"Un ciego puede ser un excelente compositor"

Francisco Somoza posa con su violín sobre el escenario del salón de actos de la Delegación TerritorialGallego del interior de Ourense, a los 9 años se afilió a la ONCE y a los 12 cogió su primer violín. Desde entonces no ha dejado de amar la música. Durante 42 años ha transmitido su pasión a diferentes generaciones como profesor de violín en el Centro de Recursos Educativos de Sevilla. Ahora, jubilado, repasa las notas más destacadas de la partitura de su vida. Ha sido alumno de los grandes y un gran profesor, de los que dejan huella. Pero es, sobre todo, una gran persona.

¿Se acuerda cuándo fue la primera vez que cogió un violín?
A los 12 años. A los nueve años mi padre me afilió a la ONCE. Me ingresaron en el colegio de Pontevedera y me iniciaron en la música ya porque el profesor, don Juan Vicente Molina, vio en mí condiciones para dedicarme a la música y empezó a darme solfeo con 11 años. Allí convalidé en el conservatorio de La Coruña dos cursos de solfeo y me inicié en violín en el segundo curso de solfeo. A mí siempre me gustó mucho el violín. Íbamos a los conciertos de música de cámara en Pontevedra y me gustaba mucho escucharlos.
De Pontevedra continuó su carrera en Madrid.
Del colegio de Pontevedra guardo gratísimos recuerdos. Estuve muy a gusto, me ayudaron mucho, con mucho cariño por parte de todo el mundo. Allí estuve hasta los 13 años. Ya a los 13 años me mandaron a estudiar a lo que es hoy el colegio de Madrid donde hice toda la carrera completa de violín.
Debió ser un alumno aventajado porque tuvo la fortuna de contar con grandes maestros.
Mi profesor de violín era don Luis Antón Sáenz, concertino de la Orquesta Nacional de España, primer violín del cuarteto nacional de música de Cámara y catedrático de violín del Conservatorio Superior de Madrid. También estudié armonía con don José María Franco, que era director del Conservatorio Superior de Madrid en ese momento y era profesor también del colegio de la ONCE. Tuve muy buenos maestros. Tuve otro que era ciego Rafael Rodríguez Albert, muy conocido fuera y dentro de la ONCE.
¿Le convalidaban los estudios de música en el colegio de la ONCE?
Hice toda la carrera de violín, interno en el colegio de Madrid, pero nos examinábamos en junio en el Conservatorio, por libre, porque el colegio no tenía validez para expedir esos títulos. Aunque estaba reconocido como colegio nacional de ciegos, las notas tenían validez académicas, pero nos hacían examinar en junio en el Conservatorio de cada curso correspondiente.
“La ONCE me lo ha dado todo”
¿Su caso era una excepción?
No crea, el colegio de Madrid había muchos compañeros que hacían la carrerra de piano; de violín había muchos menos, éramos unos cinco, también había guitarristas. Pero sí, en mis tiempos había gente que estudiaba música, instrumentos de viento, el colegio de la ONCE era un auténtico Conservatorio. No era yo el único, ni mucho menos.
Después dio un paso decisivo al cursar estudios oficiales, ya en el Conservatorio Superior.
Sí, después la ONCE me concedió una beca para que fuera a cursar estudios de composición al Conservatorio Superior como alumno oficial, donde me dio clase el compositor Cristóbal Halffter. Estudié la carrera de violín y tuve compañeros como por ejemplo José Luis García Asensio que fue un violinista de fama en España.
El apoyo de la ONCE debió ser decisivo en su carrera, imagino.
El apoyo de la ONCE en mi carrera ha sido decisivo. La ONCE me lo ha dado todo. Todo se lo debo a la ONCE. Para la ONCE solo tengo palabras de agradecimiento y cariño. No tengo palabras para expresar tanta gratitud y cariño.
Con la ayuda de la beca, usted se presenta a las oposiciones para violín de los centros de recursos educativos de la ONCE, obtiene el segundo puesto, y se instala definitivamente en Sevilla.
He sido profesor desde 1 de abril de 1965 hasta el 15 de junio de 2007, he dado clase de violín y lenguaje musical, en Primaria y Secundaria, y he dirigido la orquesta escolar, formada por flautas, guitarras, percusión entre otros instrumentos, con Serafín Arriaza, que es uno de los mejores guitarristas de la actualidad. Tuve el orgullo y el honor de trabajar con él.
Su vocación ¿siempre fue la enseñanza?, ¿o su ilusión hubiera sido dedicarse a la música sobre el escenario?
La enseñanza siempre me ha gustado mucho, pero a mí me hubiera gustado más dedicarme a tocar. Pero cuando terminé la carrera salieron las oposiciones y me coloqué. Entonces uno se acomoda. Pero no, no he sentido ninguna frustración en absoluto porque la enseñanza me gusta. Han pasado muchísimos alumnos por mí, incluso personas que hoy ocupan altos cargos en la ONCE. Sí, me hubiera gustado más tocar por ahí como concertista, pero no me dediqué a eso.
“La música no ocupa el lugar que le corresponde”
En estos 42 años de enseñanza qué ha cambiado más, ¿los alumnos o el sistema?
42 años y tres meses –rectifica-. La evolución ha sido muy grande. Es normal que la metodología vaya cambiando, pero, en cuanto al alumnado, el nivel ha bajado. Antes había mucho más interés, quizá los alumnos estaban más motivados, la evolución del nivel ha ido a peor, hay menos implicación en la música.
¿Eso es responsabilidad de los alumnos, de los padres, de los profesores?
Yo no quiero culpar a nadie.
A su juicio, ¿la música ocupa en el currículum escolar el peso que merece en España?
En general no. En España, la música no ocupa ni muchísimo menos el lugar que le corresponde. Estamos dejados de la mano de Dios. Se ha mejorado, y ya es una asignatura desde 1º de Primaria, pero, en general, a la música, se le hecha muy poca cuenta.
A la vista de los resultados académicos obtenidos por sus alumnos, que salían mucho mejor preparados que los del Conservatorio en un aspecto tan fundamental como el lenguaje musical, debe sentirse plenamente satisfecho de su labor docente. ¿Cuál es su principal satisfacción como profesor?
Sí que me siento satisfecho. He tenido alumnos muy buenos y de todo tipo, pero globalmente me siento muy satisfecho de mi labor. Siempre he dado todo lo que tenía para sacarle al pozo los litros de agua. Siempre se podía haber conseguido más, no lo sé. Pero sí, me siento un profesor muy querido por mis alumnos, lo puedo decir con satisfacción y orgullo. He dado todo lo que llevaba dentro, no sé si lo he conseguido o no.
Usted es un andaluz con alma de gallego que ha demostrado siempre un gran sentido del humor. Esa mezcla ¿ha marcado de alguna manera su carácter?
Yo cuando vine aquí era una persona muy seria, pero he congeniado muy bien con la gente de aquí, me he sentido muy a gusto porque los andaluces son un pueblo muy abierto y te abren los brazos. Siempre me ha gustado la broma, pero desde que vivo aquí me he contagiado un poco de la forma de ser tan alegre de los andaluces. Porque aquí, aunque haya penas, hay sentimiento y me identifiqué muy bien con ellos
¿Si tuviera que elegir un compositor?
Muchos, pero me quedo con Beethoven y con Bach.
¿Y si tuviera que elegir una obra?
La novena de Beethoven, el concierto para violín y orquesta de Mendelson o los cuatro principales conciertos para violín de Brahms.
Para terminar, ¿qué recomendaría a un alumno con ciego o con deficiencia visual que se estrene en el mundo musical?
Le diría que la música para un ciego es verdad que la podemos hacer igual que el vidente. Exactamente igual, en el sentido de rendimiento. Un ciego hace una carrera de música y puede llegar a dominar un instrumento exactamente igual o incluso mejor y puede llegar a ser un excelente compositor. Ahí tenemos el ejemplo del maestro Rodrigo. Sí es cierto, y no lo voy a negar, que tenemos muchas dificultades al principio sobre todo, porque no podemos leer la partitura y tenemos que memorizarlo todo. Ahora ya hay más recursos, pero el que va a aprender una partitura se la tiene que memorizar. Y hay que tener mucha paciencia porque al principio hay que superar muchas dificultades, sobre todo en el violín, con la conducción del arco. El arco es lo que más cuesta, pero una vez que vence esa dificultad se avanza con más soltura. Pero con voluntad en la vida se puede conseguir. Si lo he conseguido yo… yo no soy ningún Dios, ni ningún ser especial, soy uno más y lo he conseguido. No se tienen que desanimar porque un ciego puede llegar a ser tan buen músico como un vidente. No hay ningún problema para que no lo sea. Ahora hace falta paciencia y estudiar. Y hay que estudiar mucho porque hay que memorizar mucho.
L.G.