"Hay que tener un poco de respeto a esta crisis"

Licenciada en Derecho por la Universidad de Granada, después de unas prácticas promovidas entre la ONCE y Caja Granada, se incorporó al Departamento de Inversiones Corporativas en la sede central de uno de los pilares esenciales del poder financiero andaluz. Es Piscis. O sea, tímida e introvertida aunque, eso sí, sonríe a la mínima.

Noelia, a las puertas de la sede central de Caja Granada

Usted es ciega de nacimiento. Su infancia transcurrió en su Quéntar natal, a orillas del pantano. ¿Cuál es el primer recuerdo que le viene de sus primeros años?
Esperar a mis hermanos que vinieran del colegio y a mis primos que vinieran a comer. Yo no fui a Párvulos y me acuerdo que siempre les esperaba. Al principio me quedaba más en casa pero luego empecé a salir y a jugar más en la calle.
El salto a Granada capital para estudiar ya en el Instituto, con 14 años, ¿le resultó especialmente difícil en algún sentido?
Fue un cambio bastante drástico, la verdad. En el colegio el nivel era bastante bajo y se notó muchísimo el cambio. El primer año sí me costó adaptarme un poquillo.

¿Problemas de integración?
Sí, los he sufrido. Al principio iba con gente del pueblo, luego se distanció y hasta 3º no conocí a gente. Hasta 3º de BUP lo pasé mal. En los primeros años en mi pueblo no hubo problemas, el cambio vino con el instituto. La gente no está acostumbrada a tratar con personas ciegas. Ahora sí hay una concienciación pero antes era complicado. Las niñas no lo entienden.

¿Y la Universidad? Porque Granada tiene un pulso vital tremendo con el peso de su universidad. ¿Fue la etapa más enriquecedora, la más dura?
En la universidad siempre he tenido compañeros y gente que me ha ayudado. Fue una etapa muy enriquecedora. Aprendí muchas cosas; la independencia por mí misma, a buscarme la vida yo. Sí que fue enriquecedora.

¿Cuál fue su principal dificultad y su principal apoyo?
La principal dificultad moverme por mi misma, ir a clase sola. Y lo mejor que encontré gente que me lo hizo más fácil con los apuntes y acompañándome cuando lo necesitaba. En el instituto sobre todo la ONCE tuvo un papel muy grande con el apoyo de clases extraordinarias, pero ya en la facultad tienes que buscarte un poco la vida aunque siempre están ahí para ayudarte.

¿Siempre quiso estudiar Derecho?
Siempre estuve entre Derecho y Sicología y al final me decidí por el Derecho.

¿Y por qué se decantó por el Derecho?
Sinceramente, no lo sé. Me atraía mucho el tema de las leyes, me atrajo más.
“Vender el cupón fue una experiencia muy buena”

Mientras estudió la carrera compatibilizó los estudios con la venta del cupón. ¿Qué le queda de esa etapa?
En los últimos años de facultad. Fue una buena experiencia, pero muy cansada porque vendía por la mañana y por la tarde iba a clase. Pero aprendí cosas y cuando trabajas y estudias siempre se rinde más. Para mí fue gratificante, me sirvió bastante, te aporta muchas cosas. Hasta que no estás vendiendo no sabes realmente el alcance que tiene la ONCE. Lo entiendes cuando estás ahí. Luego está el cariño del público. Cuando faltas te echan de menos. Es una experiencia muy buena, no me arrepiento de haber vendido aunque no di ningún premio.

¿Qué es lo que más aprecia y más detesta del Derecho?
Ver la justicia y las leyes desde dentro. Luego te das cuenta que en muchísimos casos no es exactamente como lo das en la carrera. Cambia muchísimo. No se respeta las leyes como se debiera. El Derecho es muy bonito si se desempeñara como realmente lo damos en la Universidad y como se debería y no lo tergiversase tantas leyes y tantas historias. Todo influye para que al final la justicia no sea tal. Siempre hay muchas cosas que podría cambiar.

Pedro Pacheco dijo que la justicia es un cachondeo en España.
No sé como será en otros países pero en España no es como debiera.

¿En un tribunal qué preferiría ser acusación particular, defensa, fiscal o juez?
Me encantaría ser juez. El papel que desempeña el juez siempre me ha gustado. Siempre que se haga correctamente porque no todos los jueces saben hacer su trabajo como se debería.

Marlasca o Garzón ¿son sus superhéroes?
La verdad es que son jueces que se lían la manta a la cabeza y están sacando lo que deben. Yo creo que sí.

Pero su carrera se está desviando del Derecho en sentido estricto.
La verdad es que con mi minusvalía no se puede acceder a muchos puestos como el de juez, fiscal o notario. Están muy limitadas.

Caja Granada se distingue por su compromiso social en su actividad financiera. ¿Es diferente?
Sí, hay muchas cosas enfocadas a eso, a compartir con la gente, que la gente participe, se le da mucho protagonismo y se le da mucha importancia a la solidaridad.

Dígame la verdad, sus compañeros ¿le sobreprotegen por ser una persona ciega?
No, para nada. Yo hago el trabajo que tengo que hacer y si necesito ayuda siempre están ahí. Pero no me sobreprotegen.

Estuvo siete meses de prácticas, fruto de un convenio entre la ONCE y Caja Granada, y le ficharon al día siguiente, no lo debió usted hacer tan mal. ¿Qué aprendió en las prácticas?
Estuve en el Departamento de Comunicacion en los primeros seis meses y luego me cambiaron a otro Departamento que era el de Caja Electrónica. Aprendí el funcionamiento de determinadas cosas de Caja Granada, porque desde fuera se ve todo diferente. Conocí muy bien la obra social y la gestión de determinadas operaciones.

Cree que les ha sorprendido.
Sí se asombran. Se quedan muy asombrados de lo que puedes llegar a hacer siendo ciega. Como siendo ciega puedes tener acceso a tantas cosas y cómo puedes manejar tantas herramientas. Sí, sorprende.
Ahora trabaja en el Departamento de Inversiones Corporativas. ¿En qué consiste exactamente su puesto?
En este Departamento se está en contacto con las empresas donde Caja Granada mantiene inversiones. Desde aquí se lleva el control de esas empresas, del capital, de los cambios que se producen. Mi trabajo consiste en mantener el contacto y estar supervisando la información que se deriva de ese control.

¿El futuro es de los bancos, de las cajas de ahorro o de Internet?
De todo un poco. Todo va en unión.

¿Desconfía usted de las ofertas bancarias por Internet?
De las ofertas bancarias y de las compras, en general, no me gusta hacerlas por Internet. No me fío. Comprar por ejemplo no me fío yo tanto. De las gestiones bancarias sí, de los movimientos, transferencias sí, pero no de comprar. Entrar en una página y meter el número de tarjeta para comprar la verdad es que no me gusta.
¿Está asustada por la crisis?
Asustada no sé, pero hay que tenerle un poco de respeto porque nos afecta a todos.

A sus 30 años, sus perspectivas laborales ¿hacia dónde apuntan?
De momento estoy contratada aquí un año. Si se amplía, maravillosamente. Si no, estudiaré algunas oposiciones. Para juez no puedo pero quisiera algo que tuviera relación con los tribunales. Porque la abogacía en sí tampoco me atrae mucho porque hay mucha demanda.

Ahora está leyendo Un mundo sin fin, la segunda parte de Los Pilares de la Tierra, de Ken Follett, ¿qué es lo que le atrapa de la novela de ficción histórica?
Como el autor sabe combinar los hechos históricos con personajes totalmente ficticios. Lo que crea entre la realidad y la ficción es algo que yo admiro mucho. Me encantaría poder escribir así, poder hacer esa conexión entre lo real y lo imaginario.

L.G.