Diego Fernández, venenciador: "Vender cupones es como servir vino con elegancia"

Diego Fernández, venenciando
Se siente un artista, un embajador del vino. Es el único venenciador ciego que hay en el mundo. Diego Fernández, jerezano, claro, 39 años, hace sólo tres perdió el 78% de su visión. El mundo se le vino abajo hasta que la ONCE, su mujer y su familia le auparon de nuevo hacia su auténtica pasión, el arte de servir vino con elegancia. Hoy vende cupones con el mismo arte porque, para él, vender cupones es como venenciar, servir con amabilidad y con elegancia.
Dicen que servir el vino de forma tan elegante da un toque de distinción y engrandece el espíritu señorial del vino. Venenciar ¿es un arte? ¿Se considera usted un artista?
Sí. Gracias al Consejo Regulador de Jerez, se considera un arte a nivel personal. Esto se hacía en las bodegas antiguamente, formaba parte de lo que era un convenio entre los venenciadores y el comprador. Ahora, al sacarlo de bodegas, nos consideramos grandes artistas.
Bueno, más aún, usted debe sentirse embajador de Jerez. Vamos, que cuenta con el título del Consejo Regulador de Jerez que califica a sus venenciadores como auténticos embajadores de la ciudad.
Embajadores del vino. Estamos considerados como embajadores del vino de Jerez.
Cómo llegó a la venencia, ¿por tradición familiar?
Mi padre era trabajador en la viña, trabajaba en el campo, la uva, la viña, era un trabajo fuerte de estar todo el día en el campo y poco a poco me fue introduciendo. También me he dedicado al corte del jamón, empezamos a practicar en plan de hobby con unos amigos y al final el Consejo Regulador nos eligió.
¿Y cómo se apasiona uno por el mundo de la viña y el vino desde la infancia?
Es que al tener tu padre todo el día diciéndote “vamos al campo”, “vamos a la viña”, forma parte de la tradición. Tengo un hermano que está todavía en la viña haciendo todas las tareas. Y a mí, de vez en cuando, me gusta pasarme por la viña, porque es lo que hemos vivido en casa.
Hay pique entre los venenciadores jerezanos y los sevillanos, ¿no?. Al lado de Sevilla, ustedes se sienten capital del Reino.
No, pique no hay. Las formas, los estilos son distintos. Nuestro estilo es más elegante, ellos más a salir del paso. A nosotros nos gusta recrearnos mucho más con respecto a Sevilla y a los que trabajan en el Condado de Huelva. Pero la cuna de la venencia está en Jerez, en el marco de Jerez; Puerto de Santa María, Sanlúcar, Chiclana, toda esta zona. Los venenciadores aquí han llegado a un coger un estilo, que ha pasado de padres a hijos, al que cada uno le aportamos nuestro granito de arena.
¿Cuál es la altura adecuada para deslumbrar al personal?
Normalmente está entre 50 y 60, pero con la práctica y el pulseo, puede llegar hasta 70 centímetros.
Más allá de esa medida, o quedarse corto, resta mucho, supongo.
No queda tan elegante, ni tan vistoso, y a la hora de quedarte sin vino, se nota. Si se nota el chorro cortado en una fotografía queda muy feo. Intentamos siempre que haya un acorde entre la bajada del vaso y la subida de la venencia.
¿Es todo cuestión de equilibrio?, ¿cuál es la clave del éxito aquí?
Más que de equilibrio, de pulso, de un buen pulso. Tanto cuando sube la venencia hacia arriba como después tener el control de que el vaso vaya cayendo a su medida. Depende también del vino que se vaya a servir, uno pesa más que otro, y eso lo hace la experiencia.
¿Se puede ser un buen venenciador sin ser experto en vinos?
Yo creo que sí, pero claro, una cosa lleva a la otra. Nosotros como embajadores del vino, tenemos que saber vender vino. Y hay que saberlo vender, no aquí, sino en China o en Japón. Solo la elegancia que tiene la venencia invita a tomarse una copa.
Pero usted debe ser un buen conocedor de los generosos. ¿Con qué se queda, con un fino, un oloroso, manzanilla, amontillado?
Yo toco todos los palos. Por la mañana me gusta tomarme un olorosito. Con un arroz, un finito o manzanilla. No hay tanto pique como se piensa, que en Jerez se toma igual un fino que una manzanilla. Y luego en el postre uno más dulce igual se toma un buen Brandy que un Pedro Jiménez.
“Un buen jamón y un buen vino son la esencia de Andalucía”
Como bien ha dicho, el origen etimológico de la palabra “venencia” proviene de “avenencia”, que significa acuerdo. En las bodegas, antiguamente, cuando se hacían los tratos de compra o venta de partidas de vinos y se llegaba al acuerdo. El vino sigue siendo fuente de acuerdo.
De grandes acuerdos. Gracias al Consejo Regulador nosotros hemos estado en eventos de Reyes, de presidentes y altos cargos. El presidente de la Junta lleva siempre en su turismo un venenciador y un corte de jamón, que son las armas de Andalucía
Vamos, que Zapatero y Rajoy, con una copa de vino de por medio, serían capaces de llegar a buenos acuerdos, no?
Y que se la toman, se lo puedo garantizar y llegan a acuerdos. A lo mejor se llevan todo el día discutiendo en el Parlamento y luego van a un evento y se toman un buen vino juntos.
¿Con un buen jamón y un buen fino se conquista el mundo?
Un buen jamón y un buen vino son la esencia de la vida de Andalucía.
Para los chinos, ustedes han debido de ser todo un descubrimiento.
Bueno, ellos lo descubren todo. Lo nuestro es arte, alegría y saber estar. Para ellos nosotros lo mejor. Lo han copiado todo de nosotros, bueno, se lo hemos enseñado. Hay ya más de 20 venenciadores chinos formados por el Consejo Regulador de Jerez.
Ha recorrido toda Europa y gran parte de Asia. Ésa ha debido de resultar una experiencia extraordinaria.
Sí, conocer ciudades y las personalidades tan exóticas que hay en cada ciudad, el trato que hemos tenido, ha sido muy bonito. Lo que yo he vivido ha sido estupendo. He estado venenciando en la torre Eiffel, en China con todos los embajadores, en Londres. Ha sido impresionante.
“A la ONCE, le doy 20, sobre 10”
Los últimos tres años de su vida han resultado difíciles en lo personal. De repente, pierde la vista por culpa de una retina arrugada en los dos ojos que le ha dejado con una pérdida de visión del 78% por ciento. ¿Qué ha sido lo peor de esta situación?
Cuando me lo dijeron. Fui a una revisión de fondo de ojos porque me picaban mucho, fui a una revisión normal y cuando, de buenas a primeras, me dicen que hay que operar urgente, se me cayó el mundo. Diez días después iba a la Pampa argentina a vender y a hacer una promoción y se me vino el mundo abajo. Después gracias a mi mujer y a la gente que tenía alrededor salí poquito a poco. La más fuerte fue mi señora y mi familia porque yo no quería salir. Yo veía que no había solución y opté por venirme a la ONCE.
¿Y cómo valora el papel que la ONCE ha desarrollado en este tiempo?
El equipo de la ONCE que me atendió si tuviera que ponerle una nota le pongo un 20 sobre 10. Gracias a ellos estoy ahora en la venta e intentando venenciar. Ellos han sido los que me han ayudado en todo, tanto en la labor sicológica, como la del trabajo. Para mí ha sido lo mejor que me ha podido pasar.
¿Hay mucha diferencia entre venenciar con vista o sin ella? Imagino que el oído recuperará una fuerza que antes no tenía.
Hombre!, al no ver el chorro, todo lo tienes que hacer a través de las distancias, forzando el sonido y el oído. Se ha perdido la vista pero se ha agudizado un poquito más el tacto y el oído. Ahora pongo más atención en cosas que antes no prestaba.
Ahora mismo usted es el primer venenciador ciego y, por tanto, el único del mundo. Eso también debe darle un plus en su profesión, le aporta un valor añadido entre sus compañeros.
Hombre! He cogido una categoría única en esto. Pero, tanto el que ve como el que no ve, esto es para vivirlo y sentirlo. Ahora tengo la desgracia de no poder ver la cara a la gente cuando te piden una copa, porque la cara de alegría que ponen con esa elegancia, no se le olvida a uno. Pero tengo más ganas que nunca ahora mismo.
En el último FITUR, venenció entre 3.000 y 4.000 copas al día, ¿quiere eso decir que ya está en plena forma, de nuevo?
Eso es lo normal, porque empiezas a las 9 de la mañana y acabas a las 9 de la noche. Pero sí, estoy en plena forma, no se pierde el estilo, eso lo llevo ganado. Lo único que tengo que trabajar más el tema de la copa, las distancias y el sonido, me comprende?
¿Cómo se ve ahora como vendedor del cupón?, ¿le ha sacado el gusto a la venta?
Eso es el día, día, usted sabe. Estamos en tiempos de crisis pero, poquito a poco, estamos intentándolo. Esto casi, casi, es como el vino. Yo cuando estaba en el extranjero, que no entendía lo que me estaban diciendo, sólo con la elegancia de servir, la gente venía y cogía la copa. Pa mí, esto es lo mismo. Vender cupones es como servir el vino con elegancia. Tengo las mismas sensaciones; cuando vendes un cupón a cualquier persona, lo que tienes que hacer es ser es lo más amable posible y, por lo menos, intentar, si no le da premio, que venga mañana y te compre otra vez. O por lo menos cada vez que te vean que te compren algo.
L.G.