El futuro de la plena integración, cada vez más cerca para la comunidad sorda

La aprobación en el Senado, por una mayoría absoluta, de la ley que reconoce las lenguas de signos españolas y regula los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas, ha supuesto el verdadero punto de partida para que la comunidad sorda logre, de una vez por todas y en plenas condiciones de igualdad, su integración en la sociedad.

La comunidad sorda se ha forjado como un grupo unido y cohesionado de personas que han defendido sus ideales, valores, cultura e identidad propias, siendo su lengua natural, es decir, la lengua de signos, el principal exponente de su bagaje histórico. Esa fuerza les ha dotado de una constancia y una perseverancia, que se ha mantenido a lo largo de muchos años, y que les ha llevado hoy día a la consecución de uno de los hitos más importantes de su trayectoria: la aprobación de la ley que reconoce la lengua de signos como la lengua natural de las personas sordas.

Como presidente de la Federación Andaluza de Asociaciones de Personas Sordas, (FAAS), he visto como cada día cientos de personas sordas han aportado su granito de arena, no sólo para que esta ley fuese aprobada, sino para que el día a día de la persona sorda no sea una continúa carrera de obstáculos. Estoy orgulloso de pertenecer a este colectivo, y de representarlos, de la mejor forma posible, en cualquier ámbito.

Imaginar que hace tan solo una generación las personas sordas no eran consideradas si quiera como ciudadanos, o que se les trataba como enfermos, o se les aplicaban métodos educativos que únicamente estaban destinados a fomentar su oralidad, para conseguir que “hablasen” como el resto de las personas, cuando ciertamente tenían un rasgo que claramente los diferenciaba, resulta tan extraño, hoy día. Sobre todo ahora, que nos encontramos a las puertas de la igualdad, de la integración, y de la consecución de derechos.

Es muy duro volver la vista atrás y ver lo que nuestros mayores han sufrido. Pero esa es la historia de la comunidad sorda, y tampoco se puede olvidar, es más, al contrario, hay que recordarla y tenerla presente, para que la juventud sorda sepa valorar los logros que se han conseguido con esfuerzo y constancia.

Nuestro pasado ha hecho posible nuestro presente, y configurará nuestro futuro. Y el futuro es esperanzador. Todavía queda mucho por hacer, y uno de los rasgos fundamentales para que todos los proyectos lleguen a buen puerto es la unión y solidaridad entre todos los miembros del colectivo sordo. La gran familia sorda tiene que hacer frente, ahora ya, con ilusión y confianza a un nuevo mundo, en el que no habrá discriminación, en el que no habrá coacción, y en el que todos sean ciudadanos de primera clase.

La ley del reconocimiento de lengua de signos es un paso muy importante, no el único. Pero gracias a ella hemos comprendido que las personas sordas no están solas en esta lucha, y les acompañan muchos ciudadanos que han apostado por un futuro solidario y de igualdad. Gracias a esta ley el Estado ha mostrado su claro apoyo al reconocimiento de la lengua de signos, y se ha dotado de un arma que asegura y protege la existencia de un nuevo espacio, obligando al respeto, ya no solo por parte de los ciudadanos, sino también de las instituciones, de la cultura propia de las personas sordas.
Primer plano de Alfredo Gómez
Alfredo Gómez
Presidente de la FAAS