El gran reto del Parlamento

Hace dos meses, el pleno del Parlamento de Andalucía se reunió en Antequera para conmemorar los treinta años del Pacto que impulsó el proceso autonómico andaluz. Aquel acuerdo fue suscrito nada menos que por 11 partidos políticos. Era un texto de pocas líneas, pero de tal calado que, gracias a la sólida base de la que nos dotó, la historia de nuestra tierra pudo vivir un impulso que todavía hoy es apreciable.
El Pacto de Antequera motivaría, a la postre, el nacimiento del Parlamento de Andalucía un mediodía de junio de 1982. Desde entonces, la Cámara andaluza tomó el testigo del intento permanente por abundar en el consenso y se convirtió en el lugar natural para el encuentro. Nuestro Parlamento es el mejor enclave para el diálogo, para la pugna de ideas y, en muchas ocasiones – más de las que se cree– para el acuerdo como objetivo deseable en la búsqueda del bien común.
En aquel 1978 eran muchos los desafíos. Y todos se resumen en una frase: nada menos que cambiar la estructura jurídica y política del país, y de Andalucía. Debía emprenderse tal obra, sin que, además, parara el tren de la vida diaria, sin que la sociedad percibiera estancamiento de tipo alguno en los servicios a prestar por las Administraciones.
Cuando en el conjunto del Estado se debatía sobre los modelos idóneos para acceder a la Autonomía, Andalucía dio un golpe de timón importante al sumarse al camino del autogobierno emprendido por las llamadas nacionalidades históricas y aspirar a alcanzar las más altas cotas posibles en la asunción de competencias. Y lo hizo gracias a la voz inequívoca de la mayoría del pueblo andaluz.
Esta voluntad claramente expresada sirvió de ejemplo para que otras Comunidades Autónomas avanzaran por la misma senda. Hoy, siendo justos con nuestra historia reciente, hay que resaltar esta intervención de Andalucía en la formación de un Estado Autonómico, en el que cada Comunidad tiene un Parlamento con amplia capacidad legislativa. Concluimos con orgullo que Andalucía fue un referente inequívoco, el catalizador en el proceso hacia la descentralización vivido en España.
En medio de este notable cambio producido, el Parlamento de Andalucía se ha erigido como una institución sólida. No sólo –con ser ya mucho- por ser el indispensable reflejo de la soberanía popular, sino por reflejar confianza para poder abordar los retos actuales, ya sean económicos, sociales, culturales o de cualquier índole.
Las Leyes que el Parlamento de Andalucía ha aprobado en estos años suman ahora 250, cifra que sirve para reflexionar sobre la incidencia de la legislación en la marcha de la sociedad andaluza. Y concluir que no hay cambios con más garantías y más democráticos que los conseguidos a través de cuerpos legales que emanen de un Parlamento elegido por sufragio universal. Algunas de estas leyes han sido pioneras, tanto por las materias abordadas como por la buena técnica legislativa empleada. Y han servido de modelo a seguir en el marco del Estado.
Es el Día de Andalucía. Veintinueve años ya de aquella mañana que precipitó todo lo demás. Y desde el Parlamento, residencia de la voluntad mayoritaria del pueblo andaluz, de su decisión manifestada en las urnas, se tiene el absoluto convencimiento de que es necesario aprender las lecciones de la historia. Recordar las enseñanzas de nuestros mayores. Y trabajar duro por nuestra tierra, sobre todo en esta época de dificultades.
Tenemos detrás un pueblo que merece toda la entrega de la que seamos capaces. También el 28 de febrero es la fecha que nos recuerda que Andalucía es capaz de alcanzar cotas que ni siquiera imaginamos, con un espíritu que es digno de rescatar en momentos de incertidumbre. Nuestros conciudadanos son nuestro mejor patrimonio.
Mas para que los andaluces y andaluzas puedan dar su verdadera talla, merecen que se les transmita un mensaje político real y comprensible. Los ciudadanos necesitan razones, no sólo titulares o frases hechas. Precisan la explicación de las actuaciones que les afectan y, sobre todo, recibir opiniones fundadas, y no sólo palabras fáciles. Por supuesto, debe desterrarse por completo el falaz argumento de que la ciudadanía no está capacitada para entender y asimilar las motivaciones oportunas.
El Parlamento es el lugar de los argumentos, donde se desarrolla la comunicación de los representantes políticos con los electores. El Parlamento no es un fin en sí mismo, sino que está sometido permanentemente a un “rendir cuentas” a quienes nos han votado y que, gracias a los milagros de la red, nos pueden seguir ya en sus pantallas desde todos los lugares del mundo.
El objetivo es profundizar en el trabajo para así ganar la confianza. El Parlamento es cercano al ser entendibles sus mensajes. Por eso, el gran reto de acercar la Institución a los ciudadanos pasa irremisiblemente por ofrecer “soluciones razonadas y razones que puedan ser soluciones”.
Este Día de Andalucía es una jornada que el Parlamento conmemora con la absoluta certeza de lo que se espera de él. Y el enunciado es fácil, “que los problemas que están en la calle estén también en sus escaños, en sus discursos, en sus iniciativas”.
Primer plano de Fuensanta Coves en la sede del Parlamento de Andalucía

Fuensanta Coves Botella
Presidenta del Parlamento de Andalucía