Ángel Rodríguez: "Cuando he estado por ahí me han admirado como si fuera grandioso"

El Chanquete en un momento de su actuación en el último Festival de Flamenco ONCEÁngel Rodríguez, el vendedor 512 de la ONCE en Granada, es, ante todo, El Chanquete, un cantaor flamenco “de tercera generación”, con 65 años ya cumplidos, en los que ha vivido tiempos de gloria y miseria. Escenarios de Japón y Rusia se han estremecido con su voz profunda. Con apenas resto visual, reconoce que el flamenco lo es todo en su vida. Es un ‘histórico’, uno de los impulsores del Festival Flamenco de la ONCE que en noviembre -el próximo día 14- vuelve a Granada en su segunda edición.

¿De dónde le viene el nombre artístico de El Chanquete?
Me lo puso un amigo mío flamenco también pero ya hace más de 40 años. En la casa (en la ONCE) algunos me conocen como el vendedor 512 y otros por mi nombre.
¿Nació con duende o lo aprendió en las academias?
No, no, no, yo aprendí en la calle, aprendiendo, escuchando mucho flamenco, preguntando, como tenía buena voz… Para mí la calle ha sido la mejor escuela porque eso hay que nacer, eso no se aprende. El cante se aprende a través de los discos de flamenco, preguntando, eso no tiene escuela. Se nace con buena voz y a través del tiempo, el duende se va haciendo.
Dice El Lebrijano que él cantaba ya en el vientre de su madre, ¿usted fue tan precoz?
En el vientre de la madre de uno se escucha ruido, pero no, eso también lo podría haber dicho yo, es una forma de hablar.
¿Quién fue su primer espejo, su principal referente?
Yo soy ya de la tercera generación, he cumplido 65 años. Aprendí mucho de los antiguos, sobre todo me gustaba don Antonio Chacón, que es uno de los grandes cantaores, de los que se ha aprendido mucho a través de él.
¿Y ahora mismo quién le gusta más?
Nadie, de los que hay ahora no me gusta nadie.
¿Ni siquiera su paisano Enrique Morente?
Me gustaba cuando empezó, pero el cante que tiene hoy no me satisface, no.
A los 14 años ya se ganaba la vida cantando. ¿Cómo fueron esos primeros años?
Sí señor, yo a los 14 años me eché a la calle, porque como había tanta hambre, y mi madre todavía no vendía el cupón, entonces tuve que salir a la calle a buscarme la vida. Y unos días ganaba y otros me volvía con una borrachera muy grande y hasta el otro día. Ya voy camino de 13 años como vendedor.
¿Recuerda cuál fue la primera vez que se subió a un escenario?
Tenía yo unos 16 años. Fue en el barrio del Albaicin, pero no recuerdo que canté.
“La calle ha sido mi mejor escuela”
A usted el cante ¿le viene de familia? ¿Qué influencia tuvieron sus padres en su vocación?
Mi padre cantaba. Mi madre tuvo siete hijos, pero yo sólo conocí a un hermano que se me murió cuando él tenía 24 años y yo 11 años. Era cantaor también. Mi padre cantaba también en los bautizos, lo que llevaba antiguamente, se cantaba con laúd, guitarra, bandurria, acordeón, en fin, lo que había.
¿Podría describir su estilo interpretativo?
Mi estilo es flamenco puro, tengo una voz profunda, demasiado profunda cantando. Ahora si me apetece canto algo, pero sin obligación, en la intimidad.
¿Cuál es su palo favorito? ¿Con qué palo flamenco se siente más identificado y más cómodo?
A mi me gusta todo el cante que sea cante de verdad. Me gusta mucho la soleá, las seguidillas, los tientos, las cañas, los martinetes, me gusta todo lo que sea cante de verdad.
¿Influye mucho la improvisación, el estado de ánimo, el momento o todo es fruto de un trabajo callado?
Sí influye un poquito. Yo cuando me pongo un poco nervioso tengo más fuerza cantando.
La Niña de los Cupones lleva el compás entre cupón y cupón, no puede evitar el zapateo y el ritmo de palmas mientras aguarda la venta en su kiosco, ¿usted canta algo cuando vende?
No, no, no. El trabajo es una cosa y el cante es otra. Yo me meto en mi kiosco y a esperar que llegue el cliente. Ahora, cuando me llaman a un Festival o a cualquier sitio –que no quiero porque no me apetece-, eso es otra cosa.
Ha pisado escenarios de Japón, Corea, Polonia y Rusia. Tiene una trayectoria internacional que para usted queda.
La primera gira que hice fue Japón, estuve seis meses, hacía cuatro pases todos los días con dos bailaoras de flamenco y hacía los pases yo solo en el escenario. Después estuve en Corea del Norte, después en Polonia y en Rusia. En Francia también he estado.
“En el flamenco hay muchas envidias”
¿Cree que se ha sentido más reconocido fuera que dentro?
Sí, te admiran más la gente fuera. Como estamos en Andalucía y esto es tierra de flamencos, no te miran igual que cuando sales fuera de tu España. Te admiran mucho. Los seis meses que estuve en Japón y cuando he estado por ahí me han admirado como si fuera algo grandioso. Lo que pasa es que aquí estamos muchos flamencos y cada uno es de un padre y una madre y nos llevamos muy malamente. El flamenco de por sí se llevan muy malamente unos con otros, hay muchas envidias y muchas rencillas –que si yo canto mejor que tú, que si bailo mejor que tú-, y eso pasa ná más que en Andalucía.
El nuevo Estatuto de Autonomía ha elevado el flamenco a la categoría de “elemento singular del patrimonio cultural andaluz”. ¿Cree que Andalucía defiende lo suficiente el flamenco o que todavía requiere más protección, más difusión y más enseñanza?
Si te vas a Sevilla, que es una capital grande, se ve que el flamenco se reconoce más que en mi tierra en Granada. Desde luego hay que hacer más por protegerlo, sobre todo aquí en Granada.
Y ¿qué cree que puede aportar la celebración de este Festival de Flamenco impulsado por la ONCE?
Estoy convencido que si se hace todos los años y se consolida esto subirá para arriba porque es una cosa buena para que los flamencos no nos encontremos olvidados de la mano de Dios. Y más los que tienen algún tipo de discapacidad porque a esos hay que ayudarles el doble. Hay que luchar por el flamenco para que el que tenga voluntad de aprender, que aprenda y hay que tirar para adelante. Aquí se podría hacer una escuela de flamenco en la ONCE. A cantar no se puede aprender pero se le puede enseñar a hacer algo en la vida. Cantar es muy difícil, hay que nacer. Pero se podía enseñar a muchas cosas.
Dígame para finalizar, ¿qué es el flamenco para usted?
El flamenco para mí es todo en esta vida porque es el que me ha dado muchos ratos muy buenos, muchos ratos amargos, y he vivido siempre para el flamenco porque es lo que yo he podido hacer antes de estar vendiendo cupones, mi vida era esa. Y me acuerdo, claro. De vez en cuando hago algo, pero mi trabajo es vender el cupón, que es lo que me da de comer.
Y como vendedor ¿cómo le va?
Pues bien, unos días mejor, otros días peor. Pero bien, no me quejo.
L.G.