Una Bienal accesible

Desde su nacimiento en 1980 la Bienal ha evolucionado como lo ha hecho la sociedad y el propio flamenco en estos 28 años. Ha cambiado la relación con el público y con los artistas. Este certamen sirvió para sentar bases en su momento novedosas, que hoy son incuestionables. Sirvió para darle importancia social al artista y dignificar el hecho flamenco situándolo en los grandes escenarios, ayudando de forma significativa a que se desenvolviera en el mundo de las artes escénicas sin complejo alguno, cosa que no ocurría desde hacia décadas. Este arte, como cualquier otro, es una forma de expresión que cambia con el tiempo y con la historia a la que pertenece y representa. La Bienal de Flamenco, no puede, ni quiere, ser ajena a este compromiso social del arte.
Ahora, en su decimoquinta edición, su función debe ser la de alumbrar y servir de modelo, reafirmando su papel de referente mundial en la oferta cultural de los grandes acontecimientos flamencos por su calidad y su vocación de apuesta de futuro.
La programación de este año, estructurada en torno a ocho ciclos y dedicada a ‘Las Músicas del Flamenco’ es una apuesta por aquellos artistas que están en un momento creativo fundamental con una aportación de lenguajes propios y líneas de futuro; siempre con la calidad como filtro y sin dejar de atender a los maestros que han posibilitado el presente y a los jóvenes que nos proponen el porvenir. El objetivo último es conectarlo con esa vocación universal de nuestra ciudad y del flamenco. Con este fin trabajamos año tras año para que todos los ciudadanos, sin excepción ni exclusión alguna, puedan, no sólo asistir a este acontecimiento como espectadores, sino también participar en él como artistas.
La Bienal de Flamenco tiene la obligación y el deber de ser accesible tanto desde la perspectiva de la creación artística como desde la del disfrute de las obras realizadas a todas aquellas personas con discapacidad que aman y viven el flamenco. Esta apuesta se encuentra estrechamente vinculada a un proceso social porque concebimos la Bienal en su sentido más abierto, más global, como plataforma no sólo de desarrollo personal y artístico sino también de transformación social y cultural. Intentamos suscitar la participación activa movilizando recursos y emprendiendo acciones concretas. Creemos en la integración social a través del arte y la cultura, a través de una actitud social enfocada a la adaptación, a la normalización y al respeto. De esta forma, hacemos una Bienal más integradora, más solidaria.
Gracias al trabajo que se viene haciendo desde festivales y muestras especializados en arte integrado, desde hace unos años podemos ver en las programaciones teatrales convencionales el trabajo de compañías formadas en parte o en su totalidad por artistas con discapacidad. La Bienal de Flamenco, desde su programación oficial, se suma a estas iniciativas con el objetivo de normalizar un tipo de creación artística que, hasta el momento, venía siendo tratada de una forma excepcional. La Bienal se convierte así, en un espacio de integración mutua gracias al contacto directo entre público, artistas, programadores, medios de comunicación y agentes culturales de todos los ámbitos, contribuyendo, de este modo, a acabar con la discriminación histórica de un amplio colectivo de creadores. Hoy día, la Bienal es, para Sevilla, el santo y seña de su oferta cultural a nivel nacional e internacional, hasta el punto de haber ocupado el tercer valor de incentivo para el turismo en nuestra ciudad después de la Semana Santa y la Feria de abril.
La Bienal ha conseguido que, para todos, Sevilla sea la capital del Flamenco. Sólo dentro de la programación oficial se ofrecen unas 70 funciones, de las cuales 25 son estrenos, 23 absolutos y 2 nacionales. Son 50.000 las entradas a la venta y esperamos concitar a más de 7000 visitantes durante ese más de un mes de Bienal. A lo largo de 32 días todos los espacios escénicos de la ciudad se usan exclusivamente para esta programación. Y a ellos se suman otros espacios singulares que sólo una ciudad como Sevilla puede ofrecer al flamenco. Nuestros escenarios serán: la Plaza de San Francisco, en pleno corazón de la ciudad, el Teatro de la Maestranza, el Teatro Lope de Vega, el Teatro Alameda, el Teatro Central, el Auditorio Rocío Jurado en la Isla de la Cartuja, el Patio del Hotel Triana, antigua casa de vecinos perfectamente restaurada y habitada.
También el Centro de Información y Actividades de Bienal que se sitúa en el Casino de la Exposición, otro enclave fundamental de la Sevilla soñada. Si a ello le sumamos toda la actividad que el sector desarrolla durante estas 5 semanas y la realización de más de treinta actividades paralelas, programa de jóvenes, conciertos en peñas y salas alternativas y un largo etcétera de posibilidades podemos afirmar que durante este tiempo en Sevilla se vive flamenco.
Esperamos que sea un éxito para todos los artistas que mostrarán sus trabajos en la Bienal, que el público aficionado salga satisfecho, que los miles de personas que nos visiten gocen de la ciudad y de los espectáculos que conforman la decimoquinta edición de este acontecimiento que vive la ciudad cada dos años. Sevilla se viste de Bienal.
Primer plano de Domingo González
Foto: C. Corrales
Domingo González
Director de la Bienal de Flamenco