo exactamente los versos pero me quedaría con el poema de Thamar y Amnón, de Lorca, de su Romancero Gitano, por aquel verso de “pájaros en su garganta”. No hay metáfora más redonda que esa. No hay forma más bella de describir un grito que esa. Me quedo sin duda con ese romance.
“Nunca me he sentido incomprendido”
La deficiencia visual ¿resta en algo o, por el contrario, agudiza el ingenio, a la hora de escribir, de plantear un relato?
No creo que tenga nada que ver. Empecé a escribir con 13 años cuando veía perfectamente. No sé si uno evoluciona o involuciona, pero es verdad que en ese espacio de tiempo gran parte he tenido la dificultad de no leer lo que estoy escribiendo, pero en cierto modo, no me ha supuesto un problema porque casi nunca corrijo lo que escribo.
A Billy Elliot su padre, un minero en plena reconversión del sector en los tiempos duros de Thatcher, no le dejó bailar. Sus padres han alentado de pequeño esta pasión, afición por la literatura. ¿O también se ha sentido incomprendido por la sociedad?
Mi abuelo paterno escribía y pintaba; mi tía abuela paterna escribía y pintaba; mi padre era pintor y músico; mi madre, era una lectora empedernida desde pequeña a pesar de la dificultad de la época durísima que le tocó vivir de preguerra, guerra y posguerra, además desde el bando perdedor, y para castigarla con algo había que amenazarla con no llevarla al colegio. Entonces no, nunca he encontrado trabas, tampoco me he sentido nunca incomprendido. Y tampoco me he sentido especialmente estimulado. No es que uno provenga de una familia muy especial sino de una familia que ha disfrutado con lo que hago y con lo que escribo.
“Los sindicatos están actuando de forma consecuente con la crisis”
Lech Walesa comenzó su carrera sindical recogiendo firmas para construir un monumento en memoria de unos trabajadores asesinados y acabó de presidente de su país. ¿Es un icono para usted?
No, en absoluto. Me parece que Lech Walesa es una figura que desvirtúa completamente el movimiento sindical. El sindicalista debe de empezar y terminar su vida política en el sindicato, todo lo demás son atajos para conseguir objetivos muy oscuros que están lejos del planteamiento sindical.
¿Su referente sindical?
Yo me quedaría con un sindicalista que no es de mi ideología, con el que no comulgo políticamente, pero que le reconozco su entereza, que es Marcelino Camacho.
Es usted un republicano convencido, ¿se considera un nostálgico?
No, me considero un renovador. Entiendo que la monarquía ha cumplido un papel muy valioso hasta el punto de que usted y yo podemos estar aquí hablando de monarquía y de República. Y creo que todos los republicanos de pro tenemos una deuda de honestidad y reconocimiento con Juan Carlos I, rey España. Dicho esto, creo que los ciudadanos nos merecemos elegir a quién va a ser nuestro jefe de Estado. Pero no, no me considero un nostálgico. Tampoco me supone un problema que continúe la monarquía parlamentaria aunque me gustaría que tuviéramos una República en paz, con traquilidad, sin traumas, y que lo decidiese la inmensa mayoría de los españoles, cosa que, imagino, no se va a dar en muchos años.
Supongo que habrá venido para hablar de su relato, pero, permítame preguntarle. Por menos de lo que está cayendo ahí fuera, a Felipe González y a José María Aznar, los sindicatos, el suyo desde luego, les montaron una huelga general en toda regla. ¿Están los sindicatos adormecidos?
Yo creo que el movimiento sindical se está convirtiendo más en un movimiento social y consecuente con la situación, y creo que están siendo bastante honestos con lo que defienden. Y hablo de las dos grandes centrales, UGT y CCOO. No es el momento de montarle un pollo al Gobierno, de crearle un conflicto colectivo, que lo único que iba a generar era todavía más desconfianza y finalmente desembocaría en más incremento del desempleo. Cuando la crisis mejore será el momento de rendir cuentas. Están actuando de forma consecuente, para nada están adormecidos.
Le encantan los animales, se siente un Richard Gare como en ‘Siempre a tu lado’.
No –sonríe-. Tampoco me vería como protagonista aunque fuera masculino de ‘Gorilas en la niebla’. Ni una cosa ni la otra. Los animales son parte de mi familia. Mi gato mayor tiene 16 años que, en edad gatuna es un ancianito que sigue conservando las trazas de felino. Antes me preguntaba usted por mis influencias a la hora de escribir. Pues debo de reconocerle que una de esas influencias y muy importantes en algunos de mis trabajos han sido mis animales, que son un punto de serenidad y de sensatez que me da una base y una perspectiva tremenda para poder llevar eso y plasmarlo sobre un papel.
En lo personal, me cuentan que es usted un hipocondríaco a lo Woody Allen. ¿Se ha vacunado ya de la Gripe A?
Me he vacunado de la gripe estacional y me voy a vacunar en breve de la gripe A, no siendo población de riesgo. Y sí es verdad que soy un hipocondríaco pero no como Woody Allen porque ya me gustaría a mí tener una milésima parte de su ingenio.
Otra de sus aficiones predilectas, junto al cine, es Internet. ¿Está enganchado a las redes sociales? ¿Qué busca?
Sí tengo un perfil en Facebook: Jorge L. Romero. Lo que busco es amistad, porque no se puede poner ‘busco a otras personas que escriban’, pero realmente a lo que me dedico es a intercambiar, a leer, se aprende mucho de las otras personas que participan. Es una especie de sustituto a los antiguos grupos de debate que había que han ido desapareciendo.
Pero es poco humano, por tangible, digo.
No se tiene el contacto físico, es cierto, pero sí te permite encontrar amigos perdidos y te sorprende cuando encuentras a alguno que ahora escribe o encuentras nuevas amistades.
Recomiéndenos, para terminar, una buena lectura para salir de la crisis.
Todo lo que publique Eduardo Punset porque tiene un punto de vista positivo. No es científico pero es una persona con mucha curiosidad. Recomiendo cualquier cosa que escriba. Pero si me pide un título concreto, le sugiero ‘El arquitecto de Tombuctu’, de Manuel Pimentel, que me parece una lectura muy recomendable y que también puede ser útil para salir de la crisis.
L.G.