Francisco Galván, profesor del CRE: "Los verdaderos educadores son los padres"

Francisco Galván de espaldas a la pizarra de su claseFrancisco Galván (Cumbres Mayores, Huelva, 1944) está a punto de decir adiós a 25 años de docencia en el Centro de Recursos Educativos de Sevilla y a punto de emprender también nuevos retos empresariales en su vida. Al final ya del que ha sido su último curso escolar, defiende que el profesor sea más bien un orientador para el alumno ciego, porque los padres son –subraya-, los verdaderos educadores de sus hijos. Es un romántico con espíritu aventurero, un radioaficionado a deshoras y, sobre todo, un apasionado de la música, un hombre rico en experiencias y sabiduría.

¿Cuándo y cómo descubrió que lo suyo era la enseñanza?
Bueno, yo tuve un maestro, don Aurelio, que dejó gran huella en mí, allí en la Sierra de Huelva, en Cumbres Mayores, porque tenía una forma peculiar de enseñar; nos llevaba a una huerta o a conocer los árboles y nos ponía en contacto con la naturaleza. Estaba bastante delicado de salud y algunas veces cuando se encontraba mal me encargaba a mí que diera la clase. Tal vez despertó entonces esa vocación. Otro tema determinante fue que cuando empecé a estudiar, la carrera más fácil y asequible era la enseñanza.
Estudió el Bachillerato y la carrera de Magisterio en el Madrid de los sesenta. ¿Cuál es el primer recuerdo que le viene a la mente de aquella época?
Quizá lo fácil que me fue. Yo tuve maestros excelentes que se encargaban de prepararme para el Bachillerato. Comencé a perder la vista a los 14 años. Y todos los profesores, don Eugenio, don Aurelio, contribuyeron a que mi formación fuese, por lo menos, bastante adecuada.
Después dirigió la Unidad de Rehabilitación en Sevilla, en lo que fue el primer centro de rehabilitación que la ONCE ponía en marcha en España. ¿Cómo fueron esos comienzos?
La rehabilitación me ha dado a mí las mayores satisfacciones como profesional -también el Magisterio me ha dado enormes satisfacciones-. Yo fui el primer ciego que impartí rehabilitación en España y el primero en especializarse como TR. Hice el primer curso de formación de técnicos que se realizó en Sabadell. La experiencia fue excepcional, acostumbrado a esa precariedad del año 69, cuando casi no teníamos ni bastones, cuando la enseñanza de la venta del cupón había que hacerla ya con el cupón concebido y con el vendedor en la calle, contar con un centro, con profesionales y medios excepcionales, aquello fue casi, casi un milagro.
¿Y cómo ha evolucionado la rehabilitación en España?
Nos dimos cuenta que la oferta que dábamos quizá era excesiva y en el año 88 sacamos la rehabilitación fuera del centro. Eso fue un orgullo y una satisfacción aquí en Sevilla; cambiar radicalmente el modelo y el coste de la rehabilitación. Mientras un programa de rehabilitación en el centro podía costar un millón de pesetas durante tres o cuatro meses en su entorno próximo se reducía a unas 500.000 pesetas. Y no solo el coste económico, sino la eficacia del programa, que era de un 90% lo que era el entorno. Eso es lo fundamental.
A finales de los noventa ejerció como subdelegado territorial en Andalucía, en dos ocasiones, y delegado territorial. La experiencia de la gestión, con el paso del tiempo, ¿cómo se valora?
La gestión era apasionante en materia de servicios y difícil y complicada puesto que la ONCE necesita los recursos. Como gestor tuve la responsabilidad del primer congreso del servicio para afiliados en 1994 y fue una experiencia única.
Pero sobre todo, usted es un Maestro, un Maestro con mayúsculas. Dicho con todo el cariño y todo el respeto, ¿se siente usted, de alguna manera, el viejo profesor, aquí en la ONCE?
No, la verdad es que estoy lleno de actividad, vocación y fuerza. Tengo experiencia, terminé la carrera con 20 años y he seguido estudiando. A los cuatro años me especialicé en Matemáticas por la UNED, he tenido siempre la inquietud docente porque me apasiona siempre. Sí es verdad que por los años se puede considerar uno un viejo profesor, pero en el sentido de acumular experiencia.
La jubilación administrativa le llega ya en septiembre.
Yo tengo proyectos empresariales fuera de la ONCE que tienen cierto interés.
“La marca del profesor va a durar siempre”
¿Qué es lo más gratificante de su labor?
El contacto con el niño y lo que es el ajuste a la situación de ceguera. Nuestros niños llegan aquí con un problema grave de discapacidad. Ajustarles a su auténtica situación, a lo que es su minusvalía, a que la entiendan, a que la acepten y conozcan la problemática que en un futuro eso puede plantearle y cómo pueden solucionarla es lo más apasionante. En el caso de profesores ciegos, haber vivido nuestra propia experiencia de discapacitados visuales y ser capaces de ajustar la situación del propio alumno a su situación discapacitante, eso es tremendo. El docente tiene mucho que decir en ese período. Además la marca del profesor sobre el alumno va a durar siempre. La experiencia que tiene la persona discapacitada y lo que puede transmitir de vivencia es un valor añadido de las personas ciegas.
Descúbranos cuál es su manual del buen docente.
Conocer al niño; por encima de conocer las materias, es el conocimiento del niño y, sobre todo, ser capaz de orientar a que el niño descubra e investigue. El profesor más bien debe ser acompañante de la mano que super protector. Un profesor tiene que ser más bien orientador, descubridor, conocedor de situaciones problemáticas y, sobre todo, guía para un descubrimiento a largo plazo sobre qué expectativas puede tener un niño en el futuro y orientarle hacia cuando no está el profesor. Yo me saldría de ese manual que es el conocimiento académico, el currículum en las distintas materias, y trascendería para llegar a una situación mucho más profunda en cuanto al conocimiento del niño respecto a sus posibilidades futuras.
Dígame alguna gran satisfacción que le haya aportado este cuarto de siglo dedicado a la docencia.
En 1983, un alumno mío que es ahora fisioterapeuta, Juan Jesús Ruiz Aguilera, de Málaga, ganó el concurso ‘¿Qué es un rey para ti?’ a nivel nacional. Nos recibieron el Rey y la Reina, estuvimos casi una hora con ellos. Incluso tuvo la deferencia de ponerse en cuclillas el Rey para que el alumno leyera el trabajo. Salimos en toda la prensa y estuvimos dos días asediados. Con motivo de eso, se difundió los servicios de la ONCE en un momento en que no eran muy conocidos. Fue un acontecimiento a nivel nacional tremendo.
Imagino que Internet es el principal cambio que le ha tocado vivir en su etapa como docente.
Eso es apasionante. Esta mañana estábamos explicando las diferencias horarias en el mundo. Les he puesto una emisora de Buenos Aires y ellos mismos comprobaron que la hora es cuatro horas menos y la temperatura era de 9 grados. Como apoyo a la enseñanza y como medio de buscar conocimiento es un mundo espectacular y apasionante.
¿Y le preocupa que el acceso a la Sociedad de la Información, a las nuevas tecnologías, no sea todo lo universal que nos anuncian?
Más me preocupa a mí que este crecer tanto en tecnologías nos pueda dejar un poquito al margen en algún momento determinado. Se crece tanto… por ejemplo la propia televisión digital terrestre, algún programa de ordenador, las tecnologías crecen tan rápidamente que la adaptación a nuestras necesidades pueden ocasionar algún problema. Pero lo que yo puedo hacer en mi casa a lo que tenía hace diez años no tiene nada que ver. Sencillamente apasionante. Que eso no se corte.
Un 25% de fracaso escolar ¿es una tragedia nacional?
Pues no. Yo creo que no. Desgraciadamente nacemos más o menos listos, más o menos torpes. Hay una realidad social que nunca se puede olvidar; por más que progrese la sociedad, los entornos próximos familiares son concluyentes muchas veces a la hora del fracaso y ese 25% se da en familias desestructuradas, entornos con problemáticas determinadas o con situaciones deficitarias. Yo no entiendo que un 25% sea un fracaso escolar. Aparte que ¿dónde se pone el fracaso? ¿En el desconocimiento de materias? Cuidado que hay una educación de sensibilidades, de proximidades de humanidad, de sentimientos, de responsabilidad. Lo que evalúa el fracaso es el currículum rutinario pero hay otros temas que tal vez si se evaluaran, como la sensibilidad, la solidaridad, los sentimientos, eso quizá no daría ese fracaso.
Pero este no es un problema exclusivo de los políticos, ¿no cree?
La educación es un tema de los políticos pero no exclusivo. La responsabilidad fundamental es familiar, lo prioritario es el entorno familiar. Es decisivo a la hora de la educación. Todos los demás sistemas somos colaboradores de la familia. Nosotros actuamos por delegación. Los verdaderos educadores son los padres, el entorno familiar próximo. La familia integra y socializa más que la escuela.
Y cree que los padres con hijos con algún tipo de discapacidad ¿están más comprometidos e implicados en la educación de sus hijos que otros?
Esa situación la vivimos aquí diariamente. Yo recuerdo a mis padres llorando cuando perdí la vista, lo asumieron como un drama, pero ahora con personal tan profesionalizado, con personas con una sensibilidad exquisita para abordar esta situación en lo que es la repercusión del déficit en la familia, todo es distinto. La discapacidad hay que arreglarla primero en el entorno familiar próximo a la persona discapacitada. El problema de tristeza, de desconocimiento que se vive en la familia es donde primero hay en intervenir. Quien primero tiene que aceptar esa situación es la propia familia.
Dicen los expertos que la visión influye decisivamente en el fracaso escolar. Que entre un 15 y un 30% del fracaso escolar tiene su origen en problemas de visión. ¿Comparte ese criterio?
Igual que dicen que vale más una imagen que mil palabras… Yo creo que hay un poquito de exageración. Naturalmente que la persona que ve tiene mucho adelantado, pero el reto del educador de la persona ciega es ser capaz de transmitir una serie de conocimientos que operen en ese niño sin echar de menos la capacidad de visión. No podemos cuantificar eso, porque para unas personas será un 10% y para otras un 60%.
“La música es mi vida”
No podría terminar una entrevista a Francisco Galván sin preguntarle por su otra faceta, la de radioaficionado. Sigue enganchado a esta afición que cultiva desde hace ya años, ¿por qué lo hace?, ¿qué le aporta?
Hace muchísimos años que empecé. Cuando perdí la vista me compraron un aparato Philips que era una maravilla, con un montón de ondas y sintonizaba emisoras de un montón de países. En los años ochenta me hice ya radioaficionado, con mi emisora y mis antenas. Conoces a gentes, conoces experiencias, la aventura de quién va a salir, si está en Noruega o en Argentina. Es como una aventura. Cuando lanzo una llamada a las ondas no sé quién me va a salir. Y sobre todo es una aventura la conversación y un goce compartir conocimientos técnicos. Te da oportunidad de conocer a mucha gente y tener luego contactos personales.
Tiene usted alma de romántico con espíritu aventurero.
Un poco, un poco. He viajado muchísimo por todo el mundo, he tenido muchas experiencias, he conocido a mucha gente. Sí, creo que soy un romántico aventurero.
Dígame, por favor, un libro que haya marcado su vida y una película que siempre recomendaría a sus alumnos.
El libro que siempre recomiendo es ‘Cristo de nuevo crucificado’, del griego Nikos Kazantzakis. No es un título religioso. Es una obra impresionante, cualquier persona que lo lea no lo olvida nunca, es de una crudeza y de una sensibilidad al mismo tiempo espectaculares. Nadie se va a arrepentir de leerlo. Y películas, por ejemplo, ‘Lo que el viento se llevó’.
La música también es importante en su vida, ¿verdad?
Es que la música es mi vida. La música la llevo siempre, incluso en actividades de la propia clase que no comportan esfuerzo intelectual excesivo, los niños escuchan música. Todos los días escucho una hora de música clásica en mi casa. Forma parte de mi vida y ha sido uno de los enriquecimientos más espectaculares que he vivido. He conocido un sinfín de países y a través de la música se conoce mucho a la gente. Yo he procurado asimilar músicas de un montón de sitios. Si a todo el mundo le gustara la música como a mí el mundo sería mejor. La música une, desarrolla la sensibilidad y aproxima humanamente a las personas.
¿La clave para triunfar en la vida?
El trabajo, naturalmente, la responsabilidad y la sensibilidad. Hay que ser personas sensibles, humanas, colaboradoras, solidarias y trabajadoras.
Permítame para terminar, una recomendación para el verano para los alumnos.
Que no vean mucha televisión, que tampoco estén excesivo tiempo con el ordenador y que lean; que el libro sea cada vez más ese compañero y amigo que tantos beneficios proporciona.
L.G.