Mónica Madrid: "Quiero que los afiliados se sientan protagonistas de la ONCE"

Mónica Madrid, sonriente, en la sala de juntas del Consejo Territorial
Mónica Madrid (Granada, 1973), es un torrente de vitalidad. Una mujer con muchas tablas sobre el escenario, después de diez años en la Agrupación gaditana de teatro Orozú, pero con más tablas aún ante la vida. Tras dos años como consejera asume ahora la presidencia del Consejo “como el reto más apasionante”, dice, y con la ilusión de aportar un enfoque diferente, como es ella, sensible y emocional, y con un sentido positivo y crítico de su nueva responsabilidad.

¿Con qué se identifica más, con la mala follá granaina o con la guasa gaditana?

(Se ríe abiertamente). Con un poco de las dos, la verdad es que sí. Creo que tengo de las dos. Es una mezcla un tanto compleja a veces.

¿Fuera de Cádiz y de Granada cree que se entiende esa guasa y esa mala follá?
No se entienden, y además estando entremezcladas mucho menos. Aunque la gente de Cádiz me dice que soy de Granada, que soy muy seca, y la gente de Granada me dicen ‘No tiene guasa la niña’.
Se lo diré de otra manera, ¿el Corpus, o el Carnaval?
Los dos, cada uno en su estilo. Me gusta tener la excusa de una fiesta para compartir risas y momentos divertidos con mis amigos. En una bailo y en la otra me río un montón con las chirigotas. Aunque al Corpus llevo años sin ir por problemas de ajustes en la agenda laboral.
Es usted diplomada en Trabajo Social con post-grado en terapia familiar, ¿lo suyo es la solidaridad personificada?
Yo creo que sí, termino más pensando en los demás que en mi misma. Tenía claro que quería hacer una profesión con la que pudiera ayudar a los demás. Mis opciones iban siempre por el trabajo social, la educación social o la psicología. Siempre eran carreras relacionadas con lo social, con la parte humana y con la ayuda a los demás.
¿Tiene la sensación que se encuentra ahora en el sitio adecuado, en el momento oportuno, para poder hacer algo por los demás?
Con esa esperanza vivo y confío en ello, pienso trabajar para que eso sea así. Cuando entré en el Consejo como consejera territorial enfoqué mi responsabilidad como un trabajo social comunitario. Luego interfieren otro tipo de factores lógicamente, pero yo lo he enfocado así. Sé que este es un camino de trabajo y de ayuda a un colectivo grande.
¿Cómo recuerda los años de vendedora en zona de Arabial de Granada?
La verdad es que curioso y complejo. De entrada tuve alguna dificultad, no con los compañeros, sino con el punto de venta que me tocó, lo veía como muy injusto porque vendía a las puertas de un centro comercial y las normas de ese centro no me permitían ponerme a la sombra del edificio. Tenía que estar a pleno sol en verano, aunque lo recuerdo con bastante cariño, tuve la posibilidad de experimentar mucho y de valorar aun más el esfuerzo que hacen tantos vendedores diariamente en la calle.
¿Y se hace tantos amigos como dice la Campaña del Sorteo Extraordinario de Otoño?
Sí, sí, se hacen amistades. Te pasa de todo. Te haces con tu clientela y al final si te cambias de punto de venta vienen y te buscan.
¿Qué sintió la primera vez que se subió a un escenario?
Fue muy fuerte, fue un pánico escénico y una tensión nerviosa muy fuerte. Sobre todo muchos nervios por la emoción y la presión de hacerlo bien. Y un subidón de adrenalina impresionante, una emoción increíble.
Después de diez años sobre las tablas de la ONCE con la Agrupación Orozú, ¿se siente actriz?
Sí, sí. Cuando hago teatro por supuesto que sí. En mi día a día no.
¿Comedia o drama?
He hecho más comedia, pero para un solo drama que he hecho, creo que lo guardo tan dentro que prefiero drama. Para interpretar prefiero drama. Fue ‘Coplas para ser contadas y 300 cosas más’, que es una obra que trata sobre la vida de los ciegos empezando desde la mitología griega a nuestros días en la ONCE, y pasa por muchas etapas duras de la vida de los ciegos.
Dígame un actor o actriz que tenga en su altar y una obra que todavía no haya olvidado.
Como actor diré uno extranjero y no de teatro, de cine, Johnny Depp, el actor que interpreta ‘Eduardo Manos Tijeras’, que ha hecho ‘Los Piratas del Caribe’ o de ‘Charlie y la fábrica de Chocolate’ por decirle las más comerciales. Es un monstruo, no se deja dirigir, él crea sus propios personajes y su propia interpretación. ¿Una obra de teatro? ‘Cinco horas con Mario’, aunque sea un monólogo, pero tiene muchas connotaciones personales, por todo lo compartido con la amiga con la que fui a verla.
“El reto más apasionante”
La presidencia del Consejo Territorial ¿es el papel más difícil que le ha tocado interpretar?
Perdone, esto no es un papel, ni una interpretación. Esto es un trabajo, una responsabilidad y un reto. Y estoy convencida que va a ser el más complejo, pero también, seguro, que el más apasionante.
Alberto Morillas, su antecesor en el cargo, ¿le dio alguna recomendación antes de pasarle el testigo?
Sí, sí varias, entre ellas que siempre fuera yo misma, que estuviera cerca de la gente, de los afiliados y que escuchara todas las opiniones.
Va a ser una presidenta ¿de despacho? o va a estar cerca de los afiliados, a pie de calle.
A mí me gusta estar cercana a la gente, es lo mío, en contacto con las personas, lo social. El despacho consume mucho y también es necesario, pero nos aleja de las realidades humanas.
Los Consejos Territoriales de la ONCE en Baleares, Castilla y León, Galicia y ahora Andalucía tienen a una mujer como presidenta. ¿Cree que el hecho de ser mujer aporta algún valor añadido a la presidencia del Consejo?
Lo que aporta es un enfoque diferente. No sé si mejor o peor, pero sí diferente, aunque sólo sea por la sensibilidad que las mujeres ponemos en las cosas que hacemos. Nos implicamos hasta el fondo y al final le aportamos unas gotitas más de sensibilidad y de mimo.
También es usted la segunda presidenta más joven de todos los presidentes territoriales, ¿la juventud es un grado?
Yo estoy convencida de que sí. La juventud conlleva energía, vitalidad, entrega, responsabilidad, coraje, entusiasmo, compromiso y ganas de aprender. Son valores que identifican a los afiliados más jóvenes de la ONCE que son el futuro de nuestra institución, y por los que trabajaré también con fuerza.
Quién está más cerca y más próximo de quién, ¿el Consejo Territorial de los afiliados o los afiliados del Consejo Territorial?
Quizá el Consejo de los afiliados. El Consejo está continuamente mirando a los afiliados y hay que esforzarse y trabajar día a día para que los afiliados se sientan protagonistas de la ONCE porque son los auténticos protagonistas de nuestra institución. Y tienen que sentirlo así. Desde el Consejo vamos a trabajar porque sea así, porque sientan a la ONCE como suya. Porque es suya, y la construimos entre todos.
“Me siento orgullosa de la apuesta por la mujer”
Dígame, con sinceridad, ¿ha encontrado restos de machismo a su alrededor?
Sí. Vivimos todavía en una sociedad con un poco machista. Y en la ONCE no vamos a estar ajenos a esa realidad. Poco a poco, cada vez más, se está confiando en la mujer. Yo creo que a los hombres les cuesta trabajo comportarse con normalidad en ciertas situaciones, teniendo a su lado a mujeres como compañeras. Estoy hablando en general. Por eso me siento profundamente orgullosa de la apuesta decidida que desde el Consejo General se está llevando a cabo por la mujer en la ONCE, me siento muy contenta de compartir este importante proyecto.
Verlo todo en blanco y negro ¿resta color a la vida?
No para nada. Tengo una forma muy particular de ver la vida. La grandes fotos artísticas suelen ser en blanco y negro, por algo será.
¿De ahí le viene su adicción al color negro?
Mi afición al negro empezó a los 15 o 16 años. Quizá fue por mis gustos musicales que se acogían muy al negro, al funky, conecté con el negro y no me he desenganchado. He cambiado de estilo, pero no de color.
¿Qué daría por pasar un fin de semana con Enrique Bunbury, el líder de Héroes del Silencio?
Ahora mismo nada (se ríe). En otras épocas de mi vida, a lo mejor. Aunque sea seguidora del grupo, pero ahora mismo nada, la verdad.
¿Y qué le aporta la cultura Zen, de la que es tan aficionada?
Yo no hablaría tanto de cultura Zen, sino más bien de un gusto por lo oriental. Me aporta mucha calma, equilibrio y paz interior, algo por cierto, muy recomendable.
Creo que la Navidad es una de sus épocas preferidas. ¿Qué le conmueve más del espíritu Navideño?
El amor que fluye en esa época, se respira muchísimo amor, disminuyen los conflictos, se aparcan las rencillas y estamos dispuestos a perdonar para empezar de nuevo. Todo el mundo se desea cosas buenas.
Pero a veces es un poco hipócrita, ¿no cree?
No lo sé, yo no lo siento, ni lo vivo así. Y si así es para los demás, creo que es importante de todas formas, que aun con esfuerzo una vez al año las personas expresen buenos sentimientos, puesto que algún día esas buenas palabras causaran efectos que ni ellos sospechan. Por mí, todo el año debería ser Navidad.
‘Friends’ y ‘Sexo en Nueva York’ son sus series preferidas. ¿Tiene usted un sentido positivo, cómico y crítico de la vida?
Sí, la verdad es que sí, lo mezclo un poco todo. Soy muy seria y muy recta, muy metódica en el trabajo, incluso en mi propia vida, pero al mismo tiempo, como muy lúdica. Tengo que divertirme con las cosas que estoy haciendo. Siempre tengo esa mezcla. Aún estando en momentos en los que puedo estar francamente mal, siempre intento ridiculizar el momento e incluso a mí misma. Tengo la capacidad de sonreír y llorar al mismo tiempo.
Usted cree en los horóscopos. Ser Piscis ¿también influye?
Claro, en muchísimas cosas. Los Piscis somos de agua, somos como muy moldeables. Yo creo que me adapto bastante bien a cualquier tipo de entorno. Somos muy sensibles, muy emocionales, por eso decía antes que río, que lloro. Y al mismo tiempo somos altruistas, muy espirituales y nos gusta esa parte ocultista.
Le encanta viajar. Dígame un destino que haya marcado su vida y otro que esté deseando conocer.
París me ha marcado mucho, mucho, mucho. Por muchos motivos del entorno, del enclave, a nivel personal, por cómo me sentía en ese momento. Es una ciudad que me ha enamorado. Yo tenía un destino predilecto pero París me cautivó aún más. ¿Un destino que me gustaría? No sé, lo que soñaba de niña ya lo he hecho, Venecia, ahora quizá me plantearía el Tibet, pero está la cosa un poco complicada allí.
Le queda un año y medio por delante para aportar su granito de arena. ¿Cuál es su meta? ¿Qué espera aportar?
Me gustaría poder aportar ilusión, ganas de seguir trabajando y mucho esfuerzo por los demás y por llegar a los afiliados. Le repito que quiero que los afiliados, todos sin distinción, se sientan protagonistas de la ONCE porque aquí contamos todos y necesitamos a todos para seguir construyendo este gran proyecto colectivo.
L.G.