Manuel Rodríguez, rociero: "Lo del polvo del camino tiene su morbo"

Imagen de Manuel Rodríguez junto a otro de los monumentos almonteños
Es un romero de por vida. Un rociero de cuna. Nacido en Almonte, donde ejerce como vendedor de la ONCE desde el año 2000, Manuel Rodríguez, 43 años, vive el Rocío con la misma pasión que le inculcaron sus padres y que ahora trata de transmitir a su hijo. Lo vive en una especie de chabola, sin apenas condiciones, haciendo piña con la gente que quiere. Así es el Rocío. “No se puede explicar”, justifica. Ha llegado a ver reflejada la imagen de la Blanca Paloma en el suelo de su casa.
Desvéleme, por favor, cuál es el auténtico significado del Rocío en la España de 2009.
Ahora mismo, con esto de la crisis, va estar una miajita complicada. Es una tradición que viene de muy antiguo y muy grande.
¿Cómo explica a un foráneo la pasión que se vive en el Rocío?
Eso no se puede explicar, eso es vivirlo. Hay gente forastera que le tiene más devoción a la virgen que a lo mejor uno del pueblo, de Almonte. Hay gente que cuando sale la virgen en procesión lloran de la fe que le tienen.
Usted es miembro de la Hermandad matriz de una romería que cuenta con 106 hermandades filiales, ¿recuerda cuándo y cómo fue su primer camino? ¿Qué recuerda de aquella primera vez?
De chiquitito, con mi padre, montado en un burro. Vivir aquello era bonito, antiguamente los críos íbamos con nuestros padres, en burro, o andando, o con un mulo con el carro. Eso te impacta mucho, lo mismo que cuando llega el momento del traslado. Al hacer el camino de noche se hace una convivencia distinta. En la oscuridad de la noche no conoces a todo el mundo y a cualquier reunión que tú llegues eres bien recibido.
¿Prefiere entonces el Rocío de noche que de día?
Pues sí, porque se conoce a mucha más gente. Llega cualquiera a tu chabola y viene preguntando por alguien y lo primero que se te dice es “tómate una copa y luego te indico dónde esta esa persona”. Pero primero, la invitación.
Pero usted en realidad no hace el camino, porque recorrer a pie los 15 kilómetros que separan Almonte de la aldea del Rocío, perdóneme, no tiene mucho mérito en comparación con los jienenses o almerienses que hacen a pie su recorrido, entre ríos y veredas. ¿No le dan envidia?
No, no tiene comparación. Claro que me da envidia porque ahí es donde se ve el rociero, rociero. Nosotros somos rocieros pero no tiene nada que ver con el camino que hacen otros que proceden de otros pueblos que recorren el camino durante varios días.
En lo que sí es auténtico y genuino es en su estancia en el Rocío, una semana instalado en una caseta de chapa, en plan campechano, calentando el agua en la olla para ducharse y viviendo en unas condiciones bastante precarias, por no entrar en más detalles. ¿Cuál es el aliciente, dónde está el atractivo?
La zona en la que estamos nosotros son gente del pueblo. Nosotros no nos podemos permitir el lujo de alquilar una casa. A la misma vez ahorramos un dinero y toda la gente del pueblo es una piña. Ahí estamos muy bien, lo que pasa es que las condiciones no son las mejores, pero nosotros vivimos el Rocío así muy bien.
Los ecologistas se quejan, año tras año, del daño que causan los rocieros al entorno de Doñana en su peregrinación, de la gran cantidad de basuras abandonadas que generan, del peligro que ocasionan las fogatas en un espacio protegido. ¿Algo de autocrítica?
El tema del fuego tiene sus riesgos, pero cuando empiezan con lo del lince, con la protección del lince, nosotros muchas veces lo decimos, “todo no va a ser el lince”. Las personas tenemos también derecho a vivir y conocer aquello (en alusión al Parque Nacional de Doñana), no sólo el lince. Antes cualquiera iba al Coto. Ahora no, ahora tiene que ser con unos pases especiales y no puede pasar todo el mundo por ahí, cuando nuestros padres y nuestros abuelos han ido a coger espárragos, piñas y de todo y, sin embargo ahora no te dejan ver ni salir a ver los venaos, ni lo jabatos. No puede estar más protegido un animal que una persona.
Lo del polvo del camino, ¿tiene morbo?
Sí lo tiene, tiene su morbo. Eso está hecho así, no vamos a alquitranar los caminos, no?
Dígame, de verdad, ¿quién decide la hora del salto de la verja?
Lo decide el pueblo, eso es no es un tópico, es una realidad. Siempre se intenta lo más tarde posible, porque siempre ha sido al amanecer a los primeros rayos de luz. Lo suyo sería volver a la tradición a los primeros rayos de luz, pero ahora se hace mucho antes.
Cuál es el momento más mágico de toda la Romería, ¿el salto de la verja?, ¿la presentación del Simpecado ante la virgen?, ¿la misa de romeros?, ¿la salve rociera?, ¿el rosario que se reza en la noche a la luz de las velas y candelas?
El rosario está muy bonito, ves a todas las Hermandades; la presentación de las Hermandades ante la virgen, también; y el salto de la verja, claro.
“Vï la cara de la virgen en mi suelo”
¿Y cuál es el momento más emocionante y el más surrealista que ha vivido usted en el Rocío?
Muchas veces siento rabia cuando está la virgen en procesión y se cae al suelo. Te emociona, pero, a la misma vez te da mucha rabia. Y lo más extraño fue en 1985, cuando tuve el accidente de tráfico. Yo andaba con una muleta sola y unos amigos míos querían que me metiera debajo de la virgen. Yo no tenía fuerza en las piernas -siempre he pensado y lo pensaré-. Me llevaban entre cuatro y parece que la virgen me dijo, ‘no te metas, que te puede pasar algo’. Cuando me di cuenta estaba solo, ninguno de mis amigos estaba conmigo. Y yo me quedé allí parado mirando a la virgen y no me tocó nadie. Y cuando me di cuenta estaba la virgen al lado mí. No me tocó nadie, me mantuve de pie. Y luego cuando la virgen estaba aquí en Almonte me pasó algo parecido. Amigos y familiares me subieron a ver el paso de la virgen, la miré directamente a los ojos y tal como la miré me caí para atrás. Luego ví la cara reflejada de la virgen en las losas de mi suelo. Una emoción muy grande también.
Además de a la Blanca Paloma a quién tiene en su altar particular ¿a Rocío Jurado, a Tate Montoya, Paco Toronjo?
A Paco Toronjo y a sus sevillanas antiguas.
Con 24 años tuvo un accidente de moto y desde entonces mantiene una minusvalía del 63% en un brazo por una parálisis. Ese hecho debió cambiarle bruscamente la vida, ¿le ha condicionado mucho en su carácter, en su forma de vida, o cree que sigue siendo el mismo?
Me ha cambiado, me ha cambiado. Sé mis límites y a veces tengo que pedir ayuda a mi mujer o a mis amigos.
En este sentido, la venta del cupón ¿le ha servido para afrontar la vida de otra manera?
Sí, hombre con el tiempo que llevo lo tengo más que asimilado, me relaciono con mucha gente, tengo buenas amistades con clientes y con gente de fuera.
Lo que no ha perdido es su pasión por las motos. ¿Qué daría por ver una carrera en directo de Fernando Alonso, es su favorito?
Yo qué sé, no he conseguido nunca ver una carrera suya en directo, me encantaría.
Se declara usted madridista, bético y del Recre, hace a todos los palos, ¿no?
A todos los palos, aunque mejor fútbol que está haciendo el Barcelona no lo está haciendo ningún equipo. Me gusta reconocer a los equipos que juegan bien.
Para terminar, dígame la letra de una sevillana que le haya llegado al alma.
Hay tantas… Hay veces que cuando llego a casa me pongo mi DVD portátil. Me gusta escuchar la letra con los auriculares puestos y la luz apagada, todo oscuro, y escuchar la letra para llegar a conseguir sentir la letra de la sevillana o de un fandango que se está cantando. Hay una muy antigua de unos paisanos míos de aquí de Almonte, de Requiebros. (Y se arranca a cantar): “Chaparral de la Feria de mil colores; de mil colores, chaparral de la Feria de mil colores. Chaparral de la Feria de mil colores; de mil colores, donde estará la niña de mis amores, dónde estará la niña de mis amores; cómo se llama si Rocío o Antonia, cómo se llama, si Rocío o Antonia, Manuela o Juana”.
L.G.