"No soporto la hipocresía"

Manuel Domínguez, sentado en el banco de un parque
Manuel Domínguez (San Fernando, Cádiz, 1968), es afiliado y vendedor de la ONCE desde 1997. Ganador del Premio Tiflos 2007, ha encontrado en la literatura un cauce para desahogar una visión crítica y hasta amarga, de la vida. Se rebela contra la hipocresía de la sociedad y sueña con poner en marcha un proyecto para que cualquier persona que quiera pueda dejar escritas sus memorias.
La vida ¿es un drama o una comedia?
La vida es un drama.
Un drama digno de ser escrito.
Sí, totalmente.
Esa perspectiva, ¿significa una visión pesimista de la vida?
No, no, no, para nada. Para mi es una visión realista. Es una tragicomedia realmente.
Que intenta sortear ¿cómo?
Con paciencia y resignación.
Lo dice porque ¿ha sufrido más que disfrutado?
La verdad es que sí, bastante más. De vez en cuando hay algún ápice de cambio pero ¡qué va!Te das cuenta que la vida es una apisonadora y te sube por encima y te arrolla.
Con esa visión tan crítica de la vida, ¿ha encontrado en la literatura una vía de escape?
Obviamente es una vía de escape, es el desahogo. Una forma de poder conocer tu pensamiento. Es una válvula de escape, para que vamos a adornarlo.
¿Qué leía de pequeño?
Empecé leyendo ‘El colmillo blanco’, nos lo obligaron a leer y me gustó mucho. El segundo fue ‘El Padrino’.
De esas primeras lecturas nació su vocación.
No, la verdad es que leyendo no comenzó mi vocación. Empecé a escribir mis cositas porque teníamos un profesor de EGB que nos empezó a hablar de la métrica y la poesía. Se me daba bien y comencé por la poesía. Otra profesora fue un gran apoyo, vio en mí algo y me insistía mucho en que siguiera escribiendo y cuando acabamos las clases se quedaba conmigo, me orientaba, me aconsejaba.
“Todos deberíamos escribir nuestras Memorias”

Hasta ahora sólo ha escrito relatos cortos, ¿no?

Bueno, he escrito relatos cortos, he participado en concursos de poesía, de microtelatos, he escrito para el mundo del Carnaval aquí en Cádiz, ahora estoy embarcado en un proyecto de novela que nunca termina de ver la luz. De hecho tengo un proyecto en mente pero no sé como darle salida, es una idea más poética que mercantilista.

¿De qué se trata?
Existen biografías de celebridades que escribe gente de prestigio. Pero yo soy de la opinión que cada persona tiene una historia. Igual de valiosa es la vida de Napoleón o del Rey de España que la de usted o la mía. Cada uno tiene sus pensamientos y sus circunstancias. A mí me gustaría poder crear un proyecto, una empresa, una editorial, que se dedicara a escribir esas pequeñas historias. Hay mucha gente que no tiene esos conocimientos pero le gustaría dejarle a sus hijos sus memorias y su biografía para que sus hijos y sus nietos sepan su trayectoria. Todo documentado con fechas, fotos, citas. Esa es la idea, crear esto para las personas que quieran dejar ese legado y que no tengan la facultad de poder hacerlo.
Cree que todos deberíamos dejar escritas nuestras memorias.
Pienso que sí, que todos deberíamos escribir nuestras memorias. Aunque esta idea es más poética que mercantilista, porque el trabajo que costaría realizar individualmente esto es inmenso.
¿Le gustan los finales cerrados o prefiere dejar al lector la expectativa más abierta?
Me gustan los finales abiertos y sobre todo sorprender en los finales, darle un giro de tuerca a la historia y sorprender.
¿Cuál es su principal fuente de inspiración?
La vida misma, las experiencias personales. Siempre hay algo real en mis relatos. De hecho los personajes normalmente utilizo nombres de personas que existen en la realidad.
“A veces tengo que pelear con mis textos”

La violencia y la crispación están latentes en los finales de sus relatos. No son textos dulces de leer. ¿Tiene eso algo que ver con esa visión tan amarga de la vida a la que aludía antes?

Pues no lo sé porque yo soy una persona muy pacífica en principio. Muy dialogante, muy liberal en talante de respetar todas las opciones y las opiniones de los demás. No soy persona de imponer mis criterios. Tampoco soy persona que me deje influir por los demás. Pero dentro de eso, me considero una persona liberal. No sé cuál es el motivo de eso, quizá por la visión que tengo de la vida, porque realmente es todo una pantomima. Todo es la sonrisa de “Hola ¿qué tal estás?” y cuando te das la vuelta es mejor esconderse.

Es usted dueño de sus textos o, a partir de un momento dado de su creación, los propios textos son los que le dominan.
Hay veces que tengo que pelear con ellos. A veces que me pueden ellos a mí, y soy yo el que a veces me doy cuenta de que eso está ocurriendo y otras veces una vez que está escrito tengo que tener cuidado. Y ya una vez que está escrito, y le doy el visto bueno, salvo una coma, un punto, la trama es la que es, ya no lo cambio.
Perdone que insista, pero es que me sorprende su visión amarga de la vida, viniendo precisamente de Cádiz, con ese alma tan carnavalesca, con ese sentido de la vida tan vitalista y positivo, que forma parte de su identidad y de su cultura.
Es que verá, yo he estado metido en todos los fregaos, en todos los berenjenales. He sido capillita 100%, he sido cofundador de una hermandad en San Fernando; he estado durante ocho años en comunidades catecumenales, movimientos dentro de la Iglesia católica; luego, dentro del mundo del Carnaval estuve otros tantos, con premios; luego, llegaba la época de la Feria, iba con mi cofradía, con mi peña, montaba mi caseta de feria; durante diez años he sido cargador de Semana Santa. Yo en todos los fregaos; “¡Ay va Manolo pa’lante!”. Y a día de hoy, ni soy cargador, ni voy a ver la hermandad de la que soy cofundador que está a 100 metros de donde vivo, ni voy a bailar a la Feria y el carnaval de la calle no me gusta, me gusta el del teatro y si lo veo por televisión tampoco me molesto en ir al teatro.
¿Y por qué ese cambio?
Por la hipocresía que se mueve en todos los ámbitos. Yo el golpe de pecho del cofrade lo aborrezco. Ese “Yo, yo, yo”. “Cristo, yo y Dios y Dios”, y luego se dan la vuelta y te la dan, no lo soporto. La hipocresía es algo que no soporto. El mundo religioso en sí es una hipocresía. Voy a misa pero no soy capaz de dar una caridad a la persona que está en la puerta. En el mundo del Carnaval pasa lo mismo, tú cantas, tú haces reír y mientras estás en el escenario eres el número uno, en el momento en que te bajas todos son fallos. Hay una hipocresía y una serie de intereses creados que no me van, es que no lo soporto. Para hacer algo incongruente que me obliga a poner una cara que no es la mía lo abandono. En el tema de la feria y los festejos es igual. Yo soy una persona muy leal, ahora si me la juegas, me la pagas. A mí se me nota en la cara enseguida. No valgo para fingir. Por ese motivo tengo a gente que me quiere mucho y gente que no me resiste. Imagino que todos andamos un poco así. Ese quizá es mi pecado, que soy muy leal con mis amigos y muy rencoroso con mis enemigos.
“Los vendedores somos confidentes”

Toda su trayectoria profesional ha tenido que ver más con la técnica que con las letras. Se formó en automoción, ha sido montador de estructuras de aeronaves y ahora se adentra en el mundo de la literaratura. La deficiencia visual ¿le ha abierto los ojos?

No, no. Ahora casi ya no puedo leer, se me juntan todas las letras, me tengo que acercar mucho a la pantalla para manejarme con los textos. Pero la deficiencia visual no ha influido para nada a la hora de escribir. Mis padres pensaban que iba a suponer un trauma ser minusválido. No es ningún tipo de orgullo, simplemente es una circunstancia, lo mismo que he vendido colonia hoy vendo cupones.

Y como vendedor de la ONCE ¿encuentra muchas historias que llevar al papel?
Muchísimas. Si tienes ocasión de hablar con vendedores, que imagino que sí, cada uno te podrá llenar miles y miles de decenas de folios porque somos como un pequeño confesionario. El vendedor se convierte en la esquina en un confesor del vecino, es un observador mudo y ciego de la vida cotidiana del entorno. Y tengo clientes que han venido solteros, que los he conocido casados, que han venido con sus hijos… Te enteras de todo, desde el que se tiene que operar de fimosis hasta la niña que se ha quedado embarazada, el abuelo que le ha dado un achuchón. Somos confidentes. Ten en cuenta que hay mucha gente aburrida en su casa.
L.G.